Tristeza, ira, culpa, miedo, pesadillas, insomnio, confusión, ansiedad, inseguridad y/o depresión conforman la larga lista de emociones negativas o trastornos de la salud mental que una persona puede llegar a sufrir cuando se convierte en refugiado.
También aparecen síntomas físicos como la migraña, falta de aire, debilidad muscular, dolor de estómago y /o embotamiento mental, entre otros.
Las ONG consultadas por EFE (CEAR, Médicos Sin Fronteras y Unicef) han puesto el foco sobre este problema de salud mental al hilo de la crisis de refugiados ucranianos - ya son más de dos millones- que huyen de su país tras la invasión rusa.
“Llegan con lo puesto y en estado de 'shock', y es que no solo dejan atrás sus casas y propiedades materiales, también sus sueños, sus ilusiones, sus proyectos, sus familiares, sus amigos ..”, explica Ángeles Plaza, psicóloga de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).
Están huyendo, añade, de la guerra, del miedo, del terror, “sienten impotencia y dolor y tendrán que atravesar todo un proceso de duelo, y necesitarán ayuda y redes de apoyo familiares y sociales”.
La buena noticia, apunta por su parte Cristina Carreño, psiquiatra y responsable de salud mental de Médicos sin Fronteras, es que la mayoría podrán superarlo cuando lleguen a un lugar seguro y/o puedan rehacer sus vidas.
“Pero el problema mayor para la salud mental de los refugiados -refiere Carreño- se da cuando estos se ven obligados a pasar años y años en campos de acogida, hacinados y en condiciones no precisamente óptimas.