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Cinco por ciento

Manuel Berna

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No me gustan las armas nucleares, de hecho no me gusta ningún tipo de arma.

Pero resulta que la industria militar no está alcanzando el ambicioso ratio de ventas que esperaba y el comercial de Trump, Rutte, “exige” el compromiso europeo de que cada país de la UE alcance el 5% del PIB en gasto militar. Y, claro está, el origen de muchos de “esos productos fabricados para matar” serán de EE.UU. e Israel: blanco y en botella. Buen negocio para Europa.

Y, además, resulta que atacan [de manera preventiva] a Irán -que nos gustará más o menos pero no deja de ser un país soberano- para mermar su capacidad de fabricación de armamento nuclear.

Y resulta que quienes han iniciado este conflicto, EE.UU. e Israel, que ya disponen de un buen arsenal de cabezas nucleares, exigen que Irán no las tenga. Es lo justo, ¿verdad?

¿Y por qué estos conflictos internacionales no tienen “un sentido inverso”? Esto es: exigir la reducción multilateral de armamento bajo “la grave amenaza” de dejarte sin ver los dibujos en la tele o no darte la paga para el fin de semana, por poner dos ejemplos disuasorios. Son dos graves amenazas que aminorarían el arsenal bélico, permitirían profundizar el buen sueño nocturno de la ciudadanía y, sobre todo, evitaría que sufran y mueran miles de personas.

Esto también sería lo justo.