El nuevo año no ha hecho disminuir el afán de Isabel Díaz Ayuso por difundir por el mundo la buena nueva de la Comunidad de Madrid, oasis de “libertad”, como la Argentina de Javier Milei al que otorgó una medalla, en medio del “infierno” de la España 'sanchista', según la tesis corriente de la también líder regional del PP. Tras celebrar el primer consejo de gobierno de 2025 y alertar una vez más ante la prensa sobre el afán dictatorial del presidente del Gobierno —generalmente tildado de “bolivariano”, pero últimamente también, en ocasiones, de “norcoreano”— Ayuso se fue al aeropuerto para volar a Lima (Perú) en su primer viaje oficial tras las vacaciones navideñas. Lleva más de 20 desde que ocupa el cargo.
El equipo de comunicación de Ayuso suele prometer grandes oportunidades comerciales a raíz de estos desplazamientos. Esto los distinguiría de los que pueda hacer, por ejemplo, la vicepresidenta Yolanda Díaz. En el debate del estado de la región de septiembre, la presidenta dijo al respecto: “A los pobres les cuestan sus […] viajes oficiales, incluidos los de la vicepresidenta, su mayor representante [en referencia a Más Madrid] que, cuando puede, utiliza el Falcon también y se van a otros lugares del mundo a hacer viajes estratosféricos con jornadas de una o ninguna agenda. Eso es lo que hacen ustedes, vivir de los pobres como ricos”.
Ayuso, por el contrario, no vive a lo grande a costa de los menesterosos, a los que además tiene en alta estima, como se pudo comprobar este viernes al ser entrevistada en directo en Lima. Declaró que por allí se veía “población que está sumida en la pobreza y, sin embargo, es alegre, es amable, es humilde”. La ocasión para esta reflexión fue la visita a un comedor popular en una zona donde realiza obras de abastecimiento el Canal de Isabel II.
Pero el marco del viaje a la capital andina era “estrechar lazos con una nación hermana” y de paso devolverle el detalle al alcalde de Lima, que estuvo en Madrid en octubre y que la reconoce ahora a ella con la Orden al Mérito en Grado de Gran Cruz. En un lugar destacado de su agenda figuraba asistir al acto de recolocación de la estatua de Francisco Pizarro en el centro de la ciudad en compañía de su polémico regidor, Rafael López Aliaga, devoto miembro del Opus Dei y partidario, como ella, de devolver lustre a los conquistadores.
“Al coreano no le gusta perder el tiempo”
A la presidenta le habría resultado muy justo asistir a la final de la Supercopa de fútbol en Arabia Saudí (sí fue en 2020), volver a Madrid a despachar asuntos de Gobierno y salir a continuación para Perú, y ya había renunciado, para ir a una misa por los fallecidos en el temporal de València, a acudir a los Emiratos Árabes Unidos para presenciar la Fórmula 1. Pero tampoco hacía tanto que había estado en Asia: del 23 al 27 de noviembre se fue de visita a Corea del Sur. El día que despegó se despidió acusando al Gobierno de España de parecer el “hampa” y atentar contra la seguridad jurídica.
En Seúl visitó las sedes de Samsung y LG, pudo “conocer de primera mano el sistema educativo coreano” y concluyó: “El estilo de trabajo en Corea gusta mucho (sic) con el de Madrid. Es gente que no le gusta perder el tiempo, que le gusta ser ejecutivo, directo, serio y eso representa mucho a la Administración y a la empresa en Madrid, a los madrileños, cómo trabajan”. Se despidió del país una semana antes de que se produjese allí una de las operaciones contra el adecuado funcionamiento de las instituciones que la atribulan, como fue la declaración de ley marcial por parte el presidente Yoon Suk-yeol, que la oposición interpretó como un intento de golpe de Estado y que ha acabado con su arresto.
La aventura asiática fue la única salida de Ayuso en otoño, que a finales de verano había estado en París para ver los Juegos Paralímpicos y antes del parón estival acudió a Alemania. Le explicó en Fráncfort a la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, la fortaleza de la región como “motor económico”, pidió a los inversores “confianza” y en Múnich visitó las oficinas de DHL y Siemens, aunque en esta última la inversión ya estaba pactada: el proyecto de la compañía para construir su nueva sede en el barrio de las Tablas se anunció en 2023 y se prevé para 2028.
Premios musicales en México, vino madrileño en Chile
En abril, Ayuso asistió a los premios musicales Platino, creados en 2012 y de relevancia discutible, tras acordar en 2023 que se celebrarían alternativamente en el país norteamericano y en España durante cuatro años. En marzo estuvo en Chile desgranando ante empresarios su pensamiento político: en Madrid no se enfrenta al “rico” con el “pobre”, lo “público” y lo “privado”, ni mucho menos al “hombre” y la “mujer”, trasladó.
También aquí se reunió con empresarios, fue a la universidad de Los Andes y presentó a quien interesase la denominación de origen Vinos de Madrid. Unas semanas más atrás había estado en Rumanía para asistir a la cumbre del Partido Popular Europeo, y a principios de año en Polonia para participar en el homenaje de recuerdo al Holocausto en Auschwitz, una cita relacionada con otra anterior: en febrero de 2023 visitó Jerusalén y se reunió con miembros de un Gobierno israelí del que ya se advertía su carácter ultra. Aún faltaban meses para los atentados de Hamás y el subsiguiente genocidio en Gaza.
Estados Unidos, destino favorito
Ayuso ha estado tres veces en Estados Unidos en calidad de presidenta; la última, en octubre de 2023 en Nueva York para patrocinar “el español”. Ya había estado allí en 2021, en aquella ocasión también con parada en Washington DC, donde las crónicas periodísticas detallaron que tuvo tiempo para salir a correr de buena mañana con el Capitolio al fondo. Entre medias, en el verano de 2022 y con las urgencias de los hospitales madrileños colapsadas, se desplazó a Miami. Allí aseguró, para tranquilidad de la diáspora cubana, que en Madrid no gusta el “comunismo”.
El de 2023 fue año electoral para Ayuso, con lo que su agenda internacional se vio un poco limitada. Aun así, tuvo tiempo de ir a ver al Papa a Roma y de pasar por Lisboa, donde ya había estado en 2022. En París se vio con Valerie Pécresse, conservadora presidenta de la región de Île de France y comparada con la propia Ayuso por algunos comentaristas amables, pese a que, al contrario que Ayuso, la francesa es furibunda opositora de las componendas con la ultraderecha. Sus salidas la llevaron igualmente por Bélgica (en dos ocasiones), por la región italiana del Véneto, por Marsella y por Milán.
“Está en peligro nuestro modo de vida”, alertó en la ciudad italiana en septiembre de 2021, todavía efervescente contra las restricciones por el Covid. El coronavirus fue, por otra parte, el único elemento que impidió sus expediciones: 2020 fue el único año en que no viajó.