Una vida dedicada a los animales: el matrimonio que ha criado cientos de pavos reales por afición en un pueblo riojano
Hasta 130 pavos reales han criado de forma simultánea Ricardo y Mercedes en su casa de Hormilleja. Lo que comenzó como una pasión por los animales desde que él era joven, se ha convertido en una forma de vida. Este matrimonio ha dedicado toda su vida al cuidado de los animales, especialmente de las aves y más concretamente, de los pavos reales. “Ya no tenemos nada porque los años van para arriba”, dicen con resignación, ya que la edad les ha obligado a bajar el ritmo.
No obstante, actualmente siguen criando alrededor de una veintena de pavos de la especie verde de Java, una de las más apreciadas. Son posiblemente los únicos de La Rioja y tampoco creen que hay muchos en España.
Al cruzar la puerta de su casa de campo, no cuesta darse cuenta de que su día a día está centrado en el cuidado de los animales. La finca cuenta con diferentes espacios donde habitan los pavos reales, ahora siempre cerrados por la obligación todavía vigente por la gripe aviar.
Hay recintos separados por edades de los pavos, dedicados especialmente a la cría u otros para que otras aves pudiera volar. Ricardo comenzó su afición por las palomas mensajeras e incluso realizaba competiciones. “Las mandaban a Cádiz y allí se hacían las sueltas, marcadas y todo bien organizado, y llegaban en el día a su palomar en Logroño”, cuenta. “Es increíble pero saben llegar a su palomar”, destaca.
La afición por los pavos reales comenzó de forma natural, tras la jubilación, a través de una amistad con una pareja de Briones que también criaba estos animales. “Nos regalaron unos huevos y después hemos traído de todos los sitios”, recuerda Ricardo, que ha tenido especies de diez colores distintos, y han viajado por todo el país y también Francia, Alemania y Portugal para conseguirlos en diferentes ferias.
Ahora solo mantienen ejemplares del pavo verde de Java, proveniente de Indonesia, aunque puntualiza que no hay la raza pura, sino mestizada con los que tenemos en España. “Conseguimos los primeros huevos a través de un cura de Elche, que también era muy aficionado y fue a Alemania a por ellos”.
El verde de Java es para este patrimonio el más vistoso y espléndido de los pavos reales, pero también el más difícil de criar, pues hay que esperar hasta los cuatro años y ponen menos huevos, y también el más arisco y salvaje. Mercedes cuenta entre risas y orgullo que algunos conocidos le preguntan cuál es el secreto para la cría porque ellos no tienen los mismos resultados: “A los pollos les doy la comida en el pico, hago unas bolitas con sus piensos y agua y se la voy metiendo”, dice para ejemplificar su dedicación.
Aunque restan valor a su afición y a los cuidados que requieren, lo cierto es que su día a día se ha volcado en el cuidado de las aves. Los recintos en los que viven están totalmente creados para estos animales. Ricardo enseña los rincones protegidos que les ha creado para poner los huevos o una tejavana detrás de la que los animales se protegen porque durante el celo a veces se ponen agresivos o las diferentes estancias donde los mete cada noche para que duerman a resguardo. Cuentan que una vez un niño visitó esta finca y les preguntó que dónde estaban los excrementos porque ni uno solo se puede ver. “Estamos todo el día limpiándolos”.
Les vacunan todos los años y cuidan su alimentación. “Esto es como todo, cuanto mejor pienso les des, muchísimo mejor”. Estos pavos reales comen pienso compuesto de trigo, cebada, maíz y un pienso que traen desde Holanda. “También les encanta la fruta y la verdura”, dice señalando las hojas de berza que están comiendo esa tarde. Ya son todos de la misma especie, pero Ricardo y Mercedes, saben identificarlos a todos solo con mirarlos, aunque también los tienen anillados. Incluso les diferenciaban cuando tenían muchos más, de los que guardan fotos y enumeran de memoria cantidad de especies.
La pasión es tal que el pesar por tener que ir dejando de lado esta afición se nota cuando hablan. Aunque reconocen estar “más tranquilos” desde que han empezado a reducir el volumen de su explotación, que no dedican ni al consumo ni está abierta al público, “es afición, capricho, lo hacemos porque nos gusta”. Han dedicado su vida al cuidado de los animales y ahora, que es momento de descansar, lamentan que se pierda este rincón único para la cría de pavos reales.
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