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Medio siglo de la matanza de Montejurra, otro hito sangriento de la Transición y punto de inflexión para el carlismo

Rodrigo Saiz

Pamplona —
8 de mayo de 2026 22:01 h

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El 9 de mayo de 1976, efeméride de la que esté sábado se cumplen cincuenta años, decenas de miles de personas acudieron como cada año desde 1939 a la tradicional romería del Partido Carlista en Montejurra, montaña situada en la merindad de Estella y que es lugar de peregrinación para los afines a este movimiento por ser el escenario de una de sus victorias en la Tercera Guerra Carlista. La peregrinación, que se inició como un homenaje a los requetés que combatieron en el bando franquista y murieron en la Guerra Civil, se había convertido en los últimos años en un acto subversivo contra el dictador por la facción mayoritaria del carlismo, que había girado hacia un ideario “socialista y autogestionario”. En ese contexto, el aparato del Estado, con Manuel Fraga a la cabeza, colaboró con el bando “tradicionlista” para tratar de “liquidar” al Partido Carlista en unos sucesos que se saldaron con la muerte de dos personas y que dejaron a varias decenas de heridos.

Las posiciones disidentes dentro de carlismo, cuya participación en la Guerra Civil fue decisiva para la conquista de plazas importantes como Pamplona, Vitoria -donde el carlista navarro Tomás Domínguez Arévalo ejerció como primer ministro de Justicia-, Donostia o Bilbao habían comenzado poco después de finalizar la guerra, cuando Franco integró en una única organización, llamada entonces Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), a las dos grandes familias que le apoyaron en la sublevación, los parafascistas y los carlistas. La fractura total entre las dos familias del carlismo se produjo en la década de 1960, cuando el dictador decidió que fuera Juan Carlos, y no el heredero carlista —Carlos Hugo de Borbón-Parma—, quien le sucediera tras su muerte al frente de la jefatura del Estado. En este reportaje se ahonda en la división del carlismo que culminó en Montejurra 1976.

Así, el Partido Carlista liderado por Carlos Hugo con un ideario “socialista”, convirtió la romería a Montejurra del mes de mayo en una de las principales movilizaciones contra el dictador, a las que se sumaban militantes de otras organizaciones de izquierdas, llegando a congregar a más de 100.000 personas, según las crónicas periodísticas de la época. “Se quemaban retratos de Franco y se le llamaba traidor”, recuerda el exsecretario general del Partido Carlista Lázaro Ibáñez.

En 1976, muerto el dictador, y según documentos oficiales desvelados en 2023, el Gobierno de Carlos Arias Navarro, a través de su ministro de Gobernación, Manuel Fraga, planeó la 'Operación Reconquista' para arrebatar el control del acto de Montejurra a la facción del carlismo liderada por Carlos Hugo porque la consideraban una “concentración subversiva contra el Rey D. Juan Carlos”. Así, financiaron el desplazamiento de grupos de extrema derecha como los Guerrilleros de Cristo Rey, el Batallón Vasco Español, así como de la Triple A argentina o neofascistas italianos para acabar con esta facción y devolver la romería al bando “tradicionalista” del carlismo, representado por Sixto, hermano de Carlos Hugo.

Entre ellos se encontraban dirigentes de grupos italianos como Stefano delle Chiaie o Loris Gattelli, de Avanguardia Nazionale, o Elio Massagrande, Mauro Tedeschi, Augusto Cauchi y Pietro Benvenuto di Fu, asociados a Ordine Nuovo. Algunos incluso tenían órdenes de extradición por parte de la Justicia italiana. También había antiguos militantes franceses del Ejército Secreto (OAS), como Jean-Pierre Cherid, y de la Triple A argentina —García Almirón y Emilio Berra—, además de agentes policiales que habían pertenecido a la DINA del general Pinochet en Chile o a la PIDE portuguesa, disuelta por la Revolución de los Claveles de 1974.

Uno de los documentos revelados es una carta que el gobernador civil José Luis Ruiz de Gordoa envía a Fraga el 21 de abril de 1976 y en la que le informa de que ha mantenido una reunión en el hotel Tres Reyes de Pamplona con los dirigentes carlistas cercanos al franquismo Sixto de Borbón y José Arturo Márquez de Prado, quienes muestran “lealtad” al rey Juan Carlos y proponen un plan para frenar la movilización “huguista”. En 2025 el Partido Carlista desveló una carta póstuma de José Miguel Ruiz de Gordoa, hijo del gobernador civil en aquel tiempo, en la que aseguraba que su padre había mantenido una conversación telefónica con Juan Carlos I y Ramón Merino, consejero del Reino y dirigente de la Unión Nacional Española-UNE, en la víspera de los sucesos de Montejurra. 

