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Valdano: "El Real Madrid necesita alguien que contrarreste las opiniones de la economía”

Jorge Valdano. Fotografía: Fabio Cundines / Lino Escuris

Dentro de 50 años habrá un periodista deportivo que diga que hay que controlar “el miedo escénico”, que el fútbol depende de “un estado de ánimo” y tantas otras expresiones registradas por Jorge Valdano (Las Parejas, Argentina, 1955). Y es que el fútbol, sus conceptos, valores  e ideas eficaces siempre han sido útiles para transmitir mensajes con claridad. En mitad del desconcierto actual en el que nadie sabe cómo salir del atolladero económico, político y social, Valdano propone en Los 11 poderes del líder (Editorial Conecta) su larga experiencia en casi todas las facetas del deporte para guiar al líder en un campo de juego, un club de fútbol, una comunidad de vecinos o incluso un Gobierno porque los valores de los deportistas que cita: Alfredo Di Stéfano, Rafa Nadal, Pep Guardiola o Raúl son universales.

Acude en el libro varias veces al periodismo deportivo como origen de muchos problemas de liderazgo vividos. ¿Cree que tenemos la prensa que se merece un país como España?

No soy consciente de esa crítica. Es posible que uno esté más atento a los ejemplos negativos que a los positivos. El libro habla en la portada del fútbol como escuela, y hoy me han hecho muchas preguntas donde me decían que el fútbol tiene poco de escuela, que si los jugadores son poco ejemplarizantes… Pero hagamos el ejercicio de quedarnos con el jugador de la selección española que peor nos caiga y veremos que hay una persona discreta que se relaciona bien con la fama, con el dinero que ha ganado, que no tiene un ego demasiado marcado... En general, el mundo del deporte sigue dando ejemplos. Cualquier cosa que haga Rafa Nadal tiene para la sociedad más valor que lo que digan todos los políticos juntos porque el prestigio alcanzado con su comportamiento impecable lo hacen merecedor de una enorme credibilidad.

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"Los futbolistas representan lo que delegamos en ellos: un sindicato, una universidad, una ciudad o un país entero"

El escritor Juan Villoro durante la entrevista. Alejandro Icaza

Habla, escribe, padece, compadece de fútbol. ¿Dónde está el origen de tanta esta pasión?

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Manuel Cuenca, el primer futbolista emigrante

Manuel Cuenca. Fotos: Lino Escurís

“Algún día le contará a sus nietos esta maravillosa aventura”. Así resumía un reportaje veraniego del diario As en 1974 las peripecias de Manuel Cuenca, un joven futbolista de 24 años que para entonces había jugado en la selección de Filipinas y en un equipo de Hong Kong. El periodista ya estaba asombrado con su vida como jugador de una selección de exhibición del país asiático. Pero al pasaporte de Manuel Cuenca le faltaban unos cuantos sellos. Faltaban sus años estelares en el Seiko y sus temporadas en la Major League Soccer de EEUU donde se enfrentó a Beckenbauer, Cruyff o George Best antes de retirarse con 33 años en los St. Louis Steamers de Missouri.

“Tenía 20 años y vino gente de Filipinas con mucha pasta para promocionar el fútbol allí. El promotor era Andrés Soriano, el dueño de la cerveza San Miguel, que era de Manila. Contrataron de seleccionador a un exjugador del Atlético de Madrid, Juan Cutillas, que hizo una selección de jóvenes jugadores. Se presentaron 24 a las pruebas en el Estadio de Vallehermoso y al final nos fuimos seis. No nos lo pensamos mucho. Si lo hubiésemos hecho, no nos habríamos ido. Creo que fuimos los primeros futbolistas españoles en emigrar”. Manuel Cuenca pasó así, con 20 años, de jugar en Vallecas a ocupar la banda derecha de Filipinas por ejemplo en Yakarta (Indonesia) ante 100.000 espectadores.

