“El desahucio del okupa de Moncloa”, o la miseria del lenguaje político
Leído en la prensa de este fin de semana: “¿Desahucio en La Moncloa?”. “Junts abre la puerta al desahucio de Sánchez de La Moncloa”. “En vivienda, el desahuciado es el Gobierno”. “El desahucio que necesita España es el de Sánchez, el okupa de La Moncloa”. “Un gobierno desahuciado pero okupa”. “Sánchez, moratoria de su desahucio de La Moncloa”… Y escuchado en las ruedas de prensa y declaraciones dominicales de PP y Vox: “El único desahucio que preocupa a Sánchez es el de La Moncloa”. “Hacen falta elecciones para el desahucio de Sánchez”. “Desahuciar a Pedro Sánchez es la única forma de arreglar el problema de la vivienda”…
De los creadores de “el okupa de La Moncloa”, llega ahora a sus pantallas “el desahucio de Pedro Sánchez”. A la derecha política y mediática le hace mucha gracia estos días usar el drama de los desahucios como metáfora política en su batalla contra el gobierno. En los mismos días en que familias vulnerables son sacadas por la fuerza de sus casas y dejadas en la calle con niños, personas con discapacidad y gente desesperada que no tiene a dónde ir; portavoces, columnistas y tertulianos tontean con el tema. Y seguirán en próximos días. Hasta podrían usarlo de lema para la campaña electoral venidera: “Desahuciemos a Pedro Sánchez”.
O un lema mejor: “Desahuciemos al okupa de la Moncloa”, pues desde el primer día lo han tratado como tal. No como un presidente legítimo, elegido democráticamente en elecciones y con mayoría del Congreso, sino como un delincuente que se hubiese colado en la presidencia forzando la puerta y aprovechando que el legítimo propietario había salido a comprar pan, como esos casos inverosímiles que rellenan los matinales televisivos justo antes de la publicidad de alarmas de hogar.
Lo de “el okupa de la Moncloa” no te creas que lo inventaron tras las elecciones de 2023 y el pacto con Junts a cambio de la amnistía, qué va. Ni siquiera surgió en las anteriores generales de 2019 por su alianza con Podemos y el voto favorable de los “bilduetarras”. A Sánchez le llamaron okupa nada más tomar posesión, tras la moción de censura de 2018. En el desfile de la Hispanidad de aquel año ya fue el grito más coreado: “¡okupa, okupa!”. Ocho años con la misma cantinela.
Okupa, desahucio… El marco mental está claro, y de tan obvio no parece inconsciente sino intencionado: la derecha se siente propietaria natural de España, no admite otro inquilino en el gobierno. Y quien quiera vivir en la Moncloa, lo será solo mediante alquiler temporal, aceptando las condiciones del auténtico dueño, que en cualquier momento puede reclamar lo que es suyo. La metáfora corre sola, no hace falta que me extienda: como en los desahucios que vemos a diario, en este caso también hay malos caseros, grandes tenedores (del poder), buitres y matones de desokupa que meten miedo.
Cada uno elige sus metáforas, su campo semántico y su lenguaje político, y doy por hecho que a la derecha y ultraderecha les funciona entre su electorado. En cambio, para quienes estos días sitúan la emergencia de vivienda en el centro, la sufren en sus carnes (con desahucios nada metafóricos) y se movilizan por ella, estos juegos de palabras suenan a lo que son: pura miseria.
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