En manos de la jauría
Cuando se juega al juego de tronos, solo se puede ganar o morir. No hay puntos intermedios.
Se multiplican indicios y suposiciones -sin demostrar- sobre el primer expresidente de gobierno español imputado por un juez de la Audiencia Nacional. Periódicos aparentemente serios publican incluso referencias a un chat que duró unos meses en el que se hablaba de Zapatero. A ese nivel estamos ya en menos de una semana. Reticencias sobre la fiabilidad de las imputaciones hay varias, certezas de lo sobrepasado en las acusaciones también, pero ni la menor duda de que, si Zapatero merece esta inculpación, sus antecesores más, al punto que para Aznar cabría hasta cadena perpetua de utilizarse el mismo baremo.
A la espera de concreciones, en cualquier sentido, llaman la atención algunos puntos esenciales. El auto del juez es “un auto policial”, sumerge la descripción de hechos en un océano de insinuaciones y juicios de valor típicos, y al tiempo impropios, de un atestado policial. Algo insólito en un simple auto de imputación“, escribe aquí el abogado Carlos López-Keller que nos tiene acostumbrados a brillantes análisis. ”El auto asume que Zapatero habría ejercido un liderazgo que “no se manifiesta de forma formal o pública”, lo que parece extraño, porque la influencia consiste precisamente en dejarse ver, en actuar públicamente, en hacer valer su presencia para mover voluntades“, dice.” Nada relaciona los pagos a Zapatero con la aerolínea ni con gestiones a su favor“, añade y remata con ironía pero apuntando una posible explicación: ”Alguien llama a Julio Martínez “lacayo” de Zapatero. Más que un lacayo, aparece en el relato de Calama como el sacerdote de un dios que no se manifiesta. Es posible que, como hacen todos los sacerdotes, este hombre haya vendido falsas influencias“.
La que se ha armado es, sin embargo, descomunal. El auto lo ha convertido la oposición política y mediática (que vienen a ser lo mismo) en verdad de fe y condena sin juicio, al punto de llevar a unos titulares y portadas que envilecen el periodismo. No es la primera vez. Debe ser más rentable esto.
Apesta y mucho que Feijóo, Ayuso y Cuca Gamarra supieran de antemano de la imputación de Zapatero. Ha habido filtración del trabajo judicial por tanto y con total impunidad. Pese a la “sensibilidad” del Supremo cuando González Amador denunció, sin pruebas, al fiscal general por supuestamente lo mismo y García Ortiz fue condenado con pruebas en contrario.
Apesta y mucho más si cabe que el jefe de gabinete de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, intervenga con amenazas y presumiendo de su “información privilegiada” para amenazar ¡a Pedro Sánchez! En asuntos procesales no es otra cosa que filtración, pero, si admitió que miente en el Supremo sin ninguna consecuencia ya puede hacer lo que quiera. Da idea del descrédito de partes fundamentales de la justicia. Ahora bien: es inaceptable y ya tarda la petición de responsabilidades.
Quien la hace la paga, desde luego. Así debe ser. Pero, no ocurre siempre así en la práctica. El juez no se mete en esto si no hay agua en la piscina, dicen; piscinas rebosantes y hasta el ancho mar y un enorme océano pletóricos de agua hay, con seguridad, y ni uno mete siquiera la puntita del pie. En el caso de Zapatero, primero hay que salir a la orilla con pruebas y luego con parámetros equitativos de aplicación de la justicia. Por cierto, si alguna vez el Consejo General del Poder Judicial abandona su hermetismo para algo más que protestar por las críticas a algunas actuaciones judiciales, querríamos saber, qué diferencia hay entre el “tráfico de influencias” atribuido a Zapatero y el que despliegan desde hace décadas ya Felipe González y sobre todo Aznar. Porque ambos han experimentado un enriquecimiento obsceno. ¿Lo de todos estos son lobbies, dicen, y lo de Zapatero tráfico de influencias? elDiario.es reseñó en detalle el bagaje empresarial, de asesorías y funciones de lobbies, de González y Aznar mucho más extenso que el de Zapatero. “La mayor tabaquera del mundo, un gigante minero, grandes eléctricas, fondos de capital riesgo, bufetes…. Son algunos sectores y grandes empresas a los que han prestado servicios de asesoría y lobby en las últimas décadas los expresidentes del Gobierno José María Aznar y Felipe González”.
Una exclusiva de eldiario.es averiguó que Aznar pactó una comisión del 1% con Abengoa para conseguir adjudicaciones en la Libia de Gadafi. De todos los contratos que cerrara la empresa en Libia hasta un máximo de 250 millones de euros de facturación, y de 0,5% a partir de esa cifra. Además, cobró un adelanto de 100.000 euros. Ningún juez, ni fiscal dijo ni pío.