Refresca sus recuerdos casi olvidados delante de un álbum de fotos y recortes de periódico que huelen a humedad. Sus años de juventud, cuando era una auténtica estrella en la entonces colonia británica, llevaban tiempo encerrados en un trastero. Manuel, o ‘Manny’ como le apodaron en la Liga indoor de EEUU en el final de su carrera, despliega los álbumes, banderines, bolsas de deporte, trofeos e incluso varios pai pai con su cara en la sala de reuniones de su empresa en Madrid, Cystelcom, especializada en exportación de productos sanitarios.

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La presidenta soy yo

Amelia de Castillo, en su época como presidenta y entrenadora del Pinto. FOTO: Lino Escurís

'La flecha de Pinto', como llamaban por entonces a su equipo, ganó varias competiciones locales. Suya fue la responsabilidad de federar al equipo, que adoptó entonces su nombre actual: el Atlético de Pinto. Amelia no solo se convirtió en su presidenta, también en su entrenadora, en su utillera, en la persona que tiraba del club.

Era el año 1962. Las mujeres españolas no podían firmar un contrato, sacarse el carné de conducir, abrir una cuenta en los bancos sin autorización de sus maridos ni mucho menos divorciarse. Amelia, recién entrada en la veintena, también se topó con esa clase de barreras. “Mi ilusión de verdad era ser entrenadora, así que solicité hacer los cursillos en el colegio de entrenadores, pero el reglamento lo prohibía. Sólo me concedieron asistir a las clases teóricas”, recuerda. Así, con la gimnasia que había aprendido en el colegio y con la teoría de sus cursos entrenaba a sus 'chavales'.

Sentada en los banquillos de los campos de decenas de pueblos en los que el Pinto se enfrentaba a sus rivales, Amelia se daba de bruces con la realidad. “Cuando los jugadores ya estaban vestidos yo pasaba a dar la alineación. Lo menos que me decía la gente era bonita, me ponían a parir”. En su pueblo, no pasaba menos. “Yo iba siempre con mis chicos, íbamos a los bares a tomar una gaseosa y a mí me cambiaban de sexo. Tuve que pasar mucho, no estaba bien visto. Las madres de mis amigas no las dejaban irse conmigo. Fue bonito pero duro a la vez”, dice. A pesar de las habladurías y de los rumores, sus padres nunca le pusieron problemas y respetaron su vocación.

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“No es el momento para hacer una Copa del Mundo en Brasil”

Vitor Borba 'Rivaldo'. /EDU BAYER

-¿Cómo ve la preparación de Brasil para el Mundial y los Juegos Olímpicos?

Están trabajando mucho, pero no sabemos cómo irán las cosas. Brasil no está en crisis, pero hay mucho por hacer: seguridad, aeropuertos… Hay que cambiar muchas cosas. Ojalá todo esté arreglado, que no pase nada, que los extranjeros no se vayan hablando mal de Brasil. Ahora mismo, hay muchas dificultades, las favelas, cuestiones políticas… Yo siempre estuve en contra de la organización del Mundial, no era el momento de hacer una Copa del Mundo, con tantas personas sin trabajo y pasando hambre y tantos problemas de seguridad.

-Pues son muchos los españoles que han emigrado a Brasil, en busca de trabajo y una vida mejor en un país emergente.

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“Dicen que marcar un gol es como un orgasmo y es mentira. Pero cuando marqué el 2-0 me estallaban las venas”

Futre nunca quiso ser entrenador: "Sería repetir la misma vida que llevé de jugador, sin ninguna estabilidad". Foto: Miguel Ribeiro

Lisboa amanece envuelta en luz blanca y lluvia. Al cruzar el puente Vasco da Gama sobre el río Tajo para llegar a Alcochete, un pueblecito marinero, el sol aparece. Paulo Futre (Montijo, Portugal, 1966) nos recibe en un restaurante vacío, un escenario digno de Fellini. Sonriente y afable, le pregunto por qué los ídolos a menudo se muestran fríos e indiferentes con los aficionados.

