Desahucios, especulación y líos escolares: los pecados de las entidades religiosas en Madrid ante la visita del Papa
Con el lema “aquí no desahucia ni Dios”, el Sindicato de Inquilinas de Madrid desplegaba una gran pancarta sobre la fachada en el que vivía hasta el pasado 7 de mayo Mariano Ordaz. Vecino de la calle del Carnero, en el centro de la capital, este jubilado de 67 años fue desalojado con un gran despliegue de ocho furgones policiales. Al quinto intento la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, conocida como VOT, lograba expulsarle de la casa en la que había pasado toda su vida.
No lo evitó la enorme resistencia desplegada por el sindicato, con dos personas colgadas del bloque que acabaron arrestadas. Ni los intentos de Mariano por regularizar su situación para continuar en una vivienda que se le caía a cachos. Tampoco influyó el hecho de que la VOT cuente con diversas propiedades más en la zona que le reportan unos ingresos continuados.
A pocas semanas de la visita del Papa León XIV, que celebrará diversos actos en Madrid del 6 al 9 de junio, la organización no demostró caridad cristiana. No es la primera entidad de corte católico inmiscuida en este tipo de dinámicas en los últimos tiempos. Coyunturas en la que la espiritualidad choca con el dinero y con la avaricia, uno de los pecados capitales.
La hermandad del marido de Aguirre desmantela una residencia y un colegio
Si una organización católica puede provocar más de un arqueo de cejas a Robert Prevost, que pasó varias décadas como misionero en Perú en entornos humildes que le marcaron profundamente, esa es la Hermandad del Refugio. Presidida por Fernando Ramírez de Haro, marido de Esperanza Aguirre y poseedor del título nobiliario de conde de Bornos, la institución ha emprendido en los últimos años una serie de polémicas operaciones con objeto de dejar atrás los números rojos y aumentar sus ingresos.
La Hermandad del Refugio nació en 1615 con el propósito de “ayudar a los necesitados de Madrid”. Sin embargo, en los tiempos recientes ha dejado de lado dos de las principales herramientas para esta labor con sendas clausuras. Por un lado, la de la residencia de ancianos necesitados en la calle Pez, convertida en un hostel o albergue para turistas. Por otro, la del colegio concertado, pero de precios modestos, Purísima Concepción (cuyo nuevo uso sigue siendo una incógnita tres años después). Sobre este último punto, vecinos de Malasaña lo han definido como “una tragedia para un barrio en trance de degradación”. “No sé con qué cara asiste a misa”, reprochó un progenitor a Ramírez de Haro el último de día de clases en el centro, que tenía 372 años de historia.
Después de despojarse de esas actividades, la Hermandad apuesta desde 2025 por explotar la iglesia de San Plácido, ubicada en la calle de San Roque, además de las visitas que ya organizaban en San Antonio de los Alemanes (calle de la Puebla). Un filón que combinan con otras apuestas comerciales más controvertidas, aprovechando el tirón de la especulación inmobiliaria y la explotación turística en pleno centro de la capital.
La más sonada es la reconversión de la residencia de mayores en el número 1 de la calle Pez en un alojamiento temporal, mediante la cesión a la empresa hotelera Asistencia y Ayuda Yadisema SL. Los responsables de la agrupación religiosa firmaron un contrato en 2020 con la compañía, a la que cedieron las obras y su posterior explotación durante los próximos 20 años, después de desalojar a 41 personas de avanzada edad. Más tarde, continuaron con el proyecto a través de un plan especial solicitado al Ayuntamiento que lidera José Luis Martínez-Almeida, por el que proponían levantar un hostel donde facturar más de tres millones de euros anuales. El negocio logró arrancar en 2024.
La actividad social de la Hermandad del Refugio se focaliza ahora en su comedor social, en la corredera Baja de San Pablo. “Mi madre es la que me está sacando del apuro y sé que eso le pasa mucho a personas en situaciones parecidas. Me parece fatal que cuando esos mayores necesitan ayuda les dejemos tirados”, contaba a Somos Madrid una mujer que asistía al servicio en relación con el fin de la asistencia a población anciana por parte de la entidad católica para mejorar sus resultados financieros.
