LOS LANZALLAMAS
Karina Milei, la mano que mece el diván del presidente
¿Es una hipérbole pensar en Macbeth cuando se habla de los hermanos Milei? Podría ser un exceso caer en la tragedia pero la realidad argentina lo es, es decir, el contexto es propicio y la relación de Karina y Javier está cruzada, como en el drama de Shakespeare, por el esoterismo. Su peripecia está llena de anunciaciones y visiones. Tampoco esto es nuevo en el país del sur. Ni el ocultismo ni el nepotismo.
Juan Perón regresó del exilio al país en 1973 acompañado de su esposa, Isabel Martínez, que acabó convirtiéndose, solo por el vínculo familiar, en vicepresidenta al ganar Perón las elecciones generales y, a la muerte de este, ocupar la primera magistratura. El ocultismo, entonces, corría por cuenta del secretario del general, José López Rega, un exfuncionario policial que llegó a ser ministro y crear la Triple A, un grupo parapolicial de extrema derecha. López Rega, conocido popularmente como “el Brujo”, se autodefinía como “un hacedor de milagros, capaz de resucitar a los muertos y leer los pensamientos ajenos”, según cuenta el escritor Tomás Eloy Martínez.
Los desequilibrios emocionales de Javier Milei son un secreto a voces y, en estos días, comienzan a ser una preocupación pública, debido a los extensos periodos de ausencia en la Casa Rosada y su escasa actividad oficial en la residencia presidencial de Olivos. No deja de llamar la atención que recién en el tercer año de su gobierno su salud emocional sea vista como un problema. En el libro El Monje, una biografía no autorizada de Santiago Caputo, su asesor de comunicación, los autores, Maia Jastreblansky y Manuel Jove, cuentan que en su ponencia de 2025 en Davos, cuando fuera de contexto y lejos de cualquier racionalidad vinculó la homosexualidad con el abuso infantil, ese discurso si bien fue escrito por Caputo, este se vio obligado a reescribirlo muchas veces hasta alcanzar el tono de disrupción extrema exigido por el presidente. La prosa es del asesor, la impronta es de Milei. El mundo se quedó perplejo pero el círculo de poder económico argentino lo tomó como una boutade más de Javo. The Economist, ante el inminente triunfo de Milei en las elecciones presidenciales de 2023, hizo una advertencia nada discreta: “intemperante, impulsivo y extravagante: hay pocos indicios en el señor Milei que sugieran que sea el salvador que Argentina necesita”.
La cuestión es que él sí cree ser el salvador; alguien designado por un dios para esta misión.
La infancia de Javier Milei, contada por él mismo, es una suerte de via crucis sembrado de bullying escolar y maltrato paternal. Una de las secuencias más crueles es la que describe como víctima, con solo once años, frente a la fuerza de su padre descargándose sobre él. Ese día, según refleja el periodista y escritor Juan Luis Gonzáles en Las fuerzas del cielo, en medio de la paliza entre un adulto de físico rotundo y un niño en edad escolar, un grito desgarrador impuso una pausa al calvario: Karina clamaba el socorro para su hermano. Javier, cuarenta años después, no recuerda el motivo, siempre banal, de aquel castigo pero sí ese momento revelador: vio un rayo de luz que desde lo alto se depositaba en su hermana y cómo su padre retrocedía ante esa escena. Era una fuerza del cielo que descendía y los había elegido, asegura Javier.
Las fuerzas del cielo es el nombre del equipo que desde la burbuja virtual acompaña a Milei. Ese grupo, central en la campaña electoral a la presidencia y buena parte del mandato, lo controla el asesor Santiago Caputo, quien junto con Karina y el presidente conforman “el triángulo de hierro”, como lo denomina el propio Milei. Toda la nomenclatura del poder cuenta con el misticismo que proyectan los hermanos.
Así como Javier vio bajar la luz a través de la intervención de su hermana, vería más tarde que “el Uno”, giro que utiliza para referirse a Dios, le señalaría el camino a la presidencia. A finales de 2021, escribe González en su libro, en un acto celebrado la noche de la votación que lo eligió diputado nacional, sorprendió a propios y extraños anunciando que se presentaría a las elecciones generales en 2023: “Yo no vine acá a guiar corderos, vine a despertar leones”, sentenció y a todo quien se interesara por su repentina decisión, aseguró: “El Uno me dijo que voy a ser presidente en 2023. Esa es la misión”.
