No te olvides de Haití
La agonía de Haití no se detiene. Cada día es una tragedia. El presente mes de abril no ha sido del todo malo, teniendo en cuenta que el país está casi completamente en manos de bandas violentas. Y aún así: comenzó con la masacre de unas 50 personas en la localidad de Jean-Denis y siguió con una estampida humana (por causas aún no esclarecidas) que el día 13 mató a unas 30 personas en la histórica fortaleza de Laferrière. Entre los días 13 y 15, las lluvias torrenciales causaron al menos 13 muertos y grandes destrozos.
Nada nuevo. El año pasado, la violencia de las bandas dejó tras de sí unos 6.000 muertos. Es imposible disponer de cifras exactas. La administración pública colapsó hace mucho tiempo y los cadáveres suelen ser quemados con neumáticos y enterrados rápidamente, para evitar infecciones.
El gran periodista español Ricardo Ortega murió en Haití el 7 de marzo de 2004. Se había refugiado con otras personas en un callejón de Puerto Príncipe durante el ataque de una banda. Entonces llegaron tropas de la fuerza de intervención estadounidense. Ricardo se asomó mostrando la cámara y gritando que era periodista. Un marine le disparó una ráfaga mortal.
Parecía que Haití había tocado fondo y que las tropas extranjeras, con toda su brutalidad, lograrían pacificar el pequeño país. Nada de eso. Aquella fuerza militar amparada por la ONU se marchó como había venido, sin otro éxito que aumentar el número de víctimas.
El 12 de enero de 2010, un terremoto causó, según cálculos más o menos oficiales, 316.000 muertos. Lean de nuevo la cifra, por favor. En otoño de ese año se extendió una epidemia de cólera. La rumorología culpó a un destacamento de soldados nepalíes y varios de ellos fueron linchados. Los haitianos viven en un estado permanente de terror y paranoia. Que la religión más extendida sea el vudú, tan abundante en magias y maldiciones, no ayuda.
El 14 de agosto de 2021 hubo un nuevo terremoto. “Solamente” 2.500 muertos, en esta ocasión.
El último presidente electo de Haití, Juvenal Moïse, fue asesinado el 7 de julio de 2021. Un grupo de mercenarios colombianos y estadounidenses entró en su residencia, simulando un operativo policial antidroga, y tras romperle varios huesos a golpes lo acribillaron a tiros. Se ignora quién ordenó el magnicidio.
El poder (muy limitado) quedó en manos de una serie de primeros ministros provisionales hasta que el último de ellos, Alix Didier Fils-Aimée, de 55 años, dueño de una cadena de tintorerías, se autoproclamó presidente hace dos meses.
Fils-Aimée contrató en 2025 los servicios de Erik Prime, antiguo propietario de Blackwater, la empresa de mercenarios que dejó en Irak un triste recuerdo. Prime prometió acabar con los líderes de las bandas usando drones. Pese a numerosos bombardeos desde el aire, con múltiples víctimas, ningún líder ha caído hasta ahora.
El gobierno controla, relativamente, una pequeña parte de la capital, Puerto Príncipe. El aeropuerto se usa de forma exclusiva para vuelos militares o paramilitares. El puerto está en manos del Rey Micanor (ese es su apodo), uno de los señores de la guerra que encabezan Viv Ansanm (Vivir Juntos en criollo), la confederación de bandas.
La nueva fuerza de intervención organizada por la ONU, compuesta por unos 5.500 soldados procedentes de Chad, Guatemala y Bangladés, no podrá desplegarse hasta el próximo otoño. La anterior fuerza de intervención apenas logró éxitos y fue acusada de perpetrar múltiples casos de violencia sexual.
En el país más pobre del hemisferio occidental, con una renta per cápita que no alcanza los 800 dólares anuales, pertenecer a una banda asegura la alimentación. A los señores de la guerra les cuesta poco reclutar jóvenes. Como una de las tácticas de las bandas consiste en hacer pasar guerrilleros por refugiados (hay 1,4 millones de desplazados en Haití) para infiltrarse en los barrios y atacar desde dentro, cualquier persona mínimamente sospechosa es objeto de linchamiento. Se vive en una continua paranoia colectiva.
Haití fue la primera república independiente del Caribe (1803). Y la primera república creada por esclavos que habían logrado sublevarse. Desde entonces no cesaron las desgracias. Tomó el poder Jean-Jacques Dessalines, un fanático que se proclamó emperador y ordenó la ejecución de todos los blancos. Una conjura de mulatos acabó con él. Hasta hoy, mulatos (identificados con la oligarquía) y negros (identificados con las clases populares) mantienen su enfrentamiento.
La que había sido la colonia más rica de Francia, gracias al azúcar, fue boicoteada por las principales potencias del siglo XIX. Los motivos, obviamente, eran raciales. Haití no logró salir de la pobreza. La pobreza engendró violencia y una sucesión de intervenciones militares, acompañadas de expolios, por parte de Estados Unidos.
Las dictaduras de François Duvalier (Papa Doc) y su hijo Jean-Claude Duvalier (Baby Doc), entre 1957 y 1986, acabaron de arrasar el país. Su brutal policía política, los Tonton Macoutes, está en el origen de las bandas: tras el fin de la dictadura, los antiguos policías se dedicaron a la delincuencia.
Durante años, el genial Antonio Fraguas, Forges, incluyó en un rincón de sus viñetas un mensaje invariable: “No te olvides de Haití”. No nos olvidemos.