El desahucio de Mariano: la policía, a las órdenes de una entidad católica
La Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, más conocida por sus siglas VOT, es una rama de la familia franciscana, también llamada Orden Franciscana Seglar (OFS). La organización fue fundada en 1221 para laicos que deseen vivir el carisma franciscano sin abandonar su vida secular. 800 años después, esa misión ha tomado la forma del desalojo de un jubilado de 67 años en el centro de Madrid que llevaba toda una vida en su casa.
Fue el pasado 7 de mayo, al quinto intento y con un enorme operativo policial con ocho furgones e incluso la intervención del cuerpo de bomberos para bajar de las alturas a dos activistas que se colgaron como acción protesta. Decenas de personas, coordinadas por el Sindicato de Inquilinas, trataron de impedir un desalojo precedido por una situación de enorme inestabilidad en la vivienda de Mariano.
El techo de la cocina se vino abajo el pasado año, mientras las humedades carcomen la casa del pensionista. Pero Mariano no quería dejar la casa para la que se llevaron a cabo los arreglos porque, sostenía, la VOT no le iba a dejar regresar a ella cuando se marche. “Es una treta para que me vaya”, contaba a este medio, al tiempo que relataba cómo acumuló algunas deudas que ahora pretendía saldar paulatinamente. Lo que no podría enfrentar eran “subidas abusivas del alquiler”. Apuntaba también que la orden posee múltiples propiedades comerciales o habitacionales en el entorno, por lo que sus impagos pasados no comprometían la situación económica.
Doble rasero en un colegio católico: alumnos sin Halloween y fiesta de famosos previo pago
El Colegio Internacional G. Nicoli, en Chamberí, es “fruto de la colaboración de las Hijas de la Caridad [comunidad religiosa de monjas] y del Colegio Internacional J. H. Newman de Madrid”. Esta última entidad ya sabía lo que era estar envuelta en operaciones irregulares, después de que en otro centro en el barrio de San Blas se viera obligada a cerrar un gimnasio privado en una parcela cedida al colegio concertado para usos educativos.
El pasado diciembre, el Nicoli se convirtió en la comidilla del barrio por un debate de carácter más bien moral, por una cuestión de principios o de integridad. Familias del centro mostraron su rechazo, algunas en público y otras en privado, a lo que sucedió el pasado 31 de octubre entre sus paredes. Como viene siendo habitual y pese a las peticiones de algunos padres y madres, la dirección del centro vetaba cualquier festejo de Halloween por el origen pagano y ajeno a la cultura cristiana de dicha celebración. Los niños y niñas no podían acudir disfrazados o con la cara pintada. Pero esa misma noche, decenas de famosos e influencers disfrutaron de una fiesta privada por todo lo alto en el Nicoli, con el terror como gran temática.
La diferencia entre la iniciativa de las familias y la que sí se llevó a cabo es que esta última fue previo pago: sus organizadores abonaron un alquiler a la Fundación Escuela de los Oficios, organización nacida fruto de la mencionada colaboración entre la comunidad de monjas y el Newman. Un ente responsable del colegio desde su creación en 2018.
Las cuentas en redes de Ester Expósito o Brays Efe mostraban cómo los invitados consumieron alcohol en las zonas comunes del recinto. La madre de un estudiante del Nicoli admitía incluso su preocupación “por si hubiesen quedado restos de drogas el lunes siguiente, pastillas de LSD con caritas sonrientes o animalitos que los niños podrían probar por curiosidad”. Hablaba de “hipocresía”, mientras otro padre veía un “doble discurso”.
“Entendería el enfado de quien tenga sentimientos religiosos, aunque yo no los tengo”, opinaba otra progenitora. Entre los disfraces de la noche había un diablo (“ángel caído”, como lo definía una madre que quitaba hierro al asunto) o, para terminar de redondear la paradoja, un trabajador de Tecnocasa (el propio Brays Efe). Familias tacharon de “incoherente” la decisión del Colegio, que prefirió no emitir declaraciones en respuesta a este medio. “La verdad es que según parece fue el fiestón de la noche, pero no arruines la reputación del cole, eh”, remataba una madre
Esa misma reputación que la el Papa León XIV trata de reconstruir para la Iglesia católica entre controversias como las relatadas, cruces de reproches con la ultraderecha y lo más grave: casos de abusos y pederastia que siguen mermando la imagen de la institución.