La hazaña de Leo en Logroño: saca del agua un siluro de 215 centímetros, el “monstruo” que devora la fauna del Ebro
A sus 14 años ya ha batido su propio récord. Leo Alonso, muy aficionado a la pesca, ha sacado del río a su paso por Logroño a un “monstruo” de 215 centímetros “medidos con metro” y de 65 kilos de peso aproximadamente. Tal y como cuenta el padre del protagonista de esta historia, “este domingo ha batido su propio récord personal con un espectacular siluro”.
Leo ha heredado esta afición a la pesca de su abuelo Vidal y su padre Jorge. “Empezó con dos años pescando piezas pequeñas como alburnos y barbos”. Después vendrían las truchas en ríos y cotos intensivos como el de Tricio.
El padre de Alonso describe la lucha como “épica”. “Durante más de 20 minutos, Leo y su amigo han tratado de sacar al siluro del agua, incluso se han tenido que mojar y adentrarse un poco en el río”. Con el pez fuera del agua, “al joven pescador se le saltaban las lágrimas de la emoción, había cumplido un sueño” que no habría sido posible “sin la inestimable ayuda de su amigo Rubén”. Una mañana especial para este joven de Logroño y “otro monstruo de río que sale este año en esta zona”, añade el padre.
Una de las amenazas biológicas más severas
Y es que el siluro está dentro del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasora y clasificado formalmente como una de las amenazas biológicas más severas para las aguas continentales de España. Es un depredador oportunista, voraz y agresivo. Al poseer un crecimiento rápido y alcanzar dimensiones colosales (superando habitualmente los 2 metros de longitud y los 100 kilos de peso) sus necesidades energéticas alteran por completo la pirámide alimenticia del río. Su dieta se compone principalmente de otros peces y las especies nativas del Ebro, al no haber evolucionado junto a un superdepredador de tales dimensiones, carecen de estrategias de defensa eficaces. Además, su voracidad no se limita a los peces; incluye de forma habitual macroinvertebrados (como el cangrejo de río), anfibios, pequeños roedores y aves acuáticas, lo que desestabiliza múltiples niveles del ecosistema fluvial.
Debido al alto impacto ecológico y a su capacidad de reproducción (una sola hembra puede poner entre 30.000 y 40.000 huevos por kilo de peso), la normativa nacional prohíbe la posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, así como su introducción en el medio natural. Las directrices oficiales autonómicas enfocadas en la cuenca del Ebro orientan la gestión a la captura sin retorno para intentar frenar su dispersión hacia los tramos y afluentes menos colonizados.
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