Incluso la CIA en un informe interno apuntó también a la participación del Estado en la matanza de Montejurra, citando la tesis recogida en el libro de Gregorio Morán 'Adolfo Suárez. Historia de una ambición' de que “cada vez que Fraga planeaba un viaje algo comenzaba a pasar”. Si el 3 de marzo de 1976, en Vitoria, se produjo una masacre de trabajadores en el barrio de Zaramaga, cuando el 9 de mayo de 1976 Fraga se encontraba en Venezuela, el informe de la CIA recoge que “la celebración carlista fue ensangrentada por un episodio oscuro en el que varios servicios de inteligencia estatales jugaron su papel trabajando con grupos terroristas de extrema derecha”.

“La Guardia Civil nos dijo que tenían órdenes de intervenir”

“Sabíamos de esta operación desde días antes”, asegura el ex secretario general del Partido Carlista Lázaro Ibáñez, testigo directo de los conocidos como 'sucesos de Montejurra'. “Incluso avisamos al gobernador civil de que el Hostal Irache —situado cerca de Montejurra— había sido reservado para 200 mercenarios”, añade. Lázaro Ibáñez recuerda que ese 9 de mayo de 1976 amaneció con “neblina y sirimiri” y que el clima “era ya tenso” en Irache, donde se iniciaba el viacrucis a Montejurra.

“Minutos antes de empezar aparecieron en formación a gritos de 'Viva España', 'Viva Cristo rey', 'Acabemos con los rojos' y cargaron con todo lo que tenían: piedras, barras de cobre, porras, garfios...”, relata. “No retrocedimos, fuimos a por ellos”, apostilla. “La Guardia Civil se puso entre nosotros y nos dijo que tenían órdenes de no intervenir”.

Josu Erce, otro carlista presente ese día en Montejurra, fue uno de los heridos aquel día. “Me vi rodeado, tenía dos opciones: dejar que me masacrasen o defenderme. Tumbé a dos con el bastón de monte que llevaba, pero me encontré enfrentado con uno que conocía del SEU —rama de la Falange que aglutinaba a jóvenes nacionalsindicalistas y fascistas— y me pegó en la cabeza con una porra. La boina me protegió, pero me abrieron una brecha y perdí la consciencia”.

Fue en esa “emboscada” de los seguidores de Sixto, acompañados por grupos de extrema derecha, en Irache en la que se produjo el asesinato de Aniano Jiménez. El oficial jubilado del Ejército, José Luis Marín García-Verde, presente en los sucesos y conocido como 'el hombre de la gabardina' por la vestimenta que llevaba ese día, sacó de su abrigo una pistola y asestó varios disparos a bocajarro a Jiménez, que falleció a los pocos días en el hospital. “Tenía una herida en el vientre, lo cogimos y lo llevamos al monasterio, donde le hicieron alguna cura y lo enviaron al hospital”, recuerda Josu Erce.

Pese al enfrentamiento, algunos carlistas, entre ellos el propio Carlos Hugo y su mujer Irene, no interrumpieron su romería y prosiguieron con el viacrucis en ascensión a la cumbre de Montejurra. “Íbamos pidiendo tranquilidad, que no se entrara en provocaciones”, cuenta Lázaro Ibáñez. Pero en la cima había ultraderechistas que había subido el día anterior. “Nos dieron el alto y después nos dispararon varias ráfagas con una ametralladora”, añade. Uno de esos disparos alcanzó a la otra víctima mortal de aquel día, Ricardo García Pellejero. “Y tuvimos suerte porque fueron varias ráfagas y podría haber muerto muchísima más gente”, apunta el ex secretario general del Partido Carlista.

Tras los disparos los carlistas descendieron del monte, mientras que los ultraderechistas huyeron por la ladera contraria “con la ayuda de la Guardia Civil”, denuncia Lázaro Ibáñez. Únicamente tres personas fueron detenidas por esos sucesos, entre ellos el militar retirado José Luis Marín García-Verde, 'el hombre de la gabardina', el que disparó a Aniano Jiménez. Seis meses después, en enero de 1977, fue puesto en libertad por el juez del tribunal de Orden Público, que cerró el sumario. Merced a la ley de Amnistía de ese mismo año, los hechos nunca llegaron a juzgarse. En 2003 la Audiencia Nacional reconoció a las dos personas asesinadas, Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos, víctimas de terrorismo.

El Partido Carlista no pudo presentarse a las primeras elecciones democráticas de 1977 por no ser legalizado por Adolfo Suárez y desde entonces ha ido perdiendo peso paulatinamente hasta convertirse en la pequeña minoría que es en la actualidad. Por el camino llegó incluso a integrarse durante un corto periodo de tiempo en Izquierda Unida. Por otro lado, en los años 80 surgió la Comunión Tradicionalista Carlista, partido fundado por los herederos del carlismo más tradicional y de posiciones de extrema derecha.