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Y todavía nos queda votar

Manifestación por la vivienda del pasado sábado en Madrid convocada por el Sindicato de Inquilinas.
6 de octubre de 2026 22:02 h

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La anécdota me la contó un amigo, aunque puede ser apócrifa: la protagonizaba una amiga suya, recién separada tras una relación de muchos años, y que empezaba a probar el mundo de las aplicaciones de citas, sin mucha convicción, más bien por presión ambiental. Una noche volvía a su casa acompañada de un nuevo ligue, tras pasar días intercambiando mensajes, tonteando y seduciéndose, finalmente aceptando una cita, preparándose para la misma, qué me pongo, con las dudas de quien lleva tantos años sin jugar a ese juego, cenar con un desconocido con el que hay que hablar de cualquier cosa, luego unas copas, bailar, más copas, y finalmente lo había invitado a tomar la última en su casa, como manda el protocolo. Mientras subían la escalera, agotada de la semana laboral y al final de una larga noche para la que ya no tenía cuerpo, iba pensando: “y todavía nos queda follar…” Pronúnciese con el mismo ardor con que diríamos “y todavía tengo que limpiar el baño…”

Algo así nos dijimos muchos votantes de izquierda al saber del adelanto electoral: “y todavía nos queda votar…”. Con el mismo ánimo e idéntica ilusión que la amiga del primer párrafo. Desfondados tras años de estrés político, asfixiados por un clima cada vez más envenenado, decepcionados por los modestos resultados del gobierno progresista que intentó gobernar con un Congreso no tan progresista, asustados por la ola reaccionaria que recorre el mundo, desanimados de derrota en derrota cada vez que se abrieron las urnas, enmudecidos frente al discurso ultra que nos avasalla, agobiados además por la vivienda y el coste de la vida… Y todavía nos queda votar…

Solo nos faltaba eso, unas elecciones, como el tiro de gracia: nos vimos venir una precampaña y campaña estilo ‘el club de la lucha’, juego sucio, vale todo, denuncias falsas, bulos, conspiranoia, golpes bajos, giros de guion, encuestas desmovilizadoras, algún susto de última hora, jornada de votación histérica, noche electoral de infarto, resultado de llorar y unos años por delante de crujir dientes…

El reto de la izquierda no es remontar las encuestas adversas, sino ser capaz de remontar el estado de ánimo de su electorado. Es verdad que las movilizaciones de vivienda son un instante de luz en un panorama sombrío. Quienes parecíamos instalados en el derrotismo y anunciábamos un repliegue a los cuarteles de invierno hasta que vengan tiempos mejores, de pronto nos hemos reencontrado otra vez en las calles, sorprendidos de ser tantos, de reconocernos en un sentido común que no sea el del odio, y además con muchos jóvenes, cuando creíamos que se habían alistado todos en el falso punk de ultraderecha.

El estado de ánimo de la izquierda no se recupera con un adelanto electoral, no eran elecciones lo que se pedía en calles y acampadas. Y seguramente el 29N votemos más por miedo que con ilusión. Pero de pronto sentimos que la mayoría social tal vez no está donde nos decían que estaba (al fondo a la derecha), y que quizás no todo está perdido, ni las encuestas sustituyen a las urnas, ni es inevitable un gobierno con Abascal de vicepresidente. Porque, dándole la vuelta a la expresión de aquella amiga, “todavía nos queda votar”: no demos el partido por perdido antes de jugarlo.

Con mi pareja he incorporado aquella expresión graciosa a nuestro léxico amoroso, pero resignificándola. Cuando tenemos un día bueno, lleno de momentos deliciosos donde ya parece que no podemos estar mejor, nos decimos con un guiño: “y todavía nos queda follar”. La misma frase, significado opuesto. Pues lo mismo para las elecciones: se trata de que ese alicaído “y todavía nos queda votar”, se convierta en un esperanzado y hasta ilusionado, exclamativo, “¡y todavía nos queda votar!”. Pues eso, que quizás la noche no acabe tan mal. Vamos.

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