“Hay que atender a la gente, a los niños, pero antes de un partido clave tampoco puedes estar una hora firmando autógrafos. Lo que importa es ganar al día siguiente. También hay un pequeño porcentaje de gente que quiere hacer daño. Un simple insulto te puede alterar. Cristiano ha escuchado en su propio país gritos de Messi, Messi, y eso le ha dolido mucho, seguro”.

Tu padre jugaba al fútbol.

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La fuga del portero de Almagro

Claudio Tamburrini. FOTO: Llibert Teixidó / La Vanguardia

Claudio Tamburrini comenzó a militar políticamente en la Federación Juvenil Comunista (una organización para jóvenes del Partido Comunista argentino) en el último año de instituto, en 1972, con apenas 18 años. Un año después ingresó en la universidad para estudiar Filosofía, lo que compaginaba con su trabajo como portero en Almagro, un club argentino de Primera B. “En esa época mis metas pasaban por tratar de llegar lo más lejos posible como jugador y doctorarme en Filosofía”, recuerda vía telefónica desde Suecia, donde vive actualmente.

Empezó a jugar al fútbol en un club llamado Ciudadela Norte y pronto pasó a las inferiores de Vélez Sarsfield. En 1975, a los 21 años, Tamburrini aterrizó en Almagro. Allí tuvo que competir por la titularidad con el histórico arquero del club, Hugo Piazza. La primera oportunidad le llegó tras una lesión del veterano portero que le había obligado a estar dos semanas de baja en las que Tamburrini había jugado dos buenos partidos. Durante la tercera semana, una vez recuperado Piazza, se había rumoreado que Claudio volvería a ser titular, algo que se confirmó en el partido entrenamiento previo al fin de semana.

Ese día iba a ser decisivo para poder pelear por los puestos de ascenso a Primera. Claudio tenía la cábala de marcar obsesivamente la posición de los postes raspando con los botines las líneas de cal de las áreas. Estaba ansioso por que empezara el partido. Jugaban de locales y se podía palpar la presión de la hinchada para que ganaran. Un empate los dejaba prácticamente fuera de la lucha. El partido estaba siendo muy trabado, lo que estaba siendo justamente reflejado en el 0 a 0 del marcador. Sobre la mitad del segundo tiempo pitaron una falta en el borde del área a favor del equipo rival.

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A lo que huele la hierba es a fútbol y no al revés

Charla con la Revista Líbero de los hermanos Ángel e Iñaki Gabilondo. / Líbero

En 2012 se cumplieron 30 años de la última Real Sociedad campeona, la que obtuvo dos títulos consecutivos en la mejor época de este histórico club.

¿Fue una sorpresa que aquel equipo ganara la Liga o al ser un equipo técnicamente superior se daba por hecho?

-Iñaki Gabilondo: La Real Sociedad había sido siempre un equipo modesto. Amarró un equipo bueno y fue una gran sorpresa. Es verdad que como existía el derecho de retención mantuvo un equipo durante muchos años que acabó cuajando. Si hubiera existido la Ley Bosman, los Arconada... se habrían ido. La ciudad estaba entusiasmada como loca. Un quinta fantástica y fue un acontecimiento muy grande.

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"El fútbol tiene algo que engancha mucho. Yo entiendo a los ludópatas"

Enric González y Ernesto Valverde, durante la conversación. Foto: Fabio Cundines

Enric González (Barcelona 1957) habló de ‘Una cuestión de fe’ (Editorial Libros del KO) donde trata de explicar el origen de su pasión por el Espanyol. Un equipo en el que admiró desde Sarrià a un delantero apodado 'txingurri' (hormiga en euskera), que llevó al equipo barcelonés a rozar la gloria en la final de una Copa de la UEFA. Un partido, en Leverkusen, que marcó el ADN de los espanyolistas. Ernesto Valverde (Cáceres 1964) presentó ‘Medio tiempo’ (Editorial La Fábrica), su primer libro de fotografía. Una pasión por las imágenes fijas que el nuevo entrenador del Valencia CF ha llevado consigo desde sus inicios en el fútbol. “A veces hacía fotos desde el banquillo escondiéndome del entrenador”, reconoce.

