Llega el populismo 3.0
Lo dije ayer y hoy lo mantengo: yo no creo que Zapatero sea el malo de esta película. Pero voy a ir más allá: tampoco creo que se trate de un caso de lawfare. No tengo ninguna razón para pensar que el juez no está haciendo lo que cree que es correcto, con más o menos acierto, como todo el mundo.
Y a lo mejor aquí te pierdo, pero voy a continuar extendiendo el argumento un poco más: tampoco creo que la oposición, en el arco que va desde Gabriel Rufían hasta la derecha liberal y democrática, esté actuando con mala fe cuando fiscaliza, insiste en que se den todas las explicaciones, incluso pide la dimisión del presidente del Gobierno. Ese es su papel. Su parte del trabajo democrático. Si en lugar de a Zapatero, un juez hubiera imputado a Rajoy, la izquierda estaría haciendo exactamente lo mismo -y estaría bien-.
Pero hay unos tipejos en todo esto que no cumplen ninguna función democrática. Al contrario: subvierten los mecanismos del pacto social para hacernos creer que es un fracaso. Por ejemplo: usan la identidad del periodismo para contar mentiras. Y lo hacen no por convicción, porque si de verdad pensaran que hay un sistema mejor que la democracia lo que deberían hacer es proponer abolir el sistema o dar un golpe de Estado; lo hacen en su propio beneficio: para seguir jugando a este juego mientras arrasan el campo para todos los demás.
Estos señores son populistas, se han convertido en un fenómeno global y tienen en común un discurso que sostiene que el sistema democrático está irreparablemente roto. No que tenga problemas reales, pero también solucionables, como todos los sistemas complejos, sino que estamos en manos de una élite radical y corrupta que solo busca su propio beneficio y contra la que no hay nada que hacer, salvo votarles a ellos. Aunque toman muchas formas, es muy fácil identificarles: son esas personas a las que les va mejor cuanto más nos odiamos el resto.
Uno de sus principales exponentes se llama Steve Bannon y es un personaje que lleva alentando el odio en Estados Unidos desde que Obama llegó al poder. Fue en su día el creador de la idea de MAGA (Make America Great Again), aunque su contribución más duradera no es un eslogan: es una estrategia. Como describió a un periodista en 2018, los demócratas no importan, la verdadera oposición es la prensa, y la forma de lidiar con ella es inundar la zona de mierda; “flood the zone”. Esa es la doctrina. No sé si te suena.
Se trata de producir tantas afirmaciones contradictorias, escándalos simultáneos, indignaciones cruzadas y teorías paralelas que el ciudadano medio renuncie a distinguir lo verdadero de lo falso. No te tienen que convencer de que su versión es cierta. Les basta con que pienses que ninguna versión lo es. Que todo es ruido. Que todos son iguales. Y que da igual quién gobierne. Que la prensa miente, los jueces son corruptos, los políticos roban y la única salida es alguien que venga a reventarlo todo.
Steve Bannon, como el resto de populistas en el mundo, tiene un problema. Comenzaron señalando a la “ciénaga”: a la clase política, cultural y administrativa de Estados Unidos. Pero cuando Trump llegó al poder a aquel discurso se le empezaron a abrir las costuras: es muy difícil criticar la ciénaga si tú eres el reptil-en-jefe. Entonces viraron el foco y en los últimos años se han echado encima de los inmigrantes como culpables de todos los males de la sociedad. De aquel movimiento nació la idea de “America First”, o lo que es lo mismo, de la “prioridad nacional”.
Pero también aquella estrategia se les volvió en contra cuando las imágenes de la brutalidad del ICE hicieron que se desplomase la valoración de un grupo de votantes que Trump necesita para ganar las próximas elecciones al Congreso y al Senado en noviembre: los latinos. Así que hace unos días Steve Bannon presentó la última versión, renovada, mejorada, reluciente, del populismo. Se llama “Humans First” y promete una “rebelión conservadora contra la inteligencia artificial”.
Subido a ese nuevo enfoque, Bannon propone que la inteligencia artificial es la nueva amenaza existencial contra la clase trabajadora americana: una tecnología desarrollada por un puñado de multimillonarios de Silicon Valley que va a destruir millones de empleos, concentrar el poder económico como nunca antes y dejar al ciudadano de a pie sin trabajo, sin propósito y sin futuro. La solución, dice, es frenarla: regularla, fiscalizarla, ponerle límites éticos, exigir que cualquier despliegue de IA proteja primero a los humanos -de ahí el nombre- antes que a los accionistas. Donde ayer el enemigo eran los burócratas de Washington y anteayer los inmigrantes, hoy son Sam Altman, Elon Musk, Mark Zuckerberg y el resto de “señores feudales digitales” que pretenden, según Bannon, sustituir a la humanidad por sus máquinas.
Esta nueva versión del mismo discurso es mucho más ambiciosa que la anterior; tanto que su publicación coincide con una encíclica que el Papa se ha comprometido a promulgar en los próximos días sobre el mismo tema. Además de con la iglesia católica, el nuevo proyecto populista comparte enemigo -en parte- con los demócratas cuando señala a los technobros de Silicon Valley como símbolo de esa élite que se ha escapado del control popular. Pero si atendemos al argumento, encontraremos que debajo de ese tema aparentemente compartido se esconde la misma cosmovisión que hemos visto hasta ahora: lo que han de hacer los buenos políticos es “anteponer la seguridad, la libertad y la grandeza del pueblo estadounidense a los intereses de las élites corporativas y globalistas”.
Este es el tercer round del populismo, su versión 3.0. El más ambicioso y el más sofisticado. Uno que revela al final quién fue el enemigo a abatir desde el principio: las clases urbanas “globalistas” liberales y su forma de vida. Bannon cambia el discurso, pero mantiene un eje muy claro: que la sociedad está rota, la mayoría está siendo asediada, y los culpables de todo siguen siendo los mismos, quienes no comulgan con el patrón tradicionalista de la derecha populista americana.
No nos quepa duda de que esta película llegará muy pronto a nuestras pantallas.