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Opinión - 'Un 17M que pide luces largas', por Esther Palomera

Un 17M que pide luces largas

18 de mayo de 2026 21:34 h

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“Elegir a la ministra de Hacienda (la que recauda impuestos y hace un pacto de financiación con Cataluña) y vicesecretaria general del partido de Cerdán, antes de Ábalos, es un doble error. Visto el avance de Adelante Andalucía puede pensarse que un candidato que hubiera hecho un Manuel Clavero o un Rafael Escuredo habría sido la mejor opción. 

(...) La frecuencia sanitaria en Andalucía entre los menores de 65 años es baja, por lo que no les angustia tanto el deterioro de la pública, si bien estoy convencido de que la sanidad le ha quitado la mayoría absoluta a Moreno. 

(...) Pedro Sánchez es el referente internacional más potente de la izquierda, con un gobierno que funciona. Pero, el PSOE está hecho unos zorros. Y eso se nota en una campaña en la que María Jesús Montero no ha pisado la calle y en la que el voto joven se nos ha ido“.

Quien así habla es un viejo, pero lúcido socialista que no ha participado en ninguna de las guerras internas de la última década, que no tiene responsabilidades institucionales y tampoco orgánicas; que conoce mejor su partido que todos esos que a diario pían ante los micrófonos de los medios y que, yerre o acierte en su análisis, sabe bien que de nada sirve taparse los ojos ante la debacle. Y tampoco, intentar pasar cuanto antes la página del desastre, que es lo que pretendió este lunes la dirección federal del PSOE con los peores resultados electorales que ha cosechado en las urnas andaluzas en el último medio siglo y su quinta derrota consecutiva desde las autonómicas de 2022.  

El contraste entre su reflexión y el argumentario que la portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, Montse Mínguez, desplegó ante los medios de comunicación no solo ofende la inteligencia de cualquier socialista, sino que proyecta la imagen de una dirección que es incapaz de hacer un análisis crítico de los motivos reales de su desconexión con la ciudadanía. Sostener todavía hoy que la mejor candidata para medirse con Moreno Bonilla es María Jesús Montero o que quien ha fracasado en Andalucía es el PP, tras haber sumado el 41,5% de los votos y una distancia sobre el PSOE de 19 puntos es burlarse de la historia del socialismo andaluz. 

No crean que, a puerta cerrada, en la reunión de la Ejecutiva que presidió Pedro Sánchez se dijo algo distinto. Lo que hubo fue una sucesión de lugares comunes y ni una sola reflexión crítica sobre la candidatura o la estrategia seguida. Esto además de fiar la suerte del PSOE a lo que deparen las coaliciones de gobierno entre PP y Vox en los diferentes territorios.

Pero no fue solo el PSOE quien ha interpretado en la resaca electoral el papel del ciego que no quiere ver o el sordo que no quiere escuchar porque Feijóo hizo lo propio con un análisis de los resultados del PP tan miopes como los que hizo de los suyos el socialismo oficialista. Ignorar, como hizo el líder de las populares, su absoluta dependencia de Vox en las cuatro Comunidades donde se han celebrado elecciones en los últimos seis meses, no mencionar la pérdida de la mayoría absoluta ni querer valorar la negativa de Moreno a aceptar la “prioridad nacional” que ya exige y es un intento baldío de acelerar la campaña de unas generales que todavía no tocan.

Olvida también Feijóo que él no es Moreno Bonilla y que, con mayoría absoluta o sin ella, el presidente de la Junta está casi 20 puntos por delante de los socialistas mientras que su ventaja sobre Sánchez es hoy de menos de 5 puntos y su valoración es la peor de todos los líderes nacionales. 

Los resultados de Andalucía, aunque lo oculte Feijóo, arrastran al PP a un escenario inquietante con un acuerdo más de gobernabilidad condicionado por los ultras de Vox. Y todo indica que así será también en España cuando se celebren elecciones generales. Hasta entonces, nada hace indicar que el PP vaya a bajar los decibelios del estruendoso ruido parlamentario o a replantear su estrategia del insulto, la grosería y la excitación permanente. 

No pasará porque el secretario general del PSOE sigue siendo Pedro Sánchez, el artífice del “no es no”, pero haría bien el socialismo andaluz en poner las luces largas. Y sopesar si a Andalucía y al PSOE les merece la pena que dos de sus parlamentarios se abstuvieran en la investidura del candidato popular, que quedó a tan solo dos escaños de la mayoría absoluta. 

La decisión evitaría que la formación de Abascal entrara en otro gobierno y, de paso, dejaría en evidencia la hiperventilada hoja de ruta de un Feijóo echado en brazos de la ultraderecha. El problema lo tendría el PP y no el PSOE. Para eso, claro, Moreno tendría que aceptar un salvavidas que le evitaría pasar por el aro de la “prioridad nacional” y de todas las guerras culturales de los ultras, algo que rechazó de plano Mañueco cuando se lo ofreció el socialista Carlos Martínez para facilitar la gobernabilidad de Castilla y León. Ganaría el PSOE para su necesaria reconexión con la ciudadanía, ganaría Andalucía y ganaría Moreno, sí, pero Feijóo quedaría retratado y neutralizado.