Trump anuncia un marco de acuerdo sobre Groenlandia. “Tras una reunión muy productiva que he mantenido con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hemos establecido el marco de un futuro acuerdo con respecto a Groenlandia y, de hecho, a toda la región ártica”, ha anunciado el presidente de EEUU en Truth Social.
“Esta solución”, ha dicho, “si se lleva a cabo, será muy beneficiosa para los Estados Unidos de América y para todos los países de la OTAN”.
Trump ha añadido: “Sobre la base de este entendimiento, no impondré los aranceles que estaban previstos que entraran en vigor el 1 de febrero”.
Según Trump, “se están celebrando conversaciones adicionales sobre el Golden Dome en lo que respecta a Groenlandia”, y, ha dicho “se facilitará más información a medida que avancen las conversaciones”.
“El vicepresidente, JD Vance; el secretario de Estado, Marco Rubio; el enviado especial, Steve Witkoff, y otras personas, según sea necesario, se encargarán de las negociaciones y me informarán directamente”, ha añadido Trump.
Trump se ha reunido en Davos con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. A ese foro económico ha llegado Trump en plena tensión creciente por su ambición anexionista sobre Groenlandia, territorio de Dinamarca, un aliado de la OTAN, así como con Canadá.
Amenazas e insultos en el corazón de Europa
Tiene el Ejército más poderoso del mundo bajo su mando. Y disfruta con ello. El presidente de EEUU irrumpió por la mañana, antes del anuncio del “marco de acuerdo”, en el corazón de Europa, en la ciudad Suiza de Davos donde cada año se reúnen las élites políticas y económicas del mundo, para pronunciar un discurso de 70 minutos genuinamente trumpista: disruptivo, faltón, provocador, amenazante y, también, victimista.
Solo Trump es capaz de hablar durante más de una hora en un foro rodeado de líderes mundiales y acusarlos de ser “enemigos”, de estar “irreconocibles” y de lanzar amenazas directas a algunos, como el primer ministro de Canadá: “Canadá existe gracias a EEUU, espero que lo tengas en cuenta la próxima vez que hables”.
En el tono y las palabras de este presidente de EEUU, esa amenaza a Mark Carney suena tanto a que EEUU protege a Canadá como aliado de la OTAN como que no es aún el 51 estado de EEUU porque aún no quiere Trump. No en vano, esta misma semana difundió en Truth Social una imagen con la bandera estadounidense sobre Canadá, Groenlandia, Venezuela y Cuba.
Hasta tal punto llega esa ambición trumpista, que es muy común entre ellos, incluso dentro de la propia Administración, flirtear con la idea del estado 51, y eso, como es de esperar, no gustó a Carney, quien hizo un discurso duro contra las pulsiones trumpistas la víspera en Davos.
El discurso de Trump en Davos se produce en ese corazón de Europa que ha vivido en su suelo dos guerras mundiales el siglo pasado y que ahora se encuentra desorientada entre el empuje de China, la invasión rusa de Ucrania y el viraje trumpista de un EEUU en cuyas manos está la defensa del continente por la dependencia europea de la OTAN.
Pero también ha sido un discurso que ha mostrado este Trump que tanto le gusta a él: mostrando fuerza ante el resto del mundo, aunque eso evidencia también su propia soledad en el mundo, más allá de los apoyos incondicionales del presidente argentino, Javier Milei, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
“Las estrellas se inflan y expanden antes de perecer y ser olvidadas como mero polvo galáctico”, decía el ex vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera en elDiario.es: “Las grandes potencias y sus caudillos siguen el mismo proceso de insuflamiento e implosión. Su agresividad es inversamente proporcional a su poderío y duración. Su desplante como monarca absolutista, casi infantil, es el síntoma perverso de un mundo que se va. Lo que no sabemos es la gravedad del daño humano que el viejo hegemón arrastrará en su lenta caída”.
De momento, el viejo hegemón acaba de cumplir un año en su regreso a la Casa Blanca y le quedan tres por delante.
“Ahora lo que pido es un trozo de hielo, frío y mal situado, que puede desempeñar un papel fundamental en la paz y la protección mundiales”, ha afirmado Trump sobre Groenlandia, su última adquisición deseada, y ha lanzado un ultimátum a los aliados europeos de la OTAN: “Podéis decir sí, y lo agradeceremos mucho; o podéis decir que no y lo recordaremos. Una América fuerte y segura significa una OTAN fuerte, y esa es una de las razones por las que trabajo cada día para garantizar que nuestro ejército sea muy poderoso”.
