La lucha contra los incendios
El fuego forma parte de los ecosistemas mediterráneos desde hace milenios. Hay que aprender a convivir con él. Lo que distingue el cambio actual en los incendios es la magnitud y rapidez. En la Región de Murcia, desde el 1 de junio, hemos tenido más de 130 incendios, según la administración regional, aunque no con la intensidad, virulencia y tamaño de otras zonas de la península. Sin embargo, todavía persisten carencias en recursos humanos, económicos, infraestructuras y prevención para atajar el fuego.
Los incendios son fenómenos cuya realidad es compleja. El cambio climático, el calentamiento global, influye en todos elementos necesarios para que un incendio se produzca y se propague. Es un problema transversal y requiere cambios en instituciones, coordinaciones y mecanismos de prevención. En definitiva, se necesita una gestión forestal adaptada a las nuevas condiciones climáticas, alertas tempranas y cooperación en la extinción.
Fernando Valladares, científico y ecólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), señala que los incendios actuales son muy distintos a los de décadas anteriores y no se puede entender su comportamiento sin tener en cuenta el impacto del cambio climático que es un elemento fundamental. En los últimos años, según describe el Ministerio para la Transición Ecológica, aunque el número total de fuegos disminuye, son los Grandes Incendios Forestales (GIF) los que persisten, superando las 500 hectáreas. Son fuegos más extensos, pero también más virulentos que llegan a crear su propio ecosistema, por lo que con frecuencia sobrepasan la capacidad de extinción. La contaminación del aire por los incendios viaja, impulsada por los fuertes vientos que se generan, a cientos de kilómetros.
Hay que construir, a medio plazo, paisajes resilientes, capaces de limitar la propagación y severidad del fuego, favorecer estructuras en mosaico, quemas controladas, mejora de la gestión forestal, más recursos humanos, así como modificar la estructura y composición de la vegetación. En los lugares donde se han producido incendios es necesario favorecer estructuras más abiertas y más heterogéneas antes que reproducir el paisaje que se ha quemado. La gestión del paisaje debe plantearse en soluciones basadas en la naturaleza:
Los incendios forestales no son solo un problema de protección de la naturaleza, sino que se convierten en un problema de protección civil, de protección de las vidas de las personas. No se es consciente del peligro que se corre cuando se compra o se construye una casa en un sitio rodeado de árboles, con un solo camino de entrada y salida. Es un problema de autoprotección, de protegernos a nosotros mismos, a nuestros vecinos/as y a nuestras familias.
Necesitamos reducir el riesgo e Incorporarlo a la planificación territorial y urbanística con perímetros de protección de los núcleos habitados y un cartografía actualizada que oriente las decisiones urbanísticas y las acciones de protección civil. La normativa obliga a municipios, urbanizaciones e infraestructuras situadas en zonas de alto riesgo a disponer de planes de autoprotección. El problema es que muchas veces esos planes ni se aplican ni se desarrollan. La inversión fundamental es prevenir y evitar que los incendios ocurran. Prevenir que se queme una hectárea cuesta en torno a 3.000 euros, pero apagarla cuesta 30.000.
Se necesita educación ambiental y sensibilización ciudadana. Una ciudadanía mejor informada es capaz de distinguir los bulos circulantes del conocimiento científico. Hacen falta campañas de divulgación permanentes, no solo cuando comienza el verano, sino durante todo el año. Hay que introducir esta formación en la enseñanza primaria y secundaria para que la sociedad conozca el gran problema que tenemos y que irá a más.
La sociedad civil y las instituciones tienen que construir consensos políticos y sociales que permitan afrontar un problema que afecta a todos los territorios. Las soluciones solamente van a venir si nos ponemos de acuerdo, con independencia de la ideología política.
Es necesario impulsar un pacto estatal que permita adaptar las políticas forestales y climáticas a una realidad completamente distinta a las de hace unas décadas y sumar esfuerzos entre distintas administraciones. El desafío consiste también en comprender por qué los fuegos son cada vez más intensos y actuar antes de que comiencen. Hay que cambiar prioridades y realizar mayores esfuerzos reales en prevenir los incendios. Convivir con los incendios no significa aceptar sus consecuencias. El margen de respuesta es prevenirlos, intentar evitarlos y minimizar sus impactos en nuestra sociedades y nuestros ecosistemas.