El editor de Libros del KO, Emilio Sánchez Mediavilla fue el certero moderador del encuentro. Sánchez se apoyó en extractos del libro de González para introducir alguno de los temas.

“Los desastres no son inevitables. No cuesta nada concebir un universo paralelo en el que Adolf Hitler se dedica a pintar acuarelas, Josef Stalin se queda en el seminario y Javier Clemente va a Leverkusen, en los suburbios de Colonia, a jugar al fútbol. En ese universo, libre de Auschwitz y del gulag, Valverde marca gol en Leverkusen, El Espanyol levanta su primer trofeo continental y el mundo es más feliz”

Enric González: Yo me casé para ir Leverkusen. Trabajaba en un diario que se llamaba EL PAÍS y si te casabas, te daban una semana de vacaciones. Y era una final. Se había ganado 3-0 en la ida, porque era a dos partidos y se iba a Leverkusen a ganar. ¡Y me fui de luna de miel a Leverkusen! Y luego pasó lo que pasó, la historia está contada. Creo que cualquier institución tiene momentos definitorios y el Espanyol, que ha tenido momentos duros, nunca se había dado un batacazo tan sólido, duradero y trascendental. Momentos que te definen como perdedor. Aunque vale, es cierto que todo el mundo tenía ya sospechas.

Ernesto Valverde: Es curioso porque ese año hicimos un torneo increíble. Jugamos muy bien y se nos apareció la virgen para eliminar al Milan. Y en la final, contra todo pronóstico íbamos 3-0 en la ida. Metimos tres goles en 15 minutos y pensábamos que íbamos a ganar. En liga estábamos en mitad de tabla para abajo aunque el año anterior habíamos sido terceros. Pero ese año íbamos mal. Respecto a eso de que fue definitorio, es cierto que fue una cicatriz por lo visto... Estaba allí y es curioso, porque luego como entrenador jugué otra final y la perdimos.

E.G.: Esa derrota sí estaba prevista.

E.V.: Sí, esa sí.

E.G.: Sobre esto de ganar o perder creo que es mucho más literario perder que ganar. La pieza seminal de la literatura deportiva para mí, es el cuento de [Roberto] Fontanarrosa de ‘El viejo Casale’. No creo que reviente a nadie el cuento si digo que el protagonista acaba muriendo. Va de un partido que Rosario gana a Newell’s. Ese hecho de que se muera es lo que permite que el cuento sea tan fantástico. Ganar en realidad es bastante estúpido aunque sospecho que debe ser bastante feliz.

“Hablo de 1964 o 1965. Para mí Sarrià estaba relacionado con el antifranquismo profundo y desesperado que se respiraba en el coche. Y cada jornada confiaba, pobrecillo, en que la megafonía de Sarrià interrumpiera el recitado de las alineaciones (“Bartomeu, Osorio, Mingorance...”) para anunciar entre aplausos la muerte de Franco. En serio. Durante años pensé que ocurriría así. Y que la consecuencia casi automática consistiría en un título de Liga para el Espanyol”

E.G.: Tenía seis años cuando iba a Sarrià. Confundía las cosas. Inevitablemente, si eres un niño que va al fútbol desde muy pequeño te conviertes en un pequeño totalitario. Porque el fútbol lo representa todo. El momento cumbre de la semana es el partido. Yo pensaba que si pasaba algo gordo en la vida, pasaría allí y que entonces Marcial y José María marcarían un gol... y pasaría algo extraordinario.