“Probablemente, no conseguiremos nada a menos que decida utilizar una fuerza excesiva, con la que, francamente, seríamos imparables”, ha llegado a decir Trump en relación con Groenlandia: “Pero no lo haré. La gente pensaba que utilizaría la fuerza. No tengo por qué utilizar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza. Todo lo que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia, que ya teníamos como fideicomisarios, pero que devolvimos respetuosamente a Dinamarca no hace mucho, después de derrotar a los alemanes, los japoneses, los italianos y otros en la Segunda Guerra Mundial”.
En efecto, Trump, incluso, es capaz de reescribir la historia de manera que pareciera que sólo EEUU, que no entró en la Segunda Guerra Mundial hasta que fue atacado por Japón y que abandonó a su suerte ante el nazismo y el fascismo a la Segunda República española, se presenta como el único vencedor de esa guerra, como si los aliados y la Unión Soviética no se hubieran dejado millones de muertos para derrotar al nazismo –no en vano, el Ejército Rojo fue el primero en llegar a Berlín–.
Pero a Trump no le basta con lanzar ultimátums a sus aliados, también se siente impelido a mofarse de sus políticas públicas, de la misma manera que lo hizo en septiembre pasado ante la Asamblea General de Naciones Unidas: el presidente de EEUU presume de agenda ultra, ataca a quien no la secunda y premia a quien sí lo hace, como Milei, por ejemplo.
“Francamente, algunos lugares de Europa ya ni siquiera son reconocibles”, ha afirmado el presidente de EEUU: “No son reconocibles, no hay discusión posible. No quiero ofender a nadie cuando digo que son irreconocibles, porque no es en sentido positivo, es en sentido muy negativo. Amo Europa y quiero que le vaya bien, pero en las últimas décadas no ha ido en la dirección correcta”.
Y ha añadido: “En Washington y en las capitales europeas se convirtió en una idea hegemónica que la única forma de hacer crecer una economía occidental moderna es mediante un gasto público cada vez mayor, una migración masiva sin control y unas importaciones extranjeras infinitas. El consenso era que los llamados trabajos sucios y la industria pesada debían enviarse a otros lugares, que la energía asequible debía sustituirse por la nueva estafa verde y que los países podían sostenerse importando poblaciones nuevas y completamente diferentes de tierras lejanas. Este fue el camino que siguieron muy imprudentemente la administración de sleepy [dormido] Joe Biden y muchos otros gobiernos occidentales, dando la espalda a todo lo que hace que las naciones sean ricas, poderosas y fuertes”.
“En lugar de cerrar las centrales energéticas, las estamos abriendo”, ha señalado Trump, “en lugar de construir molinos de viento ineficaces y deficitarios, los estamos desmantelando y no aprobamos ninguno nuevo. En lugar de dar poder a los burócratas, los estamos despidiendo; en lugar de subir los impuestos a los productores nacionales, los estamos bajando y subiendo los aranceles a los países extranjeros para que paguen por el daño que han causado”.
Pero atacar a sus supuestos aliados tampoco le resulta suficiente, tiene que intentar humillarlos porque no le halagan lo suficiente como sí hace el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Y, así, no sólo afirma que Canadá existe gracias a EEUU, también dice que Groenlandia no cayó en manos del Eje gracias a EEUU, como dice que Suiza existe gracias a EEUU y que los aranceles unilaterales son un elemento de seguridad nacional para defenderse de los “robos” del resto del mundo a su economía.
“Estados Unidos está manteniendo a flote al mundo entero”, sostiene Trump: “Se aprovecharon de Estados Unidos. Pero yo he sido muy justo. Impuse un arancel y no hubo problema. Pero me di cuenta de que sin nosotros, Suiza ya no sería lo que era. Sin nosotros, ninguno de los países aquí representados lo sería. Y queremos trabajar con ellos, no buscamos destruirlos”.
El presidente de EEUU también ha dudado de la lealtad de sus aliados de la OTAN, incluso cuando la única vez que se activó la cláusula de defensa colectiva fue tras activarla Washington después del ataque a las Torres Gemelas, que llevó a la invasión de Afganistán. “Pero el problema con la OTAN es que nosotros estaremos ahí por ellos al 100%, pero no estoy seguro de que ellos estarían ahí para nosotros si les pidiéramos ayuda”, ha dicho Trump obviando la invasión de Afganistán: “Alemania, nos están atacando, estamos siendo atacados por tal y tal nación. Y no estoy seguro de que estarían ahí. Sé que nosotros estaríamos ahí para ellos. No sé si ellos estarían ahí para nosotros. Así que, con todo el dinero que gastamos, con toda la sangre, el sudor y las lágrimas, no sé si estarían ahí para nosotros”.
Trump ha decidido cumplir un año en la Casa Blanca irrumpiendo en el corazón de Europa con desafíos, amenazas, insultos y ultimátums.