Los Caídos de Pamplona: el segundo mayor monumento franquista de España esquiva la nueva ley de Memoria

Monumento a los Caídos de Pamplona.

Rodrigo Saiz


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Al final de una de las principales avenidas de Pamplona, la calle Carlos III, se encuentra el que es uno de los mayores complejos arquitectónicos de la ciudad y que se puede ver casi desde cualquier punto del centro de la capital navarra. Es el monumento a los Caídos, el segundo mayor de exaltación franquista de España tras el Valle de los Caídos y el primero enclavado en un entorno urbano. Pese a tratarse de una edificación construida en homenaje a los “muertos en la cruzada”, como reza una inscripción grabada en el frontispicio ahora escondida tras una lona, en referencia a los fallecidos del bando sublevado en la Guerra Civil, el monumento ha esquivado la nueva ley de Memoria que ha sido aprobada en el Congreso y que ahora pasará por el Senado, en la que no se le hace referencia.

Como apunta el historiador Fernando Mikelarena, en el texto finalmente aprobado tras el acuerdo de PSOE y Unidas Podemos con algunos de sus socios habituales sí que recoge en su artículo 35 que se considerarán elementos contrarios a la memoria democrática las edificaciones y construcciones y los elementos que tengan adosados que se encuentren en la vía pública que ensalcen la dictadura franquista. Para el profesor universitario y autor de media docena de libros y de más de un centenar de artículos publicados en revistas científicas, sin embargo, la apreciación de que tan solo serán considerados contrarios los que realicen “menciones conmemorativas” a la dictadura hace que se libre de ser considerado como tal. Y es que en el año 2008 el Tribunal Administrativo de Navarra (TAN) ya publicó una resolución en la que declaraba que los Caídos ya no se trataba de un monumento que constituyese un símbolo franquista por haber sido convertido en una sala de exposiciones y haberse tapado la simbología. Una resolución que ha servido como referencia para varias sentencias judiciales sobre el monumento y que fue publicada antes de que los cuerpos de los generales golpistas Emilio Mola y José Sanjurjo fueran exhumados de la cripta del monumento en 2016.

“Eso de que tapando la inscripción deja de ser un monumento que ensalce el franquismo es un argumento peregrino porque se ha dado ya el caso de que el viento ha levantado la lona y ha dejado al descubierto la inscripción de la fachada principal. ¿Qué pasa, que cuando no hay viento no es un monumento franquista, pero cuando sopla sí?”, apunta Mikelarena en conversación con elDiario.es.

Además del mensaje grabado en la fachada, en el interior del monumento también se taparon varias inscripciones, si bien se dejaron al descubierto los frescos de la cúpula, obra del pintor Ramón Stolz en los que se aprecia a Francisco Javier bautizando en Oriente, en lo que para Mikelarena representa una clara alegoría a los requetés en su “cruzada contra el liberalismo y el socialismo. Todo tiene una lectura carlista de la historia de Navarra”, señala.

El monumento fue construido en 1942 por el arquitecto y miembro de la Junta Central Carlista de Navarra Víctor Eusa en honor a los 4.500 navarros del bando sublevado que fallecieron la Guerra Civil y para albergar los restos mortales de los máximos responsables de la sublevación militar en el 36, Mola y Sanjurjo, así como de otros seis combatientes del bando sublevado, todos ellos exhumados en 2016 en cumplimiento de la ley de Memoria Histórica. Tras el golpe de Estado que dio comienzo a la Guerra Civil en julio de 1936, pocos días después de San Fermín, Pamplona fue una de las primeras ciudades donde los golpistas triunfaron alineándose así con el nuevo régimen. Uno de los líderes de la sublevación fue precisamente Emilio Mola, luego fallecido al despegar del aeródromo de Vitoria, la base de la Legión Cóndor nazi en España.

Es por ello que para Mikelarena, el motivo y la finalidad de su construcción lo convierten en un “monumento franquista”. Además, desde el año de su inauguración la cripta del monumento ha estado reservada para la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, una organización “que hace apología del franquismo”, afirma el historiador, creada en 1939 por excombatientes requetés para “mantener íntegramente y con agresividad si fuera preciso, el espíritu que llevó a Navarra a la Cruzada por Dios y por España”, según sus estatutos, y que hasta hace pocos años los días 19 de cada mes celebraba misas en esta cripta en conmemoración del triunfo del golpe de Estado de julio de 1936.

En 2019 el cineasta y documentalista Clemente Bernad fue condenado a un año de prisión y a una multa de 2.880 euros por colocar una microcámara y un micrófono ocultos en el interior de una rejilla de ventilación de la cripta para grabar estas ceremonias.

El presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva asegura que en el año 2006 el Prior de la Hermandad definió el significado de la pertenencia a la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz como un ejercicio de “continuidad y fidelidad al espíritu y a los ideales de quienes dieron su vida por defender la fe y el Reino de Dios en el alzamiento de 1936” además de definir su labor como una lucha “con diligencia, tenacidad y valentía contra la irreligión, el laicismo y secularismo, la corrupción moral, de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, dispuestos a sufrir persecuciones, recordando siempre el espíritu de nuestros santos y mártires”.

Es por ello que la concepción y sentido de los Caídos suponen para muchos vecinos de Pamplona motivos para su derribo al no existir forma de resignificar un monumento erigido en honor “a los golpistas”. Es el caso de la asociación Txinparta, que junto con otras asociaciones memorialistas, trasladó al grupo parlamentario de Unidas Podemos varias enmiendas en las que se recogía que deberían ser declarados edificios contrarios a la memoria aquellos “surgidos con una finalidad de exaltación del régimen franquista y de transmisión mediante su iconografía de un relato parcial de lo sucedido en 1936-1939 que todavía se mantiene, y que, habiendo albergado además durante décadas actos de conmemoración franquista, han supuesto y suponen un lugar de humillación para las víctimas”, Lo que aludía de forma directa a los Caídos de Pamplona. Según cuenta el presidente de la asociación Txinparta, Koldo Pla, a este periódico, la enmienda fue rechazada en el acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos sin que se les diera a ellos alguna explicación.

Además de la propuesta de derribo, en 2017 el entonces alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, de EH Bildu, convocó un concurso para transformar el edificio y reordenar el espacio urbano, dejando libertad para decidir si mantener, transformar, eliminar o sustituir el monumento. De las 49 propuestas que se presentaron, siete fueron seleccionadas por un jurado para pasar a una segunda fase en la que recibirían aportaciones de la ciudadanía. Esta segunda fase no se llegó a producir, ya que el Tribunal Administrativo de Navarra (TAN) anuló el fallo del jurado por no existir actas o informes que recogieran los motivos de cada selección ordenado que el concurso se retrotraiga a la fase de valoración de todas las propuestas. El nuevo equipo de Gobierno municipal (Navarra Suma) optó en esta legislatura por presentar un proyecto de reurbanización y resignificación del espacio que no contó con el apoyo de ninguna fuerza de la oposición.

Tanto Koldo Pla como Fernando Mikelarena lamentan que la nueva ley de Memoria Democrática no suponga un cambio a la ley anterior en lo que respecta a este monumento. Con todo, varias asociaciones estudiarán la posibilidad de que la ley todavía pueda ser modificada antes de que sea aprobada en el Senado.

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