Multitudes se congregan en Teherán al comenzar el funeral de seis días por el ayatolá Jamenei

Una multitud inmensa se ha congregado este sábado en el funeral del exlíder supremo iraní después de que las puertas de la extensa Gran Mezquita de Mosalla, en el centro de Teherán, permitieran el acceso a miles de fieles que han esperado toda la noche para entrar al recinto.

Irán organiza multitudinarias procesiones fúnebres para Ali Jamenei, cuyo reinado de 37 años terminó en febrero con el primer ataque aéreo de la guerra lanzado por Estados Unidos e Israel. A las 5:30 de la mañana, las calles de Teherán que rodean la mezquita ya se han llenado de iraníes que se dirigían a un acto diseñado para enfatizar el dolor del país por el asesinato del líder supremo y su deseo de venganza. Algunos han viajado durante horas y muchos portan banderas o carteles de Jamenei. La emoción se palpa en el ambiente mientras la multitud corea “¡Muerte a Estados Unidos e Israel!”.

Jamenei, de 86 años, fue asesinado por aviones israelíes. En la plataforma elevada donde se exhibía su ataúd también se han colocado los de otros miembros de su familia fallecidos en el ataque, incluida su nieta de 14 meses.

Un funeral para mostrar la resistencia al mundo

A las 8 de la mañana, la mezquita al aire libre alberga hasta 10.000 personas separadas: hombres a la derecha y mujeres a la izquierda.

La magnitud del funeral, que durará seis días y se celebra en cinco ciudades y dos países, se ha concebido para transmitir mensajes políticos y religiosos de resistencia al resto del mundo. Los organizadores afirman que podrían llegar a asistir hasta 30 millones de personas en algún momento. A petición de políticos iraquíes, el cuerpo de Jamenei también será llevado en procesión por las ciudades chiíes iraquíes de Karbala y Nayaf.

En la pancarta colocada donde se depositaron los cuerpos se leía una sura en la que Dios le ordena al profeta Mahoma qué mensaje debe transmitir a su comunidad: “Di: 'Solo os aconsejo una cosa: que os mantengáis firmes ante Alá'”. Antes de comenzar la parte religiosa de la ceremonia, el sonido predominante ha sido el redoble de címbalos y panderetas, y los gritos de “¡Muerte a Estados Unidos!” y “¡Muerte a Israel!”

Mientras, canciones religiosas, el himno nacional y elogios a los mártires se han escuchado incluso en las zonas reservadas para los medios de comunicación. Hombres adultos, visiblemente angustiados, se sentaban con las piernas cruzadas, golpeándose el pecho o sollozando desconsoladamente durante largos ratos, con los hombros agitados. A pocos metros, los reporteros revisaban sus cuentas de Instagram, publicando selfies que mostraban a la multitud de dolientes detrás.

“Somos los vengadores de Ali Jamenei”

Las autoridades, deseosas de evitar las aglomeraciones que habían empañado funerales anteriores en Irán, han instado a los asistentes a no permanecer demasiado tiempo en la mezquita para evitar la sobrepoblación. Al mediodía, cuando las temperaturas alcanzan los 36°C, el número de asistentes ha disminuido.

En las calles aledañas, pancartas se extienden a lo largo de la calzada proclamando el martirio del ayatolá y su lugar imborrable en la historia de Irán. Las banderas amarillas de Hezbolá ondean entre la multitud, mientras que la bandera de Irán adorna los hombros de los dolientes como si fueran camino a un partido de fútbol.

Cientos de mokebs (puestos de comida) ofrecen huevos duros, sopa de halim con canela, limonada, sandía, kebabs, té e infinidad de botellas de agua de plástico. Los voluntarios duermen en escuelas, coches o tiendas de campaña. Se pueden dar limosnas para los pobres mediante tarjetas de crédito en los puestos. Se rocía agua para refrescar a la multitud. En un puesto, estudiantes ofrecen a los transeúntes la oportunidad de fotografiarse junto a una imagen del nuevo líder supremo: el hijo de Ali Jamenei.

Una de las mujeres, Fatima Khavari, dice: “Sentí como si me hubieran aplastado la cabeza cuando mataron a nuestro líder. Él es el único guía verdadero que hemos conocido”. Otro vendedor, un profesor universitario, exige saber por qué Estados Unidos infiere en Oriente Medio. “¿Cómo se sentirían si viniéramos a robarles sus minerales y a bombardear a sus líderes?”

En las calles cercanas a la mezquita, la música —en parte revolucionaria, en parte religiosa— comienza a sonar a todo volumen mucho antes del amanecer. Algunos hombres reparten carteles que dicen: “Somos los vengadores de Ali Jamenei”.

A los periodistas británicos y estadounidenses se les ha aconsejado oficialmente que no hablaran con los asistentes, pero en realidad la mayoría está encantada de conversar, aunque solo sea para transmitir el contraste entre el presidente estadounidense, Donald Trump, descrito de diversas maneras como un megalómano y un cobarde, y su propio líder mártir y erudito.

Un clérigo con turbante blanco, Hossein Ajorlu, de pie frente a la mezquita, explica: “Hay un cepillo con el que limpiamos los baños. Se ensucia con el tiempo según lo que el cuerpo ha procesado y rechazado. Luego está el agua pura de renovación de un manantial. Así es como comparo a los dos hombres”. Parece genuinamente sorprendido ante cualquier insinuación de que el ejército esté suplantando al clero en Irán.

Escépticos y ausentes a la ceremonia

Inevitablemente, la multitud que llena la mezquita representa a un sector de la población iraní: todas las mujeres llevan el chador, una túnica grande que cubre todo el cuerpo desde la cabeza hasta el suelo, mientras que en las tiendas, en las calles o en restaurantes, más de la mitad de las mujeres en Teherán no usan hiyab ni velo.

De ninguna manera todos los iraníes se han unido a lo que se ha conocido como el “desfile de la victoria”. Las carreteras que salen de Teherán el jueves estaban congestionadas a pesar de los llamados del gobierno a asistir a la despedida final. Un escéptico que ha permanecido en la capital este fin de semana ha regresado recientemente de Estados Unidos para estar con su familia. Al preguntarle si iba a ir a la mezquita, explica: “No es lo mío”. Admirador del secretario de Estado estadounidense, de Marco Rubio, declara: “Trump debería haber terminado lo que empezó, pero es bipolar. Creía que Irán era Venezuela, pero este gobierno está profundamente arraigado. La religión está profundamente arraigada”.

“El país es un caos total. Los precios en las tiendas cambian a diario y, a veces, como comerciante, es imposible conseguir productos básicos. Una sociedad no puede sobrevivir así. Quizás un gobierno sí, pero una sociedad no”, añade.

Corresponderá al gobierno evaluar la veracidad de su afirmación de que el funeral, largamente postergado, ayudará a reunificar y reorientar a una nación dividida, en parte, por el régimen conservador y, a menudo, inflexiblemente religioso de Jamenei.

La solemnidad de la ceremonia ha eclipsado los anuncios de que Francia y Gran Bretaña podrían estar preparando el envío de buques de guerra para desminar el estrecho de Ormuz. Jamenei dedicó gran parte de su vida a mantener la independencia de Irán respecto a Estados Unidos. Esa prueba de fuerza no termina con su muerte.