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Cecilio, Luis y Alejandro: los fusilados republicanos enterrados en secreto por sus vecinos salen de la fosa común del pueblo cántabro de Mirones

Trabajos de exhumación en la fosa del cementerio de Mirones donde fueron enterrados los soldados.

Olga Agüero

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Cecilio Romaña, Luis Portillo y Alejandro Miquelarena se vistieron el uniforme de la República para defender al país del golpe de estado franquista. Intentaban volver del frente a su localidad natal de Castro Urdiales a pie por la montaña. Al llegar a la zona de Miera fueron localizados por un grupo de falangistas que les fusilaron en el pueblo cántabro de Mirones, que guardó la memoria del dramático suceso de 1937.

Fue mucho más que un disparo mortal. Sus verdugos no se conformaron con eso y en aquella amarga madrugada arrojaron sus cuerpos al río, tal vez en la convicción de que la corriente lavaría las huellas de aquel crimen.

Pero, en cuanto desaparecieron los pistoleros, los vecinos de Mirones que lo habían visto todo corrieron hacia la orilla a tiempo de rescatar los cuerpos que enterraron posteriomente en una fosa común junto al cementerio parroquial de Mirones, en el municipio cántabro de Miera.

Allí quedaron enterrados en el silencio cómplice del pueblo, que no identificó el lugar para no provocar más represalias. Fueron sepultados sin nombre, sin ninguna señal junto a un muro de piedra.

Años después el Obispado acabó por integrar este recreo laico y unificó todo el camposanto como cementerio católico.

Sucedió hace 89 años. Sobre aquel terreno creció la hierba y la gente olvidó quienes estaban debajo. El trágico suceso habría caído en el olvido de no ser porque un testigo de aquella noche vivió para contarlo. Uno de los vecinos que enterró a los tres jóvenes le contó a la familia de uno de ellos dónde los habían dado sepultura. Con este testimonio, el año pasado se inició la búsqueda. El pasado mes de noviembre se hallaron por fin los restos.

Sus familiares habían estado buscándolos en Asturias, el último lugar desde donde tuvieron noticias suyas. Descubrir la historia ha sido una sorpresa mayúscula. De hecho, en el lugar instalaron una piedra con sus nombres que les ha identificado durante los últimos años. Solo faltaba abrir la fosa y comprobar que efectivamente ahí descansaban sus familiares.

Fosa del cementerio de Mirones.

Ahora, una vez que los cuerpos han sido identificados por los forenses y que se ha comprobado su identidad, el propio ministro de PolíticaTerritorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, presidirá un acto de homenaje en Castro Urdiales (Cantabria) para entregar los restos de las tres de las víctimas represaliadas a sus familiares.

Casi nueve décadas después sus nombres y su historia salen del olvido. En 2025 se iniciaron los trabajos de búsqueda, exhumación e identificación de los restos encargados por el Gobierno a la Asociación Héroes de la República y desarrollados por la sociedad científica especializada Aranzadi. Según este colectivo la fosa de Mirones no es el único enterramiento clandestino que queda en Cantabria donde calculan que aún existen alrededor de 140 fosas comunes pendientes de abrirse.

Según el mapa de fosas de RTVE.es, hay 154 fosas registradas en Cantabria, de las cuales 15 ya han sido exhumadas.

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