Estos son los valores cristianos. Si no te gustan, tengo otros compatibles con mi xenofobia
Lo que el Papa León XIV ha dicho estos días en Madrid, eso de que nadie puede arrodillarse ante el Señor y al mismo tiempo despreciar al prójimo, no es ninguna novedad teológica. Durante décadas habría sido considerado simplemente doctrina social básica de la Iglesia, pero la deriva actual es tal que en determinados ambientes se está interpretando como una provocación ideológica, generando incomodidad precisamente en los sectores que llevan décadas reclamando para sí el monopolio de los valores cristianos en la política.
Hemos llegado a un punto en el que conceptos como la compasión, la solidaridad, el multilateralismo, el respeto al derecho internacional o la defensa de los derechos humanos se presentan como posiciones sospechosamente “de izquierdas”, poco menos que un desliz hacia el comunismo. Ya casi resulta verosímil imaginarse a Abogados Cristianos estudiando una querella contra el Papa por desviacionismo ideológico.
El pasado mes de noviembre, en su primera reunión con la cúpula de los obispos españoles, el Papa ya había dicho que su principal preocupación era el riesgo de manipulación del mensaje cristiano desde los extremismos, una postura que le ha llevado a criticar en varias ocasiones al gobierno de Donald Trump. El presidente estadounidense llegó a decir que el papa León es “débil en materia de delincuencia y pésimo en política exterior”, una afirmación tan ridícula que uno podría pensar que es una publicación de ‘El Mundo Today’. Pero es que Santiago Abascal no anda muy lejos de ese marco mental. Ya cuestionó públicamente al obispo de Canarias después de que este recordara algo tan revolucionario como que atender a los migrantes constituye un deber cristiano y una obligación moral elemental. El obispo añadió que cualquiera que pensara lo contrario debería pasar cinco días sin comer dentro de una pequeña embarcación en alta mar. La respuesta de Abascal fue invitarle a abandonar “su palacio episcopal” y comprobar los efectos de la inmigración irregular sobre la sanidad, la seguridad o los salarios de los españoles.
El conflicto ya es casi más teológico que político, pero la visita del Papa ha venido a reforzar la política proinmigración de Sánchez en un momento en el que necesita —y mucho— tirar de política exterior para tapar la inestabilidad y la crisis interna, y ha situado al PP, con la sombra de VOX, en un fabuloso encaje de bolillos para no verse retratado en el espejo que el Papa sostiene.
Un PP que, por cierto, eligió precisamente el fin de semana de la visita papal para posicionarse públicamente a favor de Keiko Fujimori en las elecciones peruanas; es decir, a favor de la hija del dictador condenado por crímenes de lesa humanidad. Feijóo publicó el vídeo de apoyo y luego lo borró en redes sociales, pero asistimos al divertido malabarismo de ver esa publicación junto al retuit de un mensaje del Papa diciendo que la historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, si no la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad.
Qué tiempos estos, cómo para perdérselos. Parafraseando —aunque probablemente de manera apócrifa— a Groucho: Estos son los valores cristianos. Si no te gustan, tranquilo, que tengo otros perfectamente compatibles con mi xenofobia.
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