E.V.: Hay muchos más aficionados del Espanyol de lo que parece. Parece que todo Barcelona es del Barça… Pero en Barcelona hay un sentimiento del Espanyol muy profundo. Hay un punto en el carácter del aficionado del Espanyol, algo que estará influenciado por la derrota de Leverkusen, y es que siempre va diciendo: este año bajamos seguro a Segunda; sí hemos jugado bien pero...

E.G.: ¡Oye, es que es verdad! Yo he vivido todos los descensos del Espanyol. Es curioso porque lo que pasa con los aficionados del Espanyol y del Barça se parece a lo que pasa en Turín con los de la Juve y el Torino. El Torino es el gran equipo turinés, fue uno de los mejores de todos los tiempos. Pero en los años 50 cuando empieza a llegar la gran inmigración del sur, el emigrante identifica a la Juve como el elemento integrador. Masivamente, por razones que nadie sabe explicar muy bien, los inmigrantes eligen a la Juve y se convierte en el gran equipo de Italia y de Turín. Hasta un punto que, de equipos parejos, la Juve, gracias a la inmigración, se convierte en el equipo de referencia. Y en Barcelona, la inmigración elige al Barça como el equipo integrador. Es difícil explicar por qué el fútbol representa ciertas cosas o es identificado como algo concreto. Y eso que el Espanyol hasta hace poco tenía más aficionados en ciertos barrios que se identifican más con Barcelona como Gràcia, hasta hace 10 años como mucho, pero de repente se despeña por la marginalidad y otro por la miseria... (risas)

Emilio Sánchez Mediavilla: Quizá porque en  los 70 se crea un relato oficial del Barça como el equipo antifranquista.

E.G.: En ese momento en el Barça hay un presidente limitado que es Agustí Montal, pero con un gerente a la vez muy listo que se da cuenta de lo que el momento requiere. Está claro que el franquismo se va a acabar. Y el campo del Barça es bastante grande como para recoger demostraciones de cierto hastío respecto al momento. Y sin ponerse expresamente de acuerdo tres o cuatro periodistas, que no son más, reescriben la historia y hacen un relato que convierte al Barça en un club muy atractivo. Un club, que era básicamente perdedor, porque hasta que llega Cruyff en el 73 llevaban 30 años sin ganar la Liga... (Interrumpe Valverde: Y el Espanyol tampoco ganaba mucho). En el Espanyol llevábamos 50 años sin ganar. Pero el Barça era ya uno de los dos grandes equipos de España por presupuesto... Vuelven con Cruyff y un relato histórico. Casi con un año de Cruyff, porque jugó solo un año, el 73 y el relato que dice que son la insignia de Cataluña, que si tuvieron un presidente que los franquistas fusilaron... Hombre, lo fusilaron porque era de Esquerra Republicana, no porque fuera del Barça. Pero les va muy bien desde luego.

E.V.: Puede que sea así, pero hay que decir que lo cierto es que los directivos del Espanyol no hicieron nada por cambiar aquello. Se encontraban bastante cómodos en la derecha. Vamos que eran de extrema derecha y un poco más. Recuerdo algunos que... Hay que imaginar cómo era el Espanyol por dentro y por qué esa gente no miró aquello.

