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Odiar a las mujeres como propuesta política

16 de mayo de 2026 22:10 h

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Una foto de la cumbre de las dos economías más grandes del planeta, China y EEUU: en la nutrida mesa para tratar el futuro de todos nosotros no hay sentada una sola mujer. Abro X y, pese a la cruda realidad de la actual hegemonía del hombre fuerte, tuiteros en busca del éxito personal hablan de abolir la peligrosa Charocracia. En EEUU el mundo MAGA comenta lo desastroso que podría ser para el país el voto de las “wine moms” (¿madres del vino?), etiqueta que designa a las mujeres de mediana edad que votan demócrata y son activistas de la defensa de los derechos civiles y los inmigrantes, también conocidas peyorativamente como AWFUL (Affluent White Female Urban Liberal), acrónimo que en inglés significa “horrible”. 

Lara Putnam, profesora de historia en la Universidad de Pittsburgh, y Theda Skocpol, politóloga de Harvard, ya hablaban en 2018 del poder político de las mujeres liberales de mediana edad que sistemáticamente votaban opciones de izquierda, y a partir de ahí las mujeres y, como consecuencia, el feminismo, comenzaron a convertirse en un objetivo evidente de la derecha trumpista. En 2022, Tucker Carlson atacó a Kamala Harris llamándola “madre de vino de bajo cociente intelectual”, uniendo dos de las obsesiones del trumpismo actual, la misoginia y los resultados de los test de inteligencia. Si hay algo que es capaz de unir a toda la derecha populista es que el feminismo ha ido demasiado lejos, y por el camino ha arrollado los derechos de los hombres, la competitividad de las empresas, la eficacia de los gobiernos y los ejércitos, la meritocracia, la libertad de expresión y la presunción de inocencia. Ahí es nada, mujeres del mundo. Cualquiera lo diría viendo quién gobierna y tiene el poder y el dinero en los principales países del mundo. Un reciente artículo en The Atlantic analizaba la misoginia de la derecha populista, que no quieren que las mujeres trabajen, tengan opiniones y en los casos más extremos, voten. Hombres como Douglas Wilson, cofundador de la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas, que opina que debe haber un solo voto por hogar a cargo del “pater familias”. Para la autora del artículo, Helen Lewis, el masculinismo es el principal punto de unión de la extrema derecha estadounidense e internacional. Los valores masculinos como muestra extrema de virtud y fortaleza y los femeninos, de debilidad e histerismo. 

Los problemas reales de los hombres en educación y en el entorno laboral, propensión a la violencia o al suicidio o pérdida del estatus que deberían tener se convierten en coartadas para un sexismo explícito y desacomplejado de personajes como Nick Fuentes. Se acusa a las mujeres de emascular a los hombres e impedirles ser los héroes que están llamados a ser. Scott Yenor, quien ha declarado que las mujeres modernas son “medicadas, entrometidas y pendencieras”. Ideólogos como Scott Yenor, que enseña filosofía política en la Universidad Estatal de Boise, en Idaho, opinan que las empresas deberían limitarse a ascender a hombres y pagarles un salario familiar mucho más alto que a las mujeres para incentivar que estas se queden en casa teniendo hijos. 

En España algunos influencers de la derecha se jactan de menospreciar a las feminazis, cuatro locas pancarteras de pelo azul como la inteligentísima Marta Carmona, diputada de Más Madrid en la Asamblea de la CAM. En el debate se está introduciendo cada vez con más frecuencia la baja natalidad de los países occidentales, como muestra de una creciente tendencia de esta derecha populista a depreciar a las mujeres sin hijos. Este será uno de los puntos calientes en un futuro próximo, el rol principal de la mujer como madre y la supeditación de su carrera profesional a este “objetivo natural”. El papel de la mujer madre tradicional compite en popularidad al recurso de la victimización masculina. Los que acusan a las mujeres de victimizarse recurriendo falsamente a la violencia sexual y machista están, a su vez, victimizándose como héroes de la libertad de expresión y los derechos pisoteados de los hombres. Ni mujeres ni hombres somos santos ni villanos todos los días de la semana pero en esta que concluimos hoy, la política socialista Pilar Alegría ha sufrido ataques machistas por las supuestas acciones de José Luis Ábalos, y hemos tenido que recordar que se puede criticar a Isabel Díaz Ayuso sin aludir a su físico. 

Uno de los reproches de la misoginia como ideología política es que las mujeres somos más sensibles a los problemas sociales y nos cuesta aceptar que se deporte a inmigrantes o maten a niños en Gaza. Evidentemente, la empatía no es una cualidad de la que disfrutemos solo las mujeres pero su punto de vista nos da pistas de la sociedad deseada por esa derecha populista que quiere acallarlas y ponerlas a parir (en las dos acepciones de la expresión). Tras la misoginia evidente, se oculta un desprecio más sutil y general del que estamos a tiempo de defendernos.