Renault 4 eléctrico, un R5 corregido y aumentado

Primero llegó el R5 eléctrico, que tantas alegrías ha dado a Renault, y en pocas semanas será el turno del Twingo con la misma propulsión. Entre uno y otro, la fórmula de la marca francesa de recrear modelos emblemáticos de antaño en clave eléctrica nos ha dejado el segundo de su trío de ases, la versión contemporánea de una leyenda como el cuatro latas.

Dado que una de las bazas principales de Renault en su estrategia de revivals eléctricos es la del diseño, nos permitimos el comentario subjetivo de que, así como el Renault 5 acertó de lleno en lo que a evocación del modelo original se refiere, el efecto no está tan conseguido en este caso. Dicho de otro modo: estamos ante un vehículo sin duda vistoso y atractivo, pero que no recuerda de forma inmediata -repetimos, a nuestro juicio- al R4 de los 60.

Y no será porque la firma del rombo haya escatimado en guiños al pasado. Los más visibles son, aparte de las formas generales, las tres bandas laterales dibujadas en la parte inferior de las puertas o la ventanilla de custodia trasera, tan característica. Las ópticas traseras reinterpretan, de forma muy moderna, la forma de cápsula, y las delanteras ya no son aquellos pequeños faros que iluminaban poco más que velas, sino unos potentes focos led enmarcados en una calandra que, como el logo central del rombo, ahora está iluminada.

Del mismo modo que el primer cuatro latas nació como enmienda al Renault 4CV en busca de un modelo más espacioso y funcional, el actual opera de igual manera con respecto al R5 eléctrico que lo ha precedido en el tiempo. Para empezar, lo aventaja a lo largo en 22 centímetros, la mitad de los cuales van a parar a la distancia entre ejes y el resto, al maletero.

En consecuencia, las plazas traseras son más habitables que las del R5 -buena falta hacía-, aunque tampoco son para tirar cohetes porque seguimos hablando de un coche corto, de solo 4,14 metros. Sí que se disfruta de una capacidad de carga mucho mayor, 375 litros, y sobre todo de una gran comodidad a la hora de introducir o sacar bultos del maletero gracias a que el umbral de carga está situado a una distancia excepcionalmente cercana al suelo (607 milímetros exactamente).

Además, a fin de cumplir con la función más familiar y hasta aventurera que se le atribuye al vehículo, el asiento del acompañante es abatible para que se puedan transportar objetos de hasta 2,2 metros de longitud, como una tabla de surf. El coche puede remolcar hasta 750 kilos y disponer de carga bidireccional por si queremos suministrar energía a una bicicleta eléctrica o a una cafetera en caso de que vayamos de pícnic.

Hemos podido conducir durante una semana el R4 E-Tech eléctrico justo después de haber tenido un primer contacto con él durante el evento en que se presentó a nivel nacional. La prueba nos ha servido para constatar la eficiencia en ciudad y sus alrededores de la versión equipada con motor de 150 caballos y batería de 52 kWh, cuya autonomía oficial se ha establecido en 408 kilómetros. Recordemos que Renault tiene también a la venta una variante de 120 CV y batería de 40 kWh que proporciona 100 km menos de alcance.

La recarga de la batería grande admite corriente alterna de hasta 11 kW y corriente continua de un máximo de 100 kW. En un punto de esta última potencia, la recuperación del 15 al 80% de la energía lleva alrededor de 30 minutos. El dispositivo de 40 kWh solo soporta 80 kW en carga rápida.

Unos 300 km de alcance

Según nuestras mediciones, el eléctrico francés consume un promedio de 15 kWh cada 100 kilómetros, si bien puede firmar mejores registros si la conducción discurre exclusivamente en entornos urbanos. La autonomía en condiciones reales viene a rondar los 300 kilómetros, y de hecho en la recogida del vehículo, con la batería supuestamente al 100% de su capacidad, era de 368 km de acuerdo con el ordenador de a bordo, lejos de los 408 de la prueba de homologación.

Nos ha gustado que el renacido R4 incorpore en esta versión levas en el volante para jugar con los cuatro niveles de frenada regenerativa disponibles, el más potente de los cuales funciona a modo de One Pedal, es decir, que permite conducir utilizando únicamente del acelerador y desacelerar hasta detener prácticamente el coche, algo que a nosotros particularmente no nos agrada en exceso pero que al parecer tiene su público.

También se agradece la introducción, como en otros modelos de la gama Renault, de Google integrado, provisto aquí de un planificador de rutas especialmente conveniente en un modelo eléctrico, sistema OpenR link y más de 100 apps, además del avatar Reno ya conocido del R5 y un total de 26 dispositivos de ayuda a la conducción (ADAS).

El R4 E-Tech presenta un tacto de conducción muy similar al del R5. Es ágil, firme y muy reactivo a los cambios de dirección cuando el conductor los demanda. En cuanto a potencia, basta y sobra a nuestro criterio para un coche que entendemos que no se embarcará en grandes viajes y cumple a la perfección tanto en ciudad como, pongamos por caso, en un ambiente rural donde el usuario tenga a su disposición un cargador en casa.

La misma familiaridad con el R5 produce el ambiente interior y la calidad de los acabados, al igual que unos materiales que, más allá de la calidad o la durabilidad que demuestren con el tiempo, resultan también muy lucidos y agradables a la vista.

El R4 E-Tech eléctrico cuesta 28.600 euros en versión de 120 CV y a partir de 31.600 en la de 150 CV y mayor autonomía.