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Se oyó fuera del estadio

Relájense y confíen en la FIFA

El meme de 'Padre de familia' que el Mundial se esfuerza en hacer realidad.

Luís Pardo

13 de junio de 2026 21:41 h

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Vosotros sois muy jóvenes para recordarlo, pero la semana pasada, el mejor árbitro de África fue enviado de vuelta a casa tan pronto como puso un pie en Estados Unidos. Omar Artan es de Somalia, un país que vive en riesgo constante de hambruna, lo que lo lleva a aparecer con cierta periodicidad en los informativos. Es por eso que todos sabemos ubicarlo (sí, justo ahí, en el cuerno de África). De lo que seguimos sin tener ni idea es de dónde cojones está Curazao.

Perdonadme por meter un exabrupto para acabar el primer párrafo como si fuese un aprendiz de Pérez-Reverte, pero es que ese el soniquete de la canción que el podcast Línea de cal nos ha metido a todos en la cabeza. Podía haber sido peor: poco antes estuvieron cayetanizando futbolistas chonis con la ayuda de todo un Willy Bárcenas.

Total, que fuera de los estadios se ha hablado mucho de lo de Artan y de lo de Irán, que tendrá que entrenar en Tijuana y cruzar la frontera para jugar los partidos y regresar a México. Vamos, lo que hacían los chiricahuas de Gerónimo, a los que también perseguía el gobierno de la Unión.

Sus aficionados lo tienen aún peor, ya que directamente les han impedido entrar en la tierra de la libertad –en Madrid, no, en la otra, la de las barras y estrellas–. Y uno se pregunta para qué está la ONU cuando hace falta, que una cosa es que los bombardeen y otra muy distinta que no les dejen ir al campo de fútbol.

Por lo visto, tamaña crueldad no sólo tiene como víctimas a los persas: las puertas del imperio están cerradas, además, para los ciudadanos de Senegal, Costa de Marfil, República Democrática del Congo y Haití. Como si Trump se empeñase en emular el meme de Peter Griffin (el de las “cosas nazis”, no; ese otro en el que la entrada en el país depende de tu pantone). A los creadores de la prioridad nacional, que seguramente se vean gobernando en 2030, se les caerá la baba ante la posibilidad de aplicar las recetas de su líder naranja en el mundial compartido con Portugal y (oh!) Marruecos.

Preguntado por todo esto, el capo de la FIFA, Gianni Infantino –un nombre que varios miembros de la lista Epstein googlearon ansiosos, por lo que fuese– actuó tal y como se podía esperar del tipo que se inventó un premio de consolación para Donald Trump dos meses después de que éste viese cómo se le escapaba el Nobel de la Paz. “Chill, relax”, respondió Infantino en rueda de prensa. “Relájense y confíen en la FIFA”, una versión futbolística del “ferro a fondo e fe en Dios” que ha dejado tantos ramos de flores jalonando las carreteras gallegas.

Al margen de que todos conozcamos casos de gente que ha salido de chill para volver a casa dos días después, con la ropa del revés, un único zapato y el último billete enrollado en la nariz, la FIFA que ahora se lava las manos es la misma que en 2014 forzó a Brasil a cambiar varias leyes internas si quería albergar el Mundial. Entre ellas, una que obligaba a flexibilizar la entrada y la salida de patrocinadores y turistas. Esta vez se ve que sólo se han preocupado por facilitarles la salida...

Por cosas como ésta, los aficionados al fútbol, que ya miran con reservas al balompié moderno –cuando no lo odian eternamente–, no ocultan su antipatía por la organización. Tras la ceremonia de inauguración a la que no quiso asistir ni la presidenta mexicana (¿Os imagináis a Rajoy dándole su entrada a un niño? ¿Ni siquiera al suyo? Yo tampoco) un tuitero compartió dos imágenes de Salma Hayek, convertida –les guste o no– en algo así como la máxima autoridad del país en el Estadio Azteca.

La primera foto es de hace tres décadas, cuando la actriz se grabó para siempre en nuestra retina bailando con una pitón en Abierto hasta el amanecer. En la segunda, aplaude a Infantino mientras éste muestra la Copa del Mundo. “Treinta años después, Salma Hayek sigue viéndose bien posando con una serpiente”, escribió Ryan Cummings. La publicación supera el millón de visualizaciones y los 46.000 likes.

Mientras eso pasaba dentro, fuera del estadio –bastante fuera, porque un muro de policías les impidió acercarse– sonaban los gritos de las protestas sociales. Las principales, las de los maestros, algo que podía haber hecho que nuestra selección se sintiese como en casa. Pero también otra que hunde sus raíces en vergüenzas históricas blanqueadas por mundiales de fútbol: la de los desaparecidos, más de 130.000 según los registros oficiales. Imposible no acordarse del 78, de Videla, de los “derechos y humanos” o de Mario Alberto Kempes, décadas antes de que fuese inmortalizado por Joaquín Reyes.

Hablando de crímenes contra la humanidad: los Maná –que ya sembraban de reclutadores sus conciertos cuando Bad Bunny no era ni Benito– versionaron hace un cuarto de siglo Desapariciones de Rubén Blades. Hubiese sido un buen guiño que lo eligiesen para su número musical en el césped del Azteca. “Estaban dando la telenovela, por eso nadie miró pa' fuera”. Ellos tampoco lo hicieron: fueron a lo fácil y apostaron por Oye mi amor.

Cuando el balón empezó a rodar, TVE rotuló Méjico así, con jota, para regocijo de Díaz Ayuso y el futuro Instituto del Mestizaje. También escribió Suráfrica, pero de ese colonialismo sólo nos trajimos el gol de Iniesta-de-mi-vida, así que ahí habrá que buscar causas más relacionadas con la ortografía que con la política. Cuando juegue Curazao, veremos cómo rayos lo escriben. Y, ya de paso, a ver si nos enteramos de dónde cojines está.

(Gracias, autocorrector).

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