Y hablamos de actividades económicas porque las responsabilidades políticas que habrían de haberse derivado en ambos casos, de González por el Gal, sin duda, pero sobre todo del cúmulo que arrastra Aznar, no se han movido para nada. Hasta llegar a su soflama golpista de El que puede hacer que haga, tan eficaz como vemos.
Es muy llamativo que sea José Luis Rodríguez Zapatero el primer expresidente llamado a declarar ante un juez. Y no me refiero al recurso fácil de las entendederas atravesadas adscritas al “y tú más” que diluyen responsabilidades de unos y otros. Sí es un hecho constatable y significativo. Y desde luego, “la influencia no se presume. La influencia se prueba. El juez no puede decir: ”Como fue presidente, seguro que influye“, como resume un conocido vigilante de la actividad judicial.
Varias de estas actuaciones, por cierto, parecen confluir en el novio de Ayuso (sin que ella haya llegado al gobierno de España como ambiciona), a las que añade las acusaciones de fraude fiscal, además. La presidenta de la Comunidad de Madrid recibió este jueves, sin que sepamos a cuento de qué, al embajador de Estados Unidos, en la sede de la Comunidad.
Punto verdaderamente inquietante es que haya intervenido, a instancias de la investigación española, una agencia estadounidense con argumentos para la imputación de Zapatero. La misma noche que se conoció, un opositor mexicano, ex subsecretario de Estado, alardeaba de esa implicación que en definitiva parecía ser del trumpismo, sin olvidar las amenazas públicas de Netanyahu a Sánchez. Quizás es una “película”, quizás ni eso, bastante tenemos aquí.
Marcelino Madrigal, el experto en redes que ha colaborado durante años en distintas investigaciones internacionales, ha dicho: “No soy amigo de conspiraciones pero si he aprendido algo de mi experiencia con FBI y NSA y agencias de seguridad de Estados Unidos es que no mueven un dedo por nada si no beneficia a Estados Unidos, incluido detener delincuentes”
Pero ya está en marcha la condena pública al escarnio, a despellejar a Zapatero, a entrar en cualquier aspecto de su vida, a cargo del entramado que busca poner en la Moncloa al PP, con Vox. Para redondear el circo, el juez -“que no es Peinado”, sino Calama, dicen- ha aceptado a PP, Vox y Hazte oir como acusaciones particulares en el Caso Plus Ultra, y que faltan otras cinco entre ellas Manos Limpias, “política” neta como se ve. La marquesa de Casa Fuerte, Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta Ramos, se erigió en portavoz del movimiento, para descalificar de tal modo a Zapatero que se remontó incluso a la ruptura de esa convivencia que, según ella aseguraba la sumisión al franquismo. Porque la España sin heridas es la ultra, la que obliga a tragar con toda esta basura. Si tienen el estómago a prueba de ácidos escúchenla.
Le tenían ganas, insisto en que esa es una clave importante. Zapatero se metió a fondo a modernizar y democratizar el país. Sus leyes sacadas a pulso son su bagaje. Se volcó en ampliar libertades individuales y en el fomento de la igualdad. Con un rechazo frontal de la derecha, bajo sus gobiernos se aprobó la Ley Integral contra la Violencia de Género (2004) Ley del matrimonio igualitario (2005), la llamada Ley del divorcio exprés (2005), Ley de Memoria Histórica (2007), Ley de identidad de género (2007) o la Ley Antitabaco (2005/2010)
Dejaron heridas que aún escuecen. Añadamos que, junto con su ministro Rubalcaba, acabó con ETA, pese a lo útil que, aún hoy, parece ser la antigua organización terrorista para la derecha más cerril. A Zapatero le cayó encima la quiebra del sistema capitalista de 2008 que pagamos los ciudadanos. En recortes, en reforma laboral, en adaptar la Constitución del 78 a las exigencias del mercado que le impusieron desde Europa y que Rajoy se apresuró a secundar solícito para firmar con él. Desde la Troika a Obama presionaron a Zapatero y nadie le ayudó. Rajoy le puso cuantas zancadillas pudo, incluso en Europa. En mi libro “España, Ombligo del mundo” lo conté en detalle. Tranquilos, no es una autopromo, está descatalogado.
Muchos más rencores persiguen al expresidente -hasta mediáticos- que se van viendo aparecer con inquietud porque son nuevas piedras en… piscinas de aguas muy sucias. Al mismo tiempo Zapatero gozaba de un gran reconocimiento en el PSOE, compartido en buena parte por la izquierda, que ahora está desolada. Qué casualidad todo esto ¿verdad? Ahora, en manos de la jauría político-mediática, van por él a dentelladas. Y el valido de Ayuso, exsecretario de Aznar, anuncia, en jolgorio amenazante, que Sánchez es el siguiente objetivo. En un Estado de Derecho no debe reinar el “juego de Tronos” y si por desgracia ocurre lo mínimo es conocer sus reglas y obrar en consecuencia.