“Sus mamografías están limpias”: la carta de la sanidad riojana que recibió Eva cuando ya tenía un tumor diagnosticado
“Tenemos la satisfacción de comunicarle que una vez estudiadas las mamografías que se le han realizado en el Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama no se observan alteraciones que precisen un control especial, ya que no presenta usted ninguna imagen sospechosa de cáncer de mama en el momento actual”. Es la carta que toda mujer desea recibir tras esta prueba “obligatoria” para las mayores de 45 años en La Rioja. Eva la recibió, pero para entonces ya tenía un tumor diagnosticado y programadas citas con oncología y radioterapia. Desde el Gobierno de La Rioja aseguran a elDiario.es que no hay más casos como el de Eva.
Eva se realizó las pruebas el 25 de marzo de 2025. No tiene claro cuándo recibió la carta oficial de Rioja Salud informándole de que sus pruebas mamográficas estaban limpias. Lo que sí recuerda es que el 4 de mayo, 40 días después, ya tenía una cita con Oncología.
Una vez cumplidos los 45 años, Eva entró a formar parte del Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama del Gobierno de La Rioja. Recuerda esa cita contenta y feliz. Estaba dentro del circuito de prevención. “Ya te llegará una carta informando del resultado”, le dijeron tras la prueba las mismas profesionales que le dieron unas ilustraciones para que se autoexplorara. De regreso a casa, le apeteció compartir con las mujeres de su entorno estos consejos. “Mirad chicas cómo tenéis que miraros y palparos las mamas. Mandé la foto por WhatsApp recomendando la autoexploración al salir de la ducha o mientras se daban la crema hidratante”. Y así fue como ella misma se notó un bulto en el pecho. Tan solo habían pasado tres días desde que Eva había acudido al Programa de Detección Precoz de Cáncer de Mama del Gobierno de La Rioja.
Tampoco quiero pensar que en una semana aparezca un cáncer porque entonces, ¿cada cuánto tenemos que hacernos revisiones, cada mes?
“Al principio era del tamaño de un guisante”. Un guisante que también dolía. Al cabo de unos días, el dolor no desaparecía y el guisante era ya una avellana. “Pensamos que igual era algo derivado de la propia prueba”. Pero el dolor no remitía. “Empecé a tomar ibuprofeno. Esa avellana seguía creciendo y endureciéndose”. Eva decidió acudir al médico de cabecera. “Enseguida me derivó a la Unidad de Mama”. La derivación a la Unidad de Mama fue fulminante. Era 28 de abril de 2025. “Utilizaron la excusa del apagón y de fallos informáticos para retenerme y hacerme una biopsia urgente porque ya tenían claro lo que me ocurría”. El equipo médico se sirvió del apagón a nivel nacional para retenerla y realizarle allí mismo una biopsia urgente y complicada por la extrema dureza del tejido. “La aguja incluso se rompió. Me dolió mucho porque fue como si me atravesaran un hueso”. Así es como Eva recuerda la biopsia a partir de la cual se desencadenó todo.
A los pocos días le volvieron a llamar. Para entonces, en aplicación de Rioja Salud, Eva ya tenía citas concertadas con oncología, oncología radioterápica, con la médica, en el hospital de día, endocrinología y nutrición y ginecología. La carta de Rioja Salud informándole de que sus pruebas mamográficas estaban limpias llegaría unos días después. “Quiero pensar que en el camión (nombre con el que comúnmente se conoce este programa de prevención en La Rioja) no vieron el bulto porque no estaba”, confiesa Eva todavía perpleja, un año después, con el contenido de esa carta comunicándole que todo estaba bien. “Pero tampoco quiero pensar que en una semana aparezca un cáncer porque entonces, ¿cada cuánto tenemos que hacernos revisiones, cada mes?”, se pregunta. La posibilidad de interponer una denuncia solo ha sido una posibilidad. “En esos momentos, yo estaba centrada en mi recuperación y no tenía ganas de morder la mano de quien me brindaba la medicación para curarme”.
Tuvo la primera sesión de quimioterapia el 30 de mayo, el día de su cumpleaños. “Fue mi regalo, mi mejor regalo porque comenzaba mi curación”. Después de la quimioterapia llegaría la operación, y después, la radioterapia, a la que le siguió un tratamiento de inmunoterapia.
