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Para Frente Amplio, el de PP y Vox

20 de octubre de 2026 21:36 h

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Tú no te acuerdas porque eres muy joven, pero hubo un tiempo en que el Partido Popular intentaba distanciarse de Vox, temía un castigo electoral si los electores sospechaban un entendimiento, y decía defender principios incompatibles con la ultraderecha.

Intenta leer lo siguiente sin reírte, o sin llorar en caso de que seas votante centrista del PP (alguno quedará): “No a la polarización, no a esa España a garrotazos, en blanco y negro, de trincheras, ira y miedo, no a esa antipolítica cainita de izquierda o de derecha destinada a hacer que los españoles se odien y se teman (…). El PP no somos ni furia ni ruido, no alimentamos fracturas, queremos cerrarlas, creemos en una sociedad abierta y libre”.

Lo dijo Pablo Casado, uno que fue breve presidente del PP hace lo menos ochenta o noventa años, y que no era precisamente del ala izquierda. Lo dijo en el Congreso de los Diputados, en 2021, en la moción de censura presentada por Vox. A Santiago Abascal le dijo en toda la cara: “No somos como usted porque no queremos ser como usted”, y remató con un rotundo y orgulloso “¡hasta aquí hemos llegado!”.

Luego llegó Alberto Núñez Feijóo, que venía de Galicia con vitola de centrista, derecha moderada, hombre de Estado y política para adultos. Pues hasta él mantuvo durante un tiempo el discurso de “no somos como Vox”. En las elecciones de 2023 sudó la gota gorda por los pactos que sus barones regionales y alcaldes ya negociaban con la ultraderecha, pero el líder del PP repitió una y otra vez que no pensaba gobernar con Abascal de vicepresidente.

Su portavoz, el moderadísimo Borja Sémper, presentó aquella precampaña en una playa de mentirijilla (“Verano azul” la llamaron), habló de “alegría, ilusión y fiesta”, y prometió que el PP “no va a acceder al poder a cualquier precio que perjudique los avances sociales ni los espacios de libertad”, “no renunciaremos a nuestros principios”, “no nos vamos a dejar contaminar”. (Nota para el editor: añadan aquí unas risas en lata).

El mismo portavoz moderadérrimo que hoy defiende las posibles listas al Senado pactadas con Vox porque “hay que hacer cosas para garantizar el cambio en España”, tomar “decisiones históricas”. El mismo portavoz moderado-plus-ultra que, desde que regresó a la política, se ha tragado un sapo tras otro sin perder la sonrisa, y ha justificado todos los acuerdos autonómicos y cada mercancía comprada a la ultraderecha, incluida la “prioridad nacional”.

El PP de 2026 no es el de 2023, y menos el de 2021. El PP hoy no disimula su “frente amplio” con Vox, porque sabe que su electorado no le va a penalizar, y que el mayor riesgo no es que sus votantes se abstengan o busquen un partido de centro (si queda algo ahí), sino que se fuguen a Vox por encontrar a Feijóo blandengue. También cree el PP que la entente de la derecha y la ultraderecha no asusta tanto ni moviliza al votante de izquierda como podía hacerlo hace tres años, a la vista de las victorias autonómicas que ha seguido cosechando, y la mayoría que le auguran las encuestas.

En otros países europeos también hay partidos de centroderecha y tradición democristiana que se entienden con la pujante ultraderecha, pero han tardado décadas en sentarse siquiera a hablar. Aquí Vox llegó a las instituciones hace ocho años, y está a punto de sentarse ya en el Consejo de Ministros. Aquella broma que se hacía sobre “el largo viaje al centro” del PP, que parecía no llegar nunca, pues mira lo rápido que ha corrido para regresar a la derecha, y seguir corriendo más allá.