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Lavapiés exige cambiar de foco y acabar con la hipervigilancia: “Si tanto funcionan las redadas, ¿por qué siguen haciéndolas?”

El 23 de octubre, casi un centenar de efectivos recorrieron Lavapiés en busca de inmigrantes en situación irregular. Durante la macrooperación, que comenzó en la Plaza de Nelson Mandela, la Policía Nacional identificó a padres que habían ido a ver a sus hijos al Casino de la Reina, donde esa tarde jugaba un equipo alevín de fútbol. Identificaron a 90 personas, pero solo cinco acabaron detenidas. Un año antes, el barrio ya había decidido organizarse para protestar por un vecindario “al límite”. Hasta cuarenta asociaciones de la zona llamaron a un recorrido multitudinario, de cuyo lema acabó surgiendo otra suma de colectivos: Lavapiés al límite. Ahora, vuelven a reunirse y preparan una nueva cita el próximo domingo.

“¿La Policía es solvente en sus actuaciones? ¿Es la inseguridad una cortina de humo para echar a los vecinos y abrirse al capital extranjero? ¿Qué es lo que está ocurriendo? Creo que hay muchas preguntas que deberíamos hacernos y por eso volveremos a salir a la calle”, planteaba esta mañana ante una veintena de asistentes Serigne Mbayé, portavoz del Sindicato de Manteros y exdiputado en la Asamblea de Madrid por Podemos, partido del que continúa siendo el secretario de Antirracismo.

“Tenemos cada vez más cámaras de vigilancia, y nos identifican por la calle cada dos por tres. Si de verdad funcionan tanto las redadas, ¿por qué siguen haciéndolas todavia?”, se pregunta Mbayé. Desde el Teatro del Barrio y junto a otros cuatro ponentes –representando a inquilinos, movimientos sociales o agrupaciones por los derechos de la infancia en Lavapiés– ha instado a participar en la marcha vecinal fijada el 15 de febrero para denunciar el “abandono institucional” al que se ven abocados en favor de la “especulación inmobiliaria, la gentrificación o la expansión descontrolada de pisos turísticos”.

Vivienda, “racismo institucional” y más espacios para la infancia

Fueron las primeras pinceladas que ofreció este jueves Susana Pineda, otra integrante de Lavapiés al límite que ha presentado la convocatoria. “Convivimos diariamente con desahucios, falta de espacios públicos y zonas verdes. Pero la respuesta es generar un clima racista y de criminalización en lugar de hacer una inversión social”, espetó Pineda, que ve en ello la “consecuencia” de “un modelo pensado para expulsar a sus vecinas”. En esta misma conclusión ha profundizado Sara Play, a su lado en el Teatro del Barrio.

“Estamos hartos de repetirlo: no es seguridad, es racismo institucional [...] Los niños reciben el impacto más duro porque son las principales víctimas en desahucios, que les obligan a perder toda su vida. O cuando tienen que ver a sus padres detenidos y criminalizados solo por salir a la calle”, ha destacado. Así que abogan por mover el foco, cambiar el punitivismo por “cuidados” o “más recursos para drogodependientes”, y prorizar otros esfuerzos que, a su juicio, traerán una mejora al barrio.

Estamos hartos de repetirlo: no es seguridad, es racismo institucional

“Necesitamos zonas de sombra en verano, para que los más pequeños puedan jugar sin poner en riesgo su salud. El derecho al juego o al descanso no puede depender de tu nivel de renta”, sentencia. Pero uno de los problemas más urgentes que han reconocido, y por el que también saldrán a reivindicar el domingo, es el mismo que se comparte en Madrid u otras ciudades: el encarecimiento de la vivienda.

“Aquí ya es un problema estrucural, pero es que los alquileres siguen subiendo sin justificación y los contratos son cada vez más inestables. Esa es nuestra realidad cotidiana, ya sea en General Lazy o en Mesón de Paredes”, siguió Isabel Mascuñana, miembro del Sindicato de Inquilinas. “Cuando la vivienda falla, fallan las redes, los cuidados y la vida comunitaria del barrio”, ha añadido, instando a las autoridades a poner coto a los pisos turísticos y adoptar “medidas reales” que permitan afrontar la especulación inmobiliaria.

La presentación de cara a la manifestación del día 15 la completaba Andrés López, del CSO La Rosa, un centro social okupado en la calle del Bastero. Redondeó el resto de intervenciones hablando de los espacios autogestionados y su función en la cohesión de un barrio, incidiendo en que la seguridad también tiene que ver con “fomentar que las vecinas se conozcan y se permita la proximidad”. “Es vital que siga siendo así”, ha advertido, instando junto al resto de sus acompañantes a participar en la protesta desde el Casino de la Reina.

En su discurso dedicó unas palabras a otro centro social de Lavapiés, La Tabacalera, inmersa en una negociación con el Ministerio de Cultura después de marcharse de este histórico edificio por unas obras de rehabilitación. “Son espacios fundamentales para organizarse políticamente, o ensayar otras formas de vida. Sin ellos, y sin los los movimientos sociales que los habitan, no existirían movilizaciones como esta”, determinó antes de despedir al público y aguardarles hasta el domingo.