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'Postes kilométricos' en el genoma del anisakis para investigar la estrategia con la que se adapta al cambio climático

Ejemplares de anisakis extraidos de una merluza infectada

Luís Pardo

19 de julio de 2026 21:33 h

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Los parásitos no son ajenos a los efectos de la globalización y el cambio climático. El anisakis, ese gusano que puede habitar en las vísceras y los músculos de numerosas especies marinas, no es una excepción. El calentamiento global está obligando a este superviviente nato a evolucionar para adaptarse a las nuevas condiciones. En este escenario, un proyecto científico de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC) y del Centro Nacional de Análisis Genómica (CNAG) y ha permitido desarrollar marcadores genéticos para diferenciar las distintas poblaciones, sus dinámicas o las especies clave en su alimentación. La aplicación permitirá reforzar los programas de control y reducir el riesgo de que el anisakis llegue a la cadena alimentaria

Los marcadores genéticos actúan como “postes kilométricos a lo largo del genoma que nos permiten obtener información hasta ahora inaccesible”, identificar especies y sus procesos de hibridación. Así lo explica a elDiario.es Paulino Martínez, profesor e investigador de la Facultade de Veterinaria de la USC, ubicada en el Campus de Lugo, y uno de los investigadores principales del proyecto. Estos postes, que marcan el cambio en la secuencia de nucleótidos, se conocen como SNP (pronunciado snip, por las siglas en inglés de poliformismos de nucleótido único).

Hay un SNP cada 300 nucleótidos lo que supone unos dos millones de marcadores –frente a los diez millones de los humanos, con un genoma veinte veces mayor que el del parásito–. Tomando como referencia el mapa del genoma del anisakis, obtenido por el CNAG, los investigadores desarrollaron una primera herramienta molecular “sencilla” para analizar la “dinámica poblacional” de dos especies de anisakis: el anisakis simplex, propio del Atlántico y el pegreffii, habitual en el Mediterráneo.

“Con el cambio climático, la pegreffii está subiendo océano arriba e hibridando con la simplex”, explica Martínez. Con esa primera herramienta podían distinguir si los ejemplares eran puros o híbridos y si estos últimos podían reproducirse o no. Pero el proyecto dio un paso más: se seleccionaron los diez SNP “más discriminantes entre las dos especies” para crear una nueva aplicación “cuyo coste es muy barato, 3 o 4 euros” y que permitirá distinguir los ejemplares “con gran precisión” y realizar estudios de vigilancia poblacional “mucho más eficaces”.

Llegar a conocer las poblaciones históricas

Esto permitirá conocer los comportamientos de las poblaciones de parásitos a los barcos que pescan en alta mar. Martínez recuerda que la anisakía es una reacción alérgica que puede llegar a provocar un choque anafiláctico en determinadas personas, pero que puede prevenirse con comportamientos tan simples como “cocinar el pescado como se debe o congelarlo a -20º durante cinco días”.

A esto se suman las precauciones que los propios marineros toman a bordo. “Lo normal es eviscerar lo que se pesca porque el anisakis entra en el sistema digestivo y te lo encuentras después en las vísceras”. Su estrategia de supervivencia es “muy sofisticada”. Suele aparecer primero en forma larvaria y desarrollarse en el siguiente eslabón de la cadena alimentaria, alojado en el interior de los cetáceos, los delfines o las focas que comen esos peces.

La duda llega entonces a la hora de deshacerse de las vísceras. “¿Pasa algo si tiras esas larvas al mar? En principio, no se reproducen y lo esperable es que mueran”, se responde Martínez. “La duda es si inertizarlas previamente con amoníaco, que mata todo, pero tiene un coste adicional”. La USC comparte ahora otro experimento con el IIM-CSIC para estudiar qué pasa con esas larvas, si podrían sobrevivir en el mar y, después, ser comidas por otros peces. El IIM-CSIC ya fue el encargado de recoger y caracterizar los más de 2.000 ejemplares que fueron la base del estudio.

“El marcador sirve para el seguimiento de las poblaciones de parásitos que afectan la salud humana y a las especies clave para su alimentación, para mejorar la prevención y el control”. La herramienta genómica permitirá ver con más detalle la demografía del parásito, incluso la histórica“, incide Martínez. ”Podremos llegar a saber cuánta población de anisakis había en las pesquerías hace veinte, treinta o cincuenta años“. Hacia ahí se dirigen ahora los próximos trabajos, todavía sin hipótesis: ”Aún estamos arrancando y empezando a analizar los datos“.

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