Nada de todo esto es ajeno a Karina.
El periodista de investigación Hugo Alconada Mon escribe que, en su círculo de amistades, Karina no oculta su afición “a las energías, las constelaciones, la biodecodificación y el aura de las personas”. Mucho más restringido aún es el grupo con el cual habla de la veterinaria Celia Melamed, una profesional que trasciende el campo científico para conversar con las mascotas. Según Juan Luis González, Melamed es la médium que permitía dialogar a Javier Milei con su difunto perro Conan y que después entrenaría a Karina en esa disciplina que Melamed llama “comunicación interespecies”.
Como se deja traslucir de los testimonios, Karina es la sombra de Javier en lo humano y el enlace con todo aquello que trasciende a esa condición.
Karina Milei ocupa el cargo de secretaria de presidencia, para cuyo nombramiento hubo que derogar un decreto que impedía ocupar el puesto a familiares directos del presidente. Desde esa posición conforma con su hermano una suerte de diarquía, ya que su poder es similar al del mandatario: más que una secretaria es una suerte de primera ministra o, como alguna vez dijo Milei, una primera dama. Karina, autora del nombre oficial del partido, La Libertad Avanza, preside la mesa política del Gobierno y nada que ocurra en ese espacio es ajeno a su mirada. Controla los desbordes del presidente para contenerlo, un trabajo constante, y maneja con mano firme el espacio político.
“Ella ejecuta lo que él quiere, pero cuando no están de acuerdo en algo que a ella realmente le importa, Karina no discute con Javier, se limita a dejar de hablarle, durante días si es necesario, hasta que él termina cediendo. Ya lo aclaró Javier, ante una cámara de televisión: ´Karina es más inflexible que yo’. Le dicen ‘Kari’, ‘la tarotista’, ‘la bruja’, ‘la pastelera’ [repostera] y, por encima de todo, ‘el Jefe’. Así la llama él en público y así la llaman todos en el espacio libertario”, confiesa una fuente del entorno oficial a Alconada Mon.
¿Cuál es, realmente, la habilidad o la inteligencia de Karina Milei, quien, viniendo desde el llano comparte con el presidente la gestión del destino de un país? Es la pregunta que se hace Victoria De Masi, autora del libro Karina. La hermana. El jefe. La soberana. No da una respuesta cerrada pero propone elementos para poder pensar en una suerte de Pigmalión. Alguien que convirtió en conferencista a un cantante de covers de una banda juvenil, que le llevó a la televisión; que explotó su magnetismo para construir un personaje que subió a una tribuna y que, después de diseñar dos campañas electorales colocó a su hermano primero en el Congreso y después en la Casa Rosada. Da vértigo y provoca cierto temblor cuando Milei la llama “El Jefe” y más aún: “Kari es Moisés. Es un ángel, el ser más maravilloso del universo. Casi que no es humana”.
Los gobiernos de Carlos Menem en los años noventa ratificaron el rumbo económico fijado por la dictadura militar a partir de 1976, esto es, una economía primaria, extractiva, de servicios y con un fuerte entramado financiero. Los largos años del kirchnerismo si bien se caracterizaron por una redistribución amplia, no cambiaron esa matriz originaria; Cristina Kirchner lo admitió como una mancha en su gestión. Milei ha venido a corregir cualquier duda sobre un modelo que cumple medio siglo. El círculo económico argentino, de alguna manera, tiene razones para no detenerse a reflexionar sobre la salud mental del presidente. Una conversación sobre ética y estética que les queda lejos.
Macbeth se relaja cuando las brujas le dicen que su corona solo correrá peligro si el bosque avanza sobre el castillo. No sabe el monarca que la profecía encierra una metáfora: el ejercito enemigo cruzará la noche camuflado con ramas cortadas en ese monte. Una figura histriónica, disruptiva, incontinente (y extravagante, como apuntó The Economist), es un obstáculo para observar el bosque. Eso no impide que tarde o temprano los árboles echen a andar.
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Con este perfil se cierra la serie Los Lanzallamas una extensa galería de figuras oscuras de nuestro tiempo. A partir de la próxima semana comienza un nuevo ciclo, Los Partisanos, en la que visitaremos perfiles que se sitúan en las antípodas, voces que intentan poner un poco de luz en la travesía de este siglo.