E.G.: El Barça celebró elecciones ya en los años 50 y el Espanyol siempre ha permanecido como una institución inmovilista. Desde los primeros 70, el Camp Nou es un escenario en el que se supone que hay que expresar algunas cosas importantes. En los 70 fueron las ideas aperturistas y ahora pues es el escenario donde se expresa algo que está bastante extendido, que es el sentimiento más independentista que nacionalista. Yo no soy independentista, pero desde luego me veo más como independentista que como nacionalista. El independentista me parece una opción, el nacionalista, una tontería. Hay mucha gente que está considerando esto ahora y no está muy claro por qué. Si tuviera que apostar por una razón diría que en Cataluña existe la misma sensación de fracaso que en toda España. La idea que se tenía desde los 70 de que algo en España y Europa estaba funcionando ha dejado de funcionar, y ha desaparecido la discusión política. Y en Cataluña está esto o la cosa de fantasía de que si Cataluña es independiente todo será distinto. Eso es política, puede estar de acuerdo o no. Yo estoy en desacuerdo pero tiene su atractivo. Y aparentemente hay una mayoría o mucha gente en el Camp Nou que quiere decir eso y decirlo en uno de los sitios donde se dicen esas cosas, el Camp Nou. Evidentemente no se dice para el resto de España. Se dice de forma ensimismada, es peculiar. Pero no es un epifenómeno, es algo que aparece y desaparece a lo largo de la Historia reciente de Cataluña y España. ¿Juntos o separados? Desde fuera de Cataluña se ve más concreto y desde dentro se ve más estéril. A poco que lo pienses sabes que esto quedará en decepción, de manera cíclica y luego volverá. Eso sí, considerando la cantidad de turistas japoneses que van al campo del Barça, diría que los que van con carné, gritan casi todos.

Yo no soy independentista, pero desde luego me veo más como independentista que como nacionalista. El independentista me parece una opción, el nacionalista, una tontería.

Enric González


E.S.M.: Ernesto, tú has vivido unos años en Grecia. ¿Percibes estas identificaciones en los equipos de Atenas?

E.V.: Puedo hablar de Olympiakos que es del Pireo, del puerto, odian a muerte al Panatinaikos que es el equipo del centro de Atenas. En las imágenes de mi libro se ve a fans con bengalas. Esos eran los aficionados que nos recibían en la ciudad. Porque hay que decir que el Olympiakos es el equipo más popular de Grecia. La mitad de los aficionados son del Olympiakos. Ellos están instalados en una especie de violencia verbal, por decirlo de alguna manera, que sobrepasa cualquier listón que tengamos aquí. De tal modo que cuando se juega un derbi la afición rival no tiene permiso para entrar al estadio. Se pueden matar literalmente. No es como el Barcelona y el Espanyol o el Atleti o el Madrid. En Barcelona hay una animadversión, sobre todo por parte de los del Espanyol hacia los del Barça por ser el equipo que está un poco más atrás, pero los del Barça piensan que el Espanyol es un equipo que está aquí en la ciudad con el que juegan un par de partidos al año, pero poco más. Aunque es verdad que luego los derbis de Barcelona son disputados y también son importantes porque se juegan con el cuchillo entre los dientes... (Interrumpe Enric: “!Qué bueno es el Espanyol!”). No, es verdad, pocos equipos le dan más patadas al Barcelona que el Espanyol. Lo que pasa es que los griegos son muy exagerados y si te quieren te pueden amar con locura y regalarte una casa y al revés te pueden quemar el coche y te tienes que ir. A mí me ha ido bien y estoy aquí a salvo.

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Leo contra Messi

El 1001. Ese fue el número de la primera ficha federativa que tuvo Messi en España. Su firma recuerda que sólo tenía 13 años.

El primer fin de semana de mayo de 2012 Leo Messi le marca cuatro goles al Espanyol y alcanza los 72 en una sola temporada; mientras eso ocurre, Marc Baiges, sancionado, ve cómo su equipo, el Tortosa, se complica la permanencia en Primera Catalana con una derrota que llega en el minuto 94. La tarde del 10 de enero de ese mismo año, Marc prepara en su piso de estudiantes los exámenes del primer semestre de tercero de Fisioterapia mientras Messi recoge su tercer Balón de Oro. El 27 de mayo de 2009 Leo logra su segunda Champions ante el United y anota el 2-0 con un cabezazo que Marc Baiges corre a celebrar a la Rambla de Canaletes de Barcelona. El 3 de agosto de 2008 Messi hereda el dorsal 10 de Ronaldinho, por entonces Marc, que pasaba el día en la playa de L’Ampolla, ya llevaba temporadas luciendo ese dorsal. El 11 de marzo de 2007 Messi se consagraba con un ‘hat trick’ contra el Real Madrid que Baiges disfruta desde un local de Tortosa alquilado junto a sus amigos. A pesar de la aparente distancia entre las vidas de estos dos jóvenes, hubo un día que llegaron a cruzarse: el día que Baiges le rompió el peroné a Messi.

