Este municipio medieval cuenta con un puente de 270 metros y un Conjunto Histórico-Artístico del siglo XII: una guía para recorrerlo a pie
Robustos pilares de granito permiten el paso por encima de las aguas del río Tambre. A Ponte Nafonso se extiende por 272 metros rocosos, que se estima, han estado ahí, conectando municipios, desde hace más de 900 años. Este imponente viaducto no solo facilita el paso entre Outes y Noia, sino que regala una de las postales más espectaculares y fotogénicas de la ría: un umbral perfecto para comenzar a descubrir esta histórica villa marinera.
Noia no se visita, se pasea. Se trata de un poblado medieval, rodeado por un entorno de mar y monte muy propio del Atlántico gallego. Nombrada Conjunto Histórico artístico en 1985, esta villa de trazado estrecho, empedrado y laberíntico, esconde entre sus históricas callejuelas casas tradicionales y edificios emblemáticos como la Iglesia de San Martiño y la Iglesia de Santa María Nova.
Este histórico municipio coruñés está enclavado al fondo de la ría a la que da nombre, al sur de la desembocadura del río Tambre, y funciona como puerta de acceso a la península de Barbanza, situándose a poco más de treinta kilómetros de Santiago de Compostela. Su posición privilegiada la convierte en una escala natural cuando se realiza un recorrido por las Rías Baixas, y su reducida población —menos de 15.000 habitantes— permite recorrer el casco histórico completo en un solo día sin necesidad de prisa ni itinerario cerrado.
Noia a pie
Pasear por Noia tiene un orden lógico propio: empezar en el agua y avanzar tierra adentro. Desde la ribera de Tambre, donde la perspectiva del puente y la silueta del núcleo urbano componen una estampa para la memoria, el recorrido natural lleva hasta la Praza do Tapal, el corazón histórico de la villa y punto de encuentro vecinal. Desde ahí comienza el laberinto de calles, su trazado angosto, su arquitectura del medievo. Cada callejuela cuenta su propia historia, ya sea a través de una fachada señorial, un arco de piedra o un rincón silencioso centenario. El recorrido completo, sin ningún apuro, no pasa de las dos horas, pero su atmósfera tranquila invita a quedarse más de lo previsto.
La Praza do Tapal es el centro de actividad de Noia. No es una plaza monumental o especialmente grande, pero es el lugar en el que la gente hace vida. Rodeada de soportes de piedra, concentra algunos de los edificios civiles más relevantes del conjunto histórico, entre ellos el antiguo ayuntamiento. A cualquier hora del día hay alguien sentado, conversando o simplemente mirando.
En lo más alto del casco histórico, coronando la plaza do Topal, se erige con autoridad la Iglesia de San Martiño: un recordatorio de que Noia fue, durante siglos, una villa con peso eclesiástico y comercial. Construida entre los siglos XIV y XV en estilo gótico, su fachada principal es uno de los ejemplos más completos de arquitectura religiosa medieval de toda Galicia: un rosetón central, arquivoltas detalladas y una portada que merece unos minutos de atención antes de entrar. El interior, de tres naves, destaca por su silencio sacramental, que se ha mantenido desde que se levantó el templo. Una de sus torres está inacabada. Esto encuentra una explicación en una curiosa leyenda, que dice que todo aquel que intente terminar la torre correrá un destino terrible.
Sin embargo, la parada más singular del recorrido es la Iglesia de Santa María a Nova. Se construyó en el siglo XIV. Hoy se encuentra desacralizada y alberga en su interior uno de los conjuntos de laudas sepulcrales que datan desde la edad media y son de los más importantes de Europa. En total son más de 150 lápidas de canteros, marineros y artesanos cubriendo el suelo y las paredes, que están grabadas con los símbolos del oficio que desempeñaba en vida cada uno de los difuntos: tijeras, un barco o un martillo. Es un museo de la vida cotidiana.
Para concluir la visita, Noia lleva su diversidad marítima al plato. Los pinchos de menús que se sirven en casi cualquier bar del centro con una calidad que rara vez defrauda. La empanada de xoubas, elaborada con sardinas pequeñas, es uno de esos platos hiperlocales que conviene buscar en las panaderías del casco histórico antes que en los restaurantes. Para comer con mantel, las tascas y marisquerías alrededor de la Praza do Tapal ofrecen menús del día generosos a precios razonables.
Consejos prácticos
La opción más cómoda para llegar a Noia es el coche: desde Santiago de Compostela se alcanza en unos 35 minutos por la AC-543. Desde A Coruña, el trayecto ronda la hora por la misma vía, pasando por Padrón. Para quien viaje en transporte público, la empresa Arriva opera líneas regulares de autobús desde la estación de Santiago, con varias frecuencias diarias.
En cuanto al momento ideal para planear una visita, el final de la primavera y el inicio del otoño son los dos mejores momentos. El clima es suave, las calles no están saturadas y la vida local funciona a un ritmo cotidiano. El verano concentra visitantes en julio y agosto, que llenan terrazas y bares, además de que permite disfrutar del entorno marinero en sus días más radiantes, pero puede restar intimidad al paseo por el casco histórico.
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