El pívot, el emperador, la tránsfuga y su amante
En El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, Peter Greenaway encierra casi toda la historia entre los manteles de un restaurante de lujo, donde un mafioso preside cada noche la mesa principal y se divierte humillando a quien tenga cerca, hasta que el amante de su mujer acaba cocinado y servido en bandeja. El pleno del martes en la Asamblea Regional tuvo bastante de aquella cena, con su carta de insultos y un plato principal que nadie había pedido.
Los fogones los encendió Virginia Martínez, que llegó al hemiciclo con Vox y que hoy comparte el Grupo Mixto con José Ángel Antelo después de que ambos rompieran con Abascal. Juntos prepararon una moción para declarar a Pedro Sánchez persona non grata en la Región, una receta que ningún parlamento autonómico se había atrevido a servir, y Martínez la aliñó a su manera, con un presidente que “es un peligro para nuestra democracia y nuestra sociedad”, un PSOE que deja “muerte y ruina allá donde gobierna” y hasta los accidentes de tren de Adamuz y Urda en la cuenta de Sánchez, “porque dentro de su gobierno ha puesto a ministros que no valen para nada”. Cuando se giró hacia la bancada socialista el menú subió de picante, y a los trece diputados socialistas les llamó “corruptos”, “ladrones”, “hipócritas”, “puteros” y “antiespañoles”. La presidenta de la Cámara la llamó al orden dos veces, y ella respondió sin inmutarse que aquello “no son insultos, es la realidad”.
Antelo, que antes de sentarse en un escaño jugaba de ala pívot, se quedó esta vez en el banquillo, aunque cuando su compañera terminó de hablar fue el único que aplaudió.
En la mesa de al lado, los que siguen en Vox tampoco escatiman en especias. Su diputado Antonio Martínez Nieto llamó en abril a combatir el aborto y la eutanasia “incluso con violencia”, lo que llevó a colectivos feministas a concentrarse para pedir que lo echaran de la Cámara. En junio, en un debate sobre un protocolo para el alumnado trans, aseguró que “el comunismo ha sacado las conductas LGTBI del catálogo de los trastornos y las ha metido en el de los derechos humanos”. Y el año pasado, cuando se hablaba del futuro del Cine Rex, despachó como una “industria fracasada” que solo se salva con Torrente, porque, según él, “simboliza en forma de caricatura lo que muchos españoles honrados y trabajadores piensan”.
Quien preside el comedor, mientras tanto, procura no mancharse las manos, y por eso a Fernando López Miras le encaja tan bien el papel de Teodosio I el Grande, el último emperador romano que reinó sobre un Imperio entero antes de que se partiera en dos. El PP intentó rebajar el tono durante el debate, y su diputado Víctor Martínez-Carrasco dijo que la moción solo pretende “hacerle saber que no es bienvenido”, aunque a la hora de votar no le tembló el pulso. En el PSOE lo resumieron diciendo que “los tránsfugas de Vox les hacen el trabajo sucio al PP y a López Miras”.
El emperador ya sabe lo que es salvarse gracias a quienes cambian de mesa a mitad de la cena. En marzo de 2021, PSOE y Ciudadanos registraron una moción de censura para desalojarle, y tres de los diputados naranjas que la habían firmado, Isabel Franco, Francisco Álvarez y Valle Miguélez, se pasaron al otro lado en apenas dos días. Franco conservó la vicepresidencia, los otros dos acabaron con consejerías y la moción se fue al garete.
Al ausente, como en la película, le tocó acabar en la bandeja, cortado en filetes por una mayoría que sabía de antemano que el plato no alimenta a nadie. La declaración no tiene ninguna consecuencia jurídica y sirve, sobre todo, para calentar el ambiente a tres semanas de las generales, que es justo el punto de cocción que algunos buscaban.
Greenaway guarda para el final un giro en el que el anfitrión acaba obligado a probar lo que él mismo ha mandado cocinar, y quién sabe si las urnas del 29N reservan algo parecido. Mientras tanto, el comedor de la Asamblea sigue lleno de humo, y la vivienda, los salarios o la pobreza infantil, que son los platos que de verdad tendrían que salir de esa cocina, se enfrían sobre el fogón sin que nadie los reclame. Bon appétit.