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El colegio católico de Madrid que iba a ser un residencial de lujo para ancianos y un fondo reabrirá como pisos de estudiantes

Diego Casado

Madrid —
20 de mayo de 2026 22:33 h

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El curso 2022 fue el último en el que estuvieron abiertas las aulas del Corpus Christi, un colegio católico de Madrid situado en la exclusiva zona de Arturo Soria, donde abundan viviendas de alto poder adquisitivo. El centro escolar se construyó en el año 1965, junto a una iglesia y un convento de las Hermanas de la Adoración, congregación jerónima a la que estaba adscrito. En su origen, la parcela que ocupaba formaba parte de la Tierra de María Santísima, una zona más amplia de huertas que componían el verde de la Ciudad Lineal, un ensayo de urbanismo utópico ideado a finales del siglo XIX por el ingeniero que da nombre ahora a su principal avenida.

Todas las instalaciones eclesiásticas cerraron hace cuatro años, porque sobre el colegio y los templos religiosos había planes inmobiliarios menos relacionados con lo espiritual. El primer inversor interesado en montar otro proyecto en los números 4 y 6 de la calle Amara fue Residential Project Group, una empresa de origen catalán relacionada con la construcción de residenciales de lujo para ancianos. Su intención inicial, según declaró al Ayuntamiento de Madrid, era montar una residencia para mayores válidos no tutelados. Se iba a llamar Las Arcadias Amara, en referencia a la calle (Amara) donde se ubicaba el colegio, según la documentación de un expediente municipal a la que ha tenido acceso este periódico.

Las arcadias son residenciales de alto nivel para personas mayores que pueden valerse por sí mismas, pero que quieren vivir en un entorno que les proporcione todo lo necesario para su vida diaria. También llamados senior living, alquilan pisos o habitaciones independientes en un entorno de servicios comunes como restaurante, peluquería o actividades de ocio. El coste de este tipo de viviendas es de casi 3.000 euros al mes para apartamentos individuales o a partir de 4.000 euros para parejas, según las tarifas de Las Arcadias Encinar, el negocio montado en Madrid por el mismo grupo empresarial que inició los trámites en Arturo Soria.

En 2025 el proyecto dio un giro al cambiar de promotores: la llegada de otro fondo de inversión de capital neerlandés, Rockfield, impulsó otra idea sobre los codiciados terrenos eclesiásticos, que ocupan 5.384 metros cuadrados. El 31 de marzo del año pasado la congregación firmaba la venta de sus terrenos para abrir allí una residencia de estudiantes, previa demolición de las construcciones actuales y la construcción de cinco edificios en los mismos terrenos, ganando espacio verde en estas mismas zonas privadas.

El contrato, según la documentación consultada, llevaba aparejada la aprobación de un Plan Especial que permitiera este nuevo negocio, un tipo de regulación que permite aumentar hasta en un 20% la superficie edificada. El plan todavía está pendiente de ser conocido pero Rockfield ya está tramitando la modificación del jardín protegido de nivel 2 que rodea las instalaciones, que ha propuesto realzar y ampliar para recuperar parte de su esplendor.

El jardín-huerta original quedó desvirtuado por la construcción del citado colegio y otros pabellones posteriores. “Es importante conocer y tener en cuenta cómo la implantación del colegio y de todos sus distintos anexos, a nuestro juicio, fue una intervención desafortunada, que perjudicó notablemente al sitio, eliminando y modificando elementos patrimoniales originales del jardín-huerta que allí existió, vinculados a una villa particular, a la vez que incorporaba otros muy poco respetuosos con el lugar”, reza la memoria del plan especial que ahora tramita el consistorio. Actualmente solo uno de sus árboles está catalogado como singular: se trata de un laurel ubicado en su zona norte.

Rockfield irrumpe con este proyecto en el mercado de las residencias estudiantiles de Madrid, que cuenta cada vez con más oferta y por el que están apostando los fondos de inversión internacionales. La compañía había dado el paso en Barcelona, donde cuenta con una residencia en el barrio tecnológico por la que cobra entre 1.200 euros al mes por habitaciones sin baño a unos 1.600 euros por los estudios.

Rockfield gestiona actualmente unas 10.000 viviendas en diferentes partes de Europa, con Ámsterdam como ciudad de referencia. Y lo ampliará en Madrid con un segundo proyecto además del centrado en el Corpus Christi, para sumar unas 300 camas más en la capital de España: estará situado dentro de la M-30, en Chamartín, aseguraba hace unos meses en la nota de prensa en la que comunicó su desembarco madrileño.

“Los apartamentos cumplirán con avanzados estándares de sostenibilidad y contarán con un diseño arquitectónico contemporáneo”, explicaba en esa misma comunicación, en la que esperaba contar con las construcciones operativas para el curso del año 2027.

El de Rockfield es el próximo proyecto de residencia de estudiantes, que son tendencia en Madrid, como muestran los proyectos puestos en marcha en el centro de la capital sobre un antiguo edificio de Comisiones Obreras, ahora gestionado por el fondo Azora, con alquileres de más de 1.600 euros al mes. Otra de las tendencias es el flex living, un tipo de alojamiento temporal que también evita la Ley de Arrendamientos y que impulsa el Ayuntamiento de Madrid. En los próximos años se prevé la apertura de miles de camas de este tipo en la ciudad.