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La prensa ha muerto ¡Viva el periodismo!

El titular de esta columna es un tópico que se repite en los últimos años. Pero refleja muy bien dónde está el sector periodístico. Dónde va es otra cosa y saberlo nos costará unos años. Probablemente, con lo acostumbrados que estamos los periodistas a decir hacia dónde navegan los demás, no seamos capaces de responder hasta que ya estemos allí. Cuchara de palo.

Que la prensa ha muerto es un adelanto que manejamos todos los medios, una noticia que no ha sucedido todavía, pero que está a punto de ocurrir. Los cambios tecnológicos, por un lado; la mala política empresarial y editorial de casi todas las grandes empresas -especialmente en España-; y los enormes costes industriales y la distribución hacen que la prensa de papel esté a punto de morir. O, cuando menos, de cambiar drásticamente y desaparecer del día a día. Por estas razones, dado que el papel ha sido hasta hace poco la bandera de nuestra profesión, en todo el mundo la prensa se enfrenta a la obligación de cambiar. Pero con una incertidumbre casi insoportable.

Sabemos que el diario de papel no es rentable ni en términos periodísticos -su actualidad es efímera ante el empuje de las redes y los medios digitales- ni en términos económicos: el material y su distribución son tan caros y la publicidad ha bajado tanto que el equilibrio es casi imposible. Sabemos que los lectores cuestionan -en demasiados casos, con razón- la independencia de los medios respecto a los poderes públicos o económicos. Y sabemos, al mismo tiempo, que los lectores reclaman más que nunca tener información inmediata. Y remarco inmediata. Nunca se ha consumido más información que ahora. Nunca antes las televisiones generalistas han programado más géneros informativos en ‘prime time’. Nunca antes la ciudadanía había leído, visto y oído tantos impactos informativos.

Entonces, si hay demanda de información ¿por qué muere la prensa?. Por dos razones, una económica ya mencionada (costes de papel y distribución) y la otra causa nos hace a los periodistas culpables: dejar de hacer periodismo. Hemos dejado durante demasiado tiempo de preguntar; nos hemos sentido cómodos en el sofá de las instituciones; se nos ha olvidado contar lo que no se quería oír; hemos escrito para los políticos y para los compañeros de profesión; hemos dado la espalda a los desahuciados, a los trabajadores, a las mujeres maltratadas… incluso a los políticos honestos, que los hay a patadas, para hablar solo de los corruptos (que también hay en manada, aunque mucho menor que la de los honestos). Nos hemos centrado en la rentabilidad económica del medio (esto más las empresas, pero somos corresponsables) y en la rentabilidad social del titular fácil y cómodo.

La solución al sector es muy sencilla: volvamos al periodismo. La audiencia reclama información y nosotros sabemos buscarla y ofrecerla. Pero volvamos al periodismo del rigor, de valores sociales, comprometido

Por lo tanto la solución al sector es muy sencilla: volvamos al periodismo. La audiencia reclama información y nosotros sabemos buscarla y ofrecerla. Pero volvamos al periodismo del rigor, de valores sociales, comprometido. Eso es lo que intentamos en eldiario.es y todos sus medios asociados. Y sé, porque tuve el honor de inaugurar y dirigir eldiarionorte.es, que esas premisas son también el ADN de este medio. Si lo cumplimos o no, les corresponde juzgarlo a ustedes. Pero nuestra intención es poner al lector por delante de todo sin perder nuestra obligación función crítica.

Por lo tanto, el modelo de éxito es hacer periodismo. Pero periodismo de verdad. Hace unas líneas he puesto que la ciudadanía demanda información inmediata. Eso es cierto, pero ahora también ese es nuestro nuevo riesgo. La velocidad a la que ahora trabajamos nos impide demasiadas veces analizar, contrastar y verificar las noticias con la mano de cirujano que la actualidad exige. Y ese es nuestro reto. Digital no es rápido, no es inmediato, no es superficial. Digital es, cuando se hace bien y con rigor, periodismo tan bueno como lo fue (y sigue siendo en algunos casos) el de papel o el de la radio.

La prensa ha muerto. Es una cuestión tecnológica. Pero al periodismo lo hemos malherido nosotros y solo nosotros podemos salvarlo. Vamos a ello. Ayúdenos como lector implicándose como mejor pueda.

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