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La derecha nunca tuvo 12 millones de votos

La candidata de Unión Progreso y Democracia a la presidencia del Gobierno, Rosa Díez, durante la rueda de prensa tras conocer los resultados electorales en noviembre de 2011.
24 de octubre de 2026 22:25 h

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Andan diciendo algunos que el máximo respaldo de la derecha en unas elecciones generales fueron los 12 millones de votos que en 2011 obtuvieron PP y UPyD, pero esa cuenta es un disparate.

Aunque escuchar a Rosa Díez hoy no ofrezca dudas sobre su posición ideológica derechizada, obviar su evolución y dar por hecho que en 2011 pensaba igual constituye un sesgo retrospectivo del tamaño de la catedral de Burgos. Y vicia el análisis sobre las perspectivas electorales de PP y Vox el 29N. El voto de UPyD de 2011 no se puede considerar de derechas ni por la procedencia de sus votantes, ni por el programa del partido ni por sus cuadros ni por su militancia. 

En las generales de 2008 UPyD obtuvo 300.000 sufragios y en 2011, 1.140.000. Es decir, ganó 800.000 votos. En el mismo periodo el PSOE perdió cuatro millones. Estábamos en plena crisis económica y financiera, Zapatero había hecho los primeros recortes impopulares y se había gestado un hondo descontento, una de cuyas manifestaciones fue el 15M. Pese a que el bipartidismo tocó su cima electoral en 2011, estaba herido de muerte en los corazones de la gente, solo que la grieta se empezó a abrir bajo el suelo del PSOE. El PP mejoró su resultado en unos 600.000 votos. 

Para sus estudios postelectorales, los encuestadores del CIS preguntaron a los votantes de UPyD de 2011 a quién habían votado en 2008, lo que se llama “recuerdo de voto”. Más o menos un tercio venía de la propia UPyD, un 37% del PSOE y el tercio restante se repartía entre el PP (13%), la abstención, otros partidos y nuevos votantes. Los datos corroboran una transferencia masiva del PSOE a UPyD, lo cual casa con el incremento simultáneo del PP. 

Se podría pensar que todos esos ex votantes del PSOE se habían derechizado de golpe, pero entonces ¿por qué votar a un partido de fuerte impronta socialdemócrata? El programa de UPyD tenía una orientación social indiscutible, por ejemplo, en la garantía de las pensiones y su financiación con cargo a los presupuestos de ser necesario. UPyD nunca mantuvo el discurso restrictivo de la derecha (de entonces y de ahora). Es más, proponía innovaciones sociales, como la prestación por hijo a cargo. La regeneración democrática era netamente progresista y la abolición del sistema fiscal vasco y navarro constituye una política fiscal progresista, pues quiere eliminar privilegios históricos que enriquecen a territorios ya ricos.

Sin duda, UPyD era un partido jacobino. Defendía un Estado común fuerte, pero no por motivos esencialistas, sino sociales y de igualdad. Que la Educación y la Sanidad fueran competencia del Estado fortalecía el Estado del Bienestar y garantizaba la igualdad de todos los ciudadanos. Viendo hoy con qué facilidad la Comunidad de Madrid ningunea a los profesores en huelga se entiende cuánto mayor sería su fuerza si la protesta fuera estatal.

Ya desde el Congreso de 2009, bajo inspiración alemana, el partido apostó por un “Estado federal cooperativo”. Federal, sí, ese sinónimo de “anticristo” en los diccionarios de la derecha. Muchos votantes de UPyD pensaban —pensábamos— que el nacionalismo esencialista es conservador por naturaleza, también cuando viene de las periferias. UPyD defendía con naturalidad España y eso facilitó a muchos arrinconarlo en la derecha por pereza intelectual o interés táctico, pero nunca con rigor analítico.

Por tanto, si el voto procedía en gran parte del PSOE, si el programa era de raigambre socialdemócrata y la propuesta de Estado, federal, ¿era un pato o no era un pato? Los líderes dan pistas: Rosa Díez procedía del Partido Socialista, como el recientemente fallecido Luis de Velasco. De los otros cuatro diputados del Congreso, al menos tres habíamos publicado suficientes libros y artículos como para que se conociera nuestra orientación a la igualdad, la estrella polar de la izquierda. 

En mi experiencia como diputada independiente celebré numerosas reuniones con los líderes y cuadros autonómicos, hablé con numerosos afiliados de base. Era gente de centro, de centroizquierda y, en una cantidad no menor, muy de izquierda. Más allá de mi intuición, según el CIS los votantes de UPyD se autoubicaban en el 4 y el 5, centro y centro-izquierda. Hubo gente de derechas, sin duda, pero eran los menos. 

Ni los líderes, ni los cuadros, ni los intelectuales vinculados a UPyD eran de derechas en 2011. Mucho menos lo era el millón largo de votantes. No sé dónde están hoy y averiguarlo es un trabajo arduo, pero tiene un punto de partida inequívoco: la derecha no obtuvo 12 millones de votos en 2011. Afirmarlo es una falsedad histórica y siembra confusión sobre las expectativas reales del PP y Vox el 29N. 

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