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Si no estás cabreado…

El gobierno de España pretende hacernos olvidar que la prestación por desempleo, por ejemplo, tan solo cubre al 55% de las personas en paro

Continúa el flujo de rohinyás a Bangladesh a pesar del acuerdo con Birmania

EFE

Dice un eslogan que puede verse en pegatinas “Si no estás cabreado, no estás prestando atención”. Desconozco su origen. Parece que fue apadrinado por los/as amantes del rock en la contestataria Norteamérica, a partir de los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando personas anónimas, sin vinculación ideológica entre ellas, encontraron en la música una forma de rechazo al odio, al racismo, la discriminación y la violencia. Era un grito político ante una nación que entonaba la crítica a la guerra, pero que se desgarraba por la injusticia social. De todo ello, de lo ocurrido en ese festival revival que se celebró en la ciudad californiana de Indio, con actuaciones estelares de Who, McCartney, los Rolling o Bob Dylan, entre otros, nos hablaban las crónicas, hace ahora un año.

El eslogan, como respuesta política, sigue siendo aplicable a múltiples situaciones cotidianas contra las que conviene mostrar una actitud ferozmente crítica: la persistente crisis económica, la corrupción política inacabable, las tensiones militares en cualquier parte del mundo –ahora, en el sudeste asiático- y un largo etcétera, cuya simple enumeración nos hace subir la adrenalina.

Hay que actuar, sin embargo, con una cierta mesura; es decir, sin renunciar a mostrar nuestra protesta, conviene aderezarla con una buena dosis de prudencia, que haga nuestro catálogo de reclamaciones creíbles. Experimentemos con este nuevo coctel de indignación y templanza, de radicalidad y moderación. Así, podríamos decir:

Si no estás cabreado -razonablemente cabreado- por la tiranía del blanco y del negro, es que no estás prestando atención. Ambos colores absolutos pretenden ignorar toda la variedad cromática existente. Y eso que según la teoría del color, tan del gusto de pintores y pintoras, blanco y negro no son colores primarios, sino que existen a partir de la combinación de otros (de los colores pigmenta, el negro; de las colores luz, el blanco, dicen). Cuando llevamos este malestar a las valoraciones políticas, por ejemplo, nos vemos inmersos en el maniqueísmo del “conmigo” o “contra mí”, del nosotros frente al ellos. Esta lucha de banderizos del siglo XXI sólo demuestra la pequeñez de la argumentación, la endeblez de la posición política. Póngase, a continuación, cuantos sucesos cotidianos se quiera: Cataluña, Constitución, derecho a decidir,…

Si no estás enojado -razonablemente enojado- por la desidia con que los representantes del gobierno de España siguen tratando la acogida de refugiados, es que no estás prestando atención. Recientemente dos nuevos ministros -de Exteriores y de Interior- han sido reprobados en el Congreso de los Diputados por la vulneración del compromiso de acogida suscrito por nuestro país con la UE. Un acuerdo, por cierto,  vergonzante, consecuencia de la reubicación de refugiados/as provenientes de Grecia e Italia (y ajeno, por tanto, a los que se encuentran retenidos en Turquía). Una revisión a la baja de estos acuerdos reduce aún más la partida de acogida española, dejándola por debajo del 50% anterior.

Del compromiso mal asumido tan sólo se ha cumplido el 11% de la acogida ¡después de dos años de funcionamiento del programa! Mientras se suceden las declaraciones bienintencionadas de ayuda a este colectivo,  la realidad se impone: para los 6,4 millones de refugiados en edad escolar, según ACNUR, el acceso a la educación es un lujo; la tasa de escolarización en Primaria se reduce al 61% (91% mundial) y desciende hasta un mísero 23% en Secundaria (84% mundial).

Si no estás colérico –razonablemente colérico- con una sociedad, la nuestra, que no sabe cómo quitarse de encima la lacra de la violencia machista que nos sacude, es que no estás prestando atención. Este verano se ha aprobado finalmente el Pacto de Estado contra la violencia de género con un acuerdo histórico de todos los partidos, incluyendo medidas de prevención en educación, inclusión de los/as hijos/as como víctimas y nueva prestación económica que facilite un nuevo comienzo,…

Solo cabe rogar que se incluya en los discursos tan solo la educación en el porcentaje de compromiso que se esté dispuesto a adoptar

En lo que va de año mientras salen estas líneas, 48 mujeres y 5 hijos/as han perdido ya la vida a manos de sus parejas o exparejas. La situación es aún peor en nuestra vecina Portugal. Sin embargo, esto no ha sido óbice para que un juez haya justificado la violencia de género en situaciones en que la mujer haya sido infiel. Y con estas incongruencias supinas seguimos nuestro quehacer cotidiano.

Si no estás airado -razonablemente airado- con un sistema económico como el nuestro, es que no estás prestando atención. Un modelo neocapitalista que lleva año y medio intentando convencer a la ciudadanía de que, tras el pavoroso incendio que ha sido la crisis, arrasando el pasado, presente y futuro de millones de personas, tan solo quedan unos imperceptibles rescoldos. Dos años después de que todas las organizaciones supranacionales (FMI, Banco Mundial, la propia UE) certificaran el fin de la crisis, en las calles de cualquier ciudad o pueblo el cierre de negocios familiares, el aumento de los contratos temporales y la desazón juvenil por la falta de empleo siguen a la orden del día. Nunca hasta ahora había sido tan grande la distancia entre la macro y la microeconomía.

Si no estás harto –razonablemente harto- de escuchar que vivimos en el país que más y “mejor” crece de Europa, es que no estás prestando atención. El gobierno de España pretende hacernos olvidar que la prestación por desempleo, por ejemplo, tan solo cubre al 55% de las personas en paro, en 2016 (en 2010 era del 78%); o que hay más de 650.000 hogares (donde viven 1,3 millones de personas) en los que ninguno de sus miembros percibe rentas salariales y el 27,9% de la población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social (CCOO. Gaceta Sindical nº 327, julio, 2013). ¿Queremos insistir en este tipo de crecimiento que sigue haciendo crecer la desigualdad social?

Para finalizar, si no estás cabreado –razonablemente cabreado- porque la educación sea el tema preferido en los discursos de la política mundial, es que no estás prestando atención. Sin embargo, la realidad señala que las consecuencias que producen estas políticas neoliberales actuales sobre este derecho universal siguen dentro de una desidia generalizada. Dicen los expertos, que se dedican a este tipo de análisis, que no hay disertación pública de político/a  que se precie que no contenga un mínimo del 25% de alusiones al ámbito educativo. Sin embargo, cuando llega la hora de la rendición de cuentas, de la revisión de lo conseguido y de lo pendiente, estos discursos minimizan las referencias. Ante esta situación, solo cabe rogar que se incluya en los discursos tan solo la educación en el porcentaje de compromiso que se esté dispuesto a adoptar y que sea susceptible de una evaluación externa e interna, tan del gusto de cuantos/as gestionan el ámbito educativo, cuando se trata de calibrar a otros.

En fin, y volviendo al eslogan inicial, parece que los cabreos aquí descritos deberían situar  a las personas que prestan la debida atención. Podría concluirse que se trataría de personas preocupadas con la realidad que les circunda, atentas ante los silencios ofensivos y profundamente críticas con las injusticias manifiestas.

Sí, estamos cabreados y cabreadas.

https://elpais.com/elpais/2017/10/20/planeta_futuro/1508507081_157491.html

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