ELEGÍ UN MAL DÍA

Miguel Maldonado (humorista): “El equilibrio está en saber cuánto mola la Región de Murcia y que nos sude los cojones lo que piensen de ella”

La segunda acepción de ‘humor’ en el diccionario de la Real Academia Española es “jovialidad, agudeza”. Ya sabéis, una de esas definiciones en las que los académicos dicen “venga, vamos a acabar rápido, que nos vayamos a almorzar”. Sin embargo, por un lado, hay que señalar que aquí, con sólo dos palabras, dan bastante en el clavo para definir a nuestro invitado de hoy, que es un zagal jovial y agudo. Y por otro, debemos festejar que de un tiempo a esta parte, la RAE haya incorporado en cada palabra, en su versión online, un listado de sinónimos y antónimos que terminan de matizar y dibujar cada concepto.

Algunos de los sinónimos de la segunda acepción de ‘humor’ son agudeza, ingenio, socarronería, ironía, ocurrencia y jocosidad, y, de nuevo, todos ellos son perfectamente aplicables a Miguel Maldonado Torres, murciano de Murcia nacido en 1986, historiador del arte, realizador televisivo, presentador y humorista en sus más variadas acepciones. Y no sólo lo definen a él; si lo pensáis, definen el humor de aquí, si es que, como se suele admitir, cada lugar tiene una tipología cómica especial en función de un carácter, de un contexto o de una forma de ver el mundo.

A mí, desde luego y desde siempre, me ha parecido que existía un humor murciano con sus raíces en la tierra, en este pueblo que siempre ha sido humilde y a la vez brillante, inteligente, ocurrente e irreverente. Desconozco si en algún momento nos olvidamos de eso, si hemos cambiado, pero si aún existe lo que en mi cabeza es el humor murciano de toda la vida, sin duda hoy lo encarna Miguel Maldonado Torres. Y además encarna al murciano crítico y progresista, “un poco rojo”, como le dijeron por la calle un día. Un tipo de murciano que creo que antes era más usual y con el que, como es sabido, me siento plenamente identificado. Me veo incapaz de ser objetivo, y reconozco que Maldonado me cae muy bien, también, porque en alguno de sus programas lo he escuchado usar el calificativo ‘caparra’, tan propio de nuestra tierra, y de cuyo uso soy un militante convencido.

Por diversas circunstancias, no ha sido fácil que Miguel esté en Elegí un mal día, pero al fin se ha hecho posible y he tenido la ocasión de hablar con él de muchas cosas: de “nexos de unión” (redundancia horripilante que Miguel me cuela de cachondeo al principio de nuestra charla, y de la que me doy cuenta aunque no se lo diga), como que ambos somos historiadores del arte y estamos casados con una valenciana (no con la misma). Y hablamos del arroz y la paella, de las empanadillas con ensaladilla de La Merced (el mejor campus universitario del mundo), del profesor Cerón, de humor, de política regional, de su paso por el colegio sin rastro de acoso, de sus primeros cortos, de su gusto por el cine y por la madera, de la aspiración maravillosa de no hacer nada (abajo el trabajo, esa gran estafa), de diversas anécdotas de interés que debéis escuchar, y finalmente, de sus actuales parejas laborales, a saber: Facu Díaz (Quieto todo el mundo), Ignatius Farray (Segunda acepción) y José Luis Sastre (Sastre y Maldonado). Escuchad la conversación íntegramente en Spotify pinchando en este enlace.