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Sánchez muerde el anzuelo

Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso.

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Madrid, que diría Alberti, late con pulsos de fiebre. Y no es por el COVID–19. Si ayer la sangre hervía, con más calor hierve desde que Pedro Sánchez ha decidido bajar al barro para medirse con la presidenta madrileña. En Sol aplauden con las orejas, después de que los asesores del presidente hayan entrado en el marco de una campaña estrictamente nacional, que es justo lo que MAR –Miguel Ángel Rodríguez– quería. 

Esto ya no va de Madrid, ni de la pandemia, ni de las colas del hambre, ni de la sanidad o la educación públicas… Ni siquiera de Gabilondo, de Iglesias o Monasterio. Los aspirantes a la Comunidad de Madrid son solo actores secundarios de una película cuyos protagonistas son Sánchez y Ayuso. 

Rodríguez –que además de dos cuerpos le saca a Iván Redondo 20 años y unos cuantos combates políticos– le ha marcado un gol por toda la escuadra a su homólogo monclovita, Iván Redondo, ese hombre al que en Ferraz conocen por tener idéntica habilidad para anotarse éxitos ajenos que para escabullirse de fracasos propios.

Nadie se explica ni siquiera en el PSOE qué gana el presidente del Gobierno en este cuerpo a cuerpo cuando todas las encuestas pronostican una holgada victoria de la candidata popular. Quizá es que ha escuchado entre sus asesores que sólo él puede  lograr el desempate entre bloques que dibujan algunos trabajos demoscópicos. Una estrategia no exenta de riesgos porque si Ayuso se impone en las urnas y suma con Vox mayoría absoluta, Sánchez –y no Gabilondo– habrá perdido frente a una presidenta autonómica, cuyo volumen él mismo elevó a categoría nacional desde el día que su gurú monclovita montó en la Puerta del Sol la apoteosis de las banderas para una visita en la que sobró escenografía y faltó contenido. 

Ayuso ha hecho de la confrontación con Sánchez su razón de ser y de existir, pero en el PSOE admiten que algo habrá tenido que ver La Moncloa con su respuesta en que haya pasado en solo dos años de ser una perfecta desconocida a la principal referente de la derecha en sus múltiples versiones, después de zamparse a Ciudadanos y llevar camino de hacer lo propio con Vox. 

Y todo en base a una estrategia cada vez más cuestionada por los propios socialistas madrileños, ignorados tanto para el diseño de la campaña como para la elaboración de sus propias listas electorales. El PSOE –y más aún el PSM, que ni está ni se le espera– es el convidado de piedra de una campaña asumida íntegramente por el equipo de Redondo, como antes hizo con la de Salvador Illa, y antes con la de Pepu Hernández, aunque de esta última nadie se acuerde. 

Los socialistas se limitan a recibir los argumentarios matutinos escritos en La Moncloa y a difundir los vídeos grabados por un publicista en nómina del Gobierno de España que elabora desde su despacho de asesor de Estrategia y Comunicación del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Hicieron lo mismo en la campaña de Salvador Illa y antes en la de Pepu Hernández, aunque esta última más de uno quisiera borrarla de su currículum. La diferencia es que en ninguna de ellas Sánchez bajó al barro como ha bajado con Ayuso, lo que agradece sin duda un PP que, como ha hecho el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, cree que beneficia a su candidata: "Si sigue así, sacamos la absoluta".

Y en este duelo a dos, cuyo anzuelo ha mordido Sánchez, lo único que le faltaba es que su epidemiólogo de cabecera, Fernando Simón, se desmarque, como ha hecho, de su insinuación sobre la falsedad de los datos de Madrid durante la pandemia. "Las cifras madrileñas tienen la misma calidad que las de otras Autonomías. No creo que se estén falsificando", ha dicho en descargo de los de Ayuso. 

La política es un juego complejo y retorcido en el que intervienen asesores y spin doctors que elaboran argumentarios y diseñan líneas estratégicas mientras los políticos se someten a la servidumbre de sus consejos. La cuestión es que los resultados no los asumen nunca los gurús de la comunicación política, que suelen fijar la vista en las siguientes 24 horas y no en las soluciones a los problemas.  Si la izquierda no suma mayoría absoluta el próximo 4M no perderá el PSOE, ni Gabilondo, ni Iglesias, ni Mónica García. Habrá ganado Ayuso y perdido Redondo y por tanto Sánchez. Y en el PSOE podrán decir aquello de 'ya lo advertimos'.

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