Ocurrió un lejano febrero de 2001, en una mañana que comenzó rara. La Federació había dado distintos horarios a los delegados del Infantil B del Barcelona y del Ebre Escola Esportiva, que iban a enfrentarse en la jornada 27 del Grupo I de la Liga Preferente de infantiles. Para subsanar la confusión, la entidad azulgrana invitó a desayunar a la expedición visitante y poco antes del partido, los jugadores de ambos equipos se hicieron una foto sobre el césped; azares del destino, Marc se colocó justo encima de Leo, que ya lucía entonces una sonrisa desangelada. Era un chaval con problemas de crecimiento - apenas levantaba 148 centímetros sobre el suelo-, no hablaba jamás y no era la estrella de su equipo: “La referencia de aquel Barça era Mendy, un portento físico que se hinchó a marcar”, apunta Carlos Blanch, entrenador del Ebre. El técnico de aquel Infantil B del Barça, Xavi Llorens, recuerda las primeras impresiones que le dejó aquel argentino introvertido que llegó a media temporada: “Con el balón era tremendo, hacía lo mismo que ahora, pero era pequeñito, físicamente muy poca cosa”.

Messi no pudo demostrar nada aquel día, pero en el primer minuto de juego se sucedieron dos noticias que pudieron cambiar su historia en el Barcelona. La primera llegó con el silbido inicial: tras un mes esperando el tránsfer y un debut contra el Amposta en que marcó, el pequeño argentino sumaba su segundo partido como infantil y superaba así un requisito federativo imprescindible para jugar en años venideros choques oficiales siendo extranjero y menor de edad.

Albert Benaiges, figura clave del fútbol base barcelonista durante años, fue quien descubrió la norma y dio la señal de alerta. “Hubo que correr: si no llega a jugar esos dos partidos, no habría podido jugar después en categoría nacional hasta tener 18 años”. En cuanto rodó el balón aquel niño de 13 años puso la primera piedra para poder completar una fulgurante formación en los equipos inferiores del Barça. Unos segundos después, esa trayectoria en azulgrana pudo quedar finiquitada.

Fue una jugada anodina. El balón llegó rápidamente a su posición, la de extremo zurdo, donde correteaba con el dorsal número 11 a la espalda. Perdió el control y se le fue fuera. Marc Baiges, el diez de su equipo, recibió entonces el saque de banda en fase defensiva. Escorado al lateral, decidió lanzar un pelotazo arriba. Armó la pierna y cuando sólo esperaba sentir el impacto del cuero, una sombra irrumpió por su derecha y se interpuso entre su bota y el balón. Fue esa sombra la que recibió el impacto: se oyó un chasquido y ambos rodaron por el suelo; el árbitro no pitó falta. La sombra intentó levantarse pero comprendió que no podría hacerlo. Fue en esa jugada desgraciada cuando Messi sufrió la primera y última fractura de su vida.

No se había cumplido un minuto de juego y en la retransmisión televisiva aún repasaban las alineaciones. Marc se disculpó, Leo abandonó el campo y aquel episodio fortuito quedó sepultado de la memoria de los que jugaron el partido. Baiges nunca supo lo que había ocurrido hasta que ‘Líbero’ contactó con él: “¿Qué dices que le rompí? ¡Madre de Dios!”, exclamó. “No es que no supiera que le había roto el peroné a Messi, es que no sabía que le había roto la pierna a nadie”.

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