'Economía gatuna': cómo la fiebre de Japón por los gatos alimenta una industria millonaria
Figuran en las portadas de un sinfín de novelas y hasta tienen un día oficial para celebrar su misticismo y su popularidad, además de llevar una década desbancando a los perros como la mascota preferida.
La influencia de los gatos es evidente en todos los rincones de la sociedad de Japón. Según un informe reciente, el negocio que generarán este año para la economía nipona ascenderá a tres billones de yenes [unos 16.170 millones de euros]. El sector es tan importante que ya tiene hasta nombre: la ‘gatoeconomía’ o “economía gatuna”.
El poder felino se hace especialmente evidente en Yanaka Ginza, la autoproclamada “ciudad de los gatos” de la capital, donde se arremolinan los turistas. Venidos de Estados Unidos, de Europa y de Australia, han llegado a este barrio retro del noreste de Tokio atraídos por su vínculo histórico con los gatos.
Allí hay imágenes de gatos en los escaparates y en las señales de tráfico, dulces con su forma para los visitantes, y hasta sellos hanko personalizados con temática gatuna. De todo, menos los peludos residentes del barrio, que se hacen difíciles de ver por el exceso de gente y las altas temperaturas. Los turistas se tienen que conformar con las tiendas de souvenirs y los imanes de nevera, las postales, los palillos y la vajilla del gato negro “de la suerte”.
“En Yanaka, siempre ha habido gatos porque hay muchos templos budistas”, dice Yumiko Yamashita, dueña de la tienda Neco Action (y de varios gatos). “Antes deambulaban por los alrededores y hasta se colaban en las casas, pero en la actualidad se les ve menos, y en días calurosos como este prefieren quedarse en casa”.
Arrasando en ventas
El auge global de la literatura japonesa ha convertido al gato en un fenómeno de marketing, más de un siglo después de que el escritor Natsume Sōseki escribiera la novela Soy un gato, narrada desde el punto de vista de un gato doméstico y una de las obras literarias más conocidas del país. Los gatos ocupan un lugar destacado en las novelas surrealistas de Haruki Murakami y en docenas de obras, entre las que destacan Crónicas de un gato viajero, de Hiro Arikawa, y El gato invitado, de Takashi Hiraide. Algunas editoriales tratan de beneficiarse del marketing felino incluyendo gatos en las portadas de libros de poca o ninguna relación con el animal.
Japón es un país amante de las mascotas: hay más perros y gatos domésticos que menores de 15 años. Según una encuesta para 2025 de la Asociación Japonesa de Alimentos para Mascotas, los hogares japoneses tenían 8,8 millones de gatos y 6,8 millones de perros. De acuerdo con ese informe, cada hogar gastaba un promedio de casi 1,8 millones de yenes [unos 9.700 euros] a lo largo de la vida del animal.
Esa devoción ha convertido a los gatos en un gran negocio. Según el último informe sobre la ‘gatoeconomía’ del profesor emérito Katsuhiro Miyamoto, de la Universidad de Kansai, estos animales aportarán en 2026 casi tres billones de yenes a la economía japonesa [unos 16.170 millones de euros].
Además de la facturación y los salarios en empresas de comida para gatos y relacionadas, Miyamoto suma el gasto en artículos como álbumes de fotos y en servicios como cafeterías de gatos. Según sus estimaciones, el impacto económico de la ‘gatoeconomía’ será casi igual al de la Exposición Universal de 2025 en Osaka. La diferencia, dice, es que estos beneficios económicos no se limitarán a un año porque los gatos siguen generando “un efecto económico comparable, lo que demuestra la importante contribución que los gatos hacen a la economía japonesa”.
Entre los propietarios de gatos más destacados del país figuran el emperador y la emperatriz de Japón. La primera ministra, Sanae Takaichi, también ha expresado su preferencia por los gatos frente a los perros.
Las criaturas más zen de la naturaleza
Se cree que los gatos fueron introducidos durante el periodo Nara (710-794), cuando regresaron a Japón delegados que habían sido enviados a la China de la dinastía Tang. Muchos gatos fueron acogidos por los templos porque cumplían la función de proteger a las escrituras religiosas de los voraces roedores, un papel que les confirió un estatus especial, incluso místico, entre los humanos.
Los gatos son las criaturas más zen de la naturaleza. Sin aparente esfuerzo, logran un aura de calma y desapego que para un humano puede significar toda una vida de intentos infructuosos. “Los gatos no viven para el momento, viven en el momento”, dijo Stephen Mansfield, autor estadounidense afincado en Japón. “Al no vivir ni en el pasado ni en el futuro, es probable que sus mentes estén mucho menos saturadas que las nuestras”.
Aunque los amantes de los perros no estén de acuerdo, en el folclore japonés los gatos son presentados como seres totalmente benignos, cuya compasión natural es presagio de buena fortuna. Dichas cualidades se plasman en el maneki neko, como son conocidas las estatuas de porcelana que representan a un gato con la pata levantada para “atrapar” cualquier suerte que se cruce en su camino.
Dicen que el maneki neko se inspira en una leyenda del templo Gōtokuji de Kioto. Según ella, un rico señor feudal estaba de cacería cuando lo sorprendió una fuerte tormenta. Desde su refugio bajo un árbol, vio en los escalones de un templo en ruinas a un gato que le hacía señas. Se acercó al animal y un rayo cayó en el lugar que había abandonado apenas unos segundos antes. En señal de gratitud, el señor feudal compró el templo y lo restauró para devolverle su antigua gloria.
Hoy en día, los maneki neko están en todas las tiendas y restaurantes cuyos propietarios esperan vivir su momento Gōtokuji.
Como sus primos de la despoblada isla de Aoshima [también conocida como Isla de los Gatos], los gatos del resto de Japón solo prosperarán mientras haya humanos para mantenerlos. De ahí que el número de mininos que viven como mascotas pueda reducirse de manera significativa, teniendo en cuenta el casi inevitable descenso demográfico y el envejecimiento que enfrenta el país a largo plazo.
Pero, por el momento, los felinos de Japón tienen todas las razones para sentirse como los que se llevan la mejor parte.
Traducción de Francisco de Zárate
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