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Opinión - 'Zapatero y las amistades peligrosas' por Neus Tomàs

Zapatero y las amistades peligrosas

26 de mayo de 2026 21:36 h

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Estos días, releyendo las memorias de Ben Bradlee (Boston, 1921-Washington, 2014), quien fue director del Washington Post entre 1968 y 1991, me he topado con una reflexión que sigue siendo igual de vigente. No solo en Estados Unidos.

“Y a decir verdad, la misma verdad era cada vez más difícil de encontrar. Vietnam y el Watergate habían animado a la gente a mentir siempre que la verdad resultase incómoda. Y nadie estaba inmune. Gente buena, gente con sentido moral, se corrompía por circunstancias sobre las que ejercían un control sustancial, pero ninguna responsabilidad. Cuanto más buscaba la verdad en los nuevos personajes detrás de la noticia, mayor era la ofuscación y más preguntas me hacía”, escribe Bradlee en La vida de un periodista (El País Aguilar, 1995).

Confieso que, a menudo, en las entrevistas a políticos me interesan casi más las preguntas que las respuestas, demasiado previsibles en muchos casos. Por eso se echarán tanto de menos las de Carlos Alsina. Y también por eso tuvo y sigue teniendo tanto interés la que le hizo al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero el pasado 23 de marzo.

“A mí me lo propusieron [trabajar para Análisis Relevante], acepté como otras consultoras con las que he trabajado (...) Yo sabía lo suficiente para hacer mi trabajo y la amistad que tenía con él [Julio Martínez Martínez, su amigo detenido en diciembre]. Análisis debía tener clientes, evidente, pero el detalle de la relación con cada cliente no lo tenía. No me definió su relación con Plus Ultra; sé que conocía gente, pero yo no, por ejemplo”, aseguró en Onda Cero.

En el sumario aparece un documento Excel que, presuntamente, habría remitido a su amigo Julio Martínez, con el nombre, el correo electrónico, la empresa y el cargo de varias personas. Por tanto, podría ser cierto que no supiese qué clientes tenía Análisis Relevante, pero deberá aclarar si es cierto que envió ese listado y el motivo por el que habría mandado parte de sus contactos a la empresa de su amigo.

Otra de las preguntas que tendrá que responder es si su amistad con Julio Martínez incluía compartir gestiones políticas en Venezuela, por ejemplo, las referentes a la “repatriación de Edmundo González a España”, según consta en las agendas del empresario. 

En esa misma entrevista con Alsina, el expresidente sostuvo que se estaba intentando menoscabar su trayectoria. Y, de forma contundente, pronosticó que su crédito no se vería afectado: “No lo van a conseguir porque tengo una trayectoria impecable y también debe ser objeto de debate que a la democracia no le sienta bien la falsedad”.

Ahora mismo, esa trayectoria está bajo sospecha. Puede que todas sus actuaciones hayan sido legales. Ojalá. Pero que hayan sido impecables (por utilizar su propio término) empieza a resultar más discutible. La verdad judicial y la verdad periodística no siempre coinciden, aunque ambas puedan contener elementos de verdad. Incluso algo puede ser legal, informativamente relevante y, aun así, no ser un comportamiento correcto. Pero ahí ya entraríamos en el terreno de la ética.

No hace falta repetir aquí la difusa frontera que existe entre el lobby y el tráfico de influencias. Tampoco sirve el argumento de que, si otros expresidentes han hecho negocios más cuantiosos, las labores de consultoría de Zapatero resultan automáticamente defendibles. Unas prácticas no convierten en más justificables las otras. En definitiva, determinados negocios -aunque sean legales- no deberían valorarse en función de si el expresidente cae mejor o peor.

De todas las preguntas abiertas, la que desde el primer día parece más difícil de responder es la vinculación de la empresa de las dos hijas de Zapatero con la consultora Análisis Relevante y, sobre todo, con Inteligencia Prospectiva: una empresa con un solo empleado declarado, sin actividad conocida y que pagó más de medio millón de euros a la sociedad de las hijas del expresidente.

Los investigadores de la UDEF sospechan que la empresa de marketing de las hijas de Zapatero era utilizada para “canalizar fondos de los clientes y de la propia red organizada”. De ser así -y siempre en condicional- estaríamos ante una relación que iría mucho más allá de redactar informes u organizar los viajes de su padre.

Los compañeros Pedro Águeda y Javier Lillo han explicado en una de sus crónicas que una fuente conocedora del origen de Análisis Relevante aseguró a elDiario.es que la idea de “ayudar a las hijas” de Zapatero estuvo presente desde el principio. Es un propósito comprensible e incluso loable. La cuestión que debe aclararse es cómo las ayudó.