“Estoy estupendamente, pero vivo con mucho miedo”
“¿Cómo estoy ahora? Estupendamente, pero vivo con mucho miedo, responde Eva sin rodeos. Con los tratamientos finalizados, las pruebas completadas y las revisiones trimestrales, comienza una etapa diferente, pero igual de compleja: aprender a vivir con el fantasma de la recaída y con las huellas físicas que le ha dejado el cáncer. Y es que esta enfermedad es capaz de arrasar con todo y salpicar a su familia. Ha visto a sus dos hijas pequeñas (ahora tienen 6 y 10 años) sufrir en silencio, ha visto a su marido agotado sosteniendo el timón. ”Llegó un momento en el que entré en bucle: solo existía la enfermedad, las hemorragias, el cáncer. No quería bajar ni al parque con mis hijas, no quería ver a mis amigas. Mi mundo se derrumbó“, recuerda emocionada.
Hay días en los que no puedes con tu alma, pierdes el pelo, las pestañas e incluso hasta la dignidad física. No soy fuerte: lloro, sufro y me enfado exactamente igual que cualquier otra persona
Y en esos momentos, su salvavidas llegó de la mano de la Asociación Contra el Cáncer de La Rioja. “No había ido nunca al psicológico”, una decisión que ahora califica de “salvadora” y en la que ha logrado involucrar a su marido. En las sesiones con la psicóloga de la Asociación Contra el Cáncer en La Rioja, Eva aprendió a priorizarse. “Tienes que aprender a decir que no, no puedes estar satisfaciendo a todo el mundo e intentar llegar a todos los sitios”, recuerda que le decía su psicóloga. “En terapia he aprendido a decir que no porque si el barco se hunde, nos hundimos todos. He aprendido que poner límites no es ser egoísta, es salud mental”.
Y como muchas otras, Eva también rechaza los clichés que envuelven esta enfermedad. “Detesto que nos llamen guerreras o luchadoras. No somos heroínas, somos personas a las que nos ha tocado una desgracia y tiramos con ella como podemos. Hay días en los que no puedes con tu alma, pierdes el pelo, las pestañas e incluso hasta la dignidad física. No soy fuerte: lloro, sufro y me enfado exactamente igual que cualquier otra persona”.
Un billete a Oporto y la prioridad de estar viva
Hoy, con el tratamiento finalizado, la movilidad recuperada gracias a la gimnasia oncológica y la compañía de su perrita —el motor emocional que la sacó del aislamiento en casa—, Eva convive con la sombra inevitable de las revisiones trimestrales. Sin embargo, su filosofía de vida ha dado un giro de 180 grados. Ha aprendido a marcar límites con su entorno, a no cargar con responsabilidades ajenas y a situar su salud mental en el centro. Una lección que ya ha llevado a la práctica: retomar las escapadas a solas con sus amigas de parvulario. En su calendario, una fecha marcada en rojo, 27 de octubre, y un destino, Oporto. “Me da igual si hay playa, si hay piedras o si nos vamos a una casa rural a ver gallinas. Lo importante es que me voy”, dice con una sonrisa luminosa que le cambia la cara. “Necesito encontrarme a mí misma, reírme, recordar quién era. Después de haber pasado por todo esto, he reordenado mi escala de valores. Mis prioridades ahora son claras: primero voy yo, después voy yo y luego, otra vez yo”.
Lo ocurrido con Eva, que ahora tiene 46 años, recuerda a las dos mil mujeres que en Andalucía recibieron un diagnóstico dudoso de cáncer de mama. Hace algo más de un año salían a la luz los errores en el sistema de prevención andaluz. La Junta de Andalucía ha reconocido 2.317 expedientes con retrasos y 23 tumores detectados tras su revisión interna. Sin embargo, la Asociación de Mujeres Afectadas por Cáncer de Mama (Amama), que estuvo desde el principio detrás de la denuncia pública, eleva a 366 las mujeres que terminaron desarrollando un tumor por estos errores, y a siete las fallecidas.
¿Ha podido haber más casos en La Rioja como el de Eva? Desde el Gobierno de La Rioja aseguran que tras realizar la consulta con las responsables de la Unidad de Mama, “por el momento no constan casos como este”. También hemos querido saber qué es lo que ha podido ocurrir para que la carta del Programa de Detección Precoz del Cáncer de Mama le diera un diagnóstico totalmente equivocado, pero no ha sido posible. “Sin conocer detalles no podemos valorar” ha sido la escueta respuesta.
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