Guardar tus recuerdos de la acampada de Sol en un archivo para inmortalizarlos: “Todo lo generado es historia de nuestro país”
“Para mí, la acampada ha venido en un momento en el que lo necesitaba”, reconoce Marta Bazar (@maartabazaar en Instagram), una joven artista madrileña que impulsa un llamativo proyecto relacionado con la protesta por la vivienda. En el marco de la comisión de cultura de la acampada en la Puerta del Sol, Bazar y sus compinches han iniciado el reto de documentar todo lo sucedido y preservar todo documento generado desde el 26 de septiembre, el día en que, en reacción al desahucio de Maricarmen, se inició una acampada histórica. Esta protesta ha puesto el foco en la movilización popular por la vivienda y, en concreto, en el papel de los jóvenes en esta lucha.
El incipiente archivo, bautizado como Archivo de la Acampada en Sol 2026 (AAS26), está en una fase de recogida de cualquier documento físico que refleje todo lo vivido en la acampada: escritos, fotografías, ilustraciones, mapas, periódicos, pancartas, pegatinas, propaganda, revistas… Se han establecido varios puntos de entrega, entre ellos la Fanzinoteka de la comisión de cultura, en el interior de la acampada. Este enclave de la plaza, sin embargo, levanta este sábado sus tiendas para seguir organizando la huelga y las protestas por la vivienda desde los barrios. Quien quiera aportar sus documentos para este proyecto, puede contactar con @maartabazaar o con el Comité de Cultura de la Acampada, que están trabajando para implementar nuevos puntos de recogida.
Pero, ¿quién está detrás de este proyecto? Marta Bazar lo define como un “enorme puzzle” de personas, todas ellas con “un cierto interés por la historia”. Cada uno aporta lo que puede con las “herramientas que tiene a mano”. Por ejemplo, Marta y su amiga Irene, ilustradoras, se encargan de la parte más visual del archivo. “A todos nos hace la misma ilusión poder aportar nuestro granito de arena”, añade. Ella misma ha realizado la mascota del proyecto, Claudia, que le da visibilidad y difusión.
De momento, solo se recogen documentos físicos, pero el objetivo de la comisión es poder crear una base de datos digital para que puedan almacenarse otros formatos.
Cómo transformar el adiós en un hasta siempre
En las últimas asambleas de la acampada, el elefante en la habitación ha sido la fecha de desacampada. Después del fracaso de los decretos en el pleno del Congreso, la convocatoria de elecciones generales y la aprobación de los mismos por parte de la Diputación Permanente, la protesta de Sol ha ido viendo una reducción de tiendas instaladas, también condicionadas por las lluvias. Muchas de las personas que han sido el motor de esta reivindicación histórica han tenido que decir adiós a un episodio que recordarán toda su vida. Desde el archivo, no solo buscan preservar el material físico de la acampada, sino también los sentimientos de cada persona que pasó por ella. Animan a todas a escribir una carta de despedida y creen que “es importante recoger todos los puntos de vista de la gente que ha estado”.
Además, no solo se reclaman documentos reflejen la parte más bonita de la acampada, sobre la colaboración, solidaridad y unidad de los manifestantes, sino también los episodios de violencia que han sufrido a lo largo de este mes. “Recogemos los momentos malos de la acampada, como las lluvias o los periódicos donde se cuenta la llegada de los nazis a provocar a la gente”, puntualiza Marta.
La conveniencia de este archivo, para jóvenes como Marta, es evidente. La acampada ha supuesto un despertar: “Siento que a mucha gente de mi generación se nos había implementado esta idea de que no sabemos relacionarnos o que no luchamos por lo nuestro, y estos días se ha visto completamente lo contrario”. “Me ha nutrido mucho emocionalmente”, añade la travesti e ilustradora, en representación de la comisión del archivo.
Como en cualquier episodio de calado social, la trascendencia es una preocupación y una tarea más por parte de los impulsores. Sin este afán de documentación, muchos museos contarían con la mitad de sus expositores. “Muchas de las personas que se han acercado a la acampada para reírse de nosotros parecen no haber pisado uno de estos museos en su vida, ni siquiera haber abierto un libro de historia”, critica Marta.
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