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Ética

Miguel Matbet

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David Uclés justificó sobradamente su renuncia a participar en un evento que considera una manipulación de la historia, tanto por su título “La guerra que todos perdimos” (título al que después de la polémica le aparecieron misteriosos interrogantes) como por la participación de algunos personajes invitados al debate. Puede estar equivocado o no, pero es su posición coherente y valiente.

Yo, que no soy nadie, también creo que Uclés está en una posición de dignidad frente a un claro intento de manipulación de la historia por parte de Pérez Reverte. Pienso que si alguien se ha desacreditado es el académico, del que por su condición es propio esperar mucho más. Se desacredita cuando miente argumentando motivos diferentes a los del propio enfoque de esa jornada; desde su título hasta su plantel de invitados. Se desacredita por su rabieta, es además hiriente, tremendamente infantil.

Bien sabe él el motivo por el que se le cayó el cartel, y cuál era su propósito (el que fuera). También sabe que detrás de la renuncia del joven y brillante escritor David Uclés vinieron otras renuncias en cadena al evidenciarse una maniquea utilización de un foro supuestamente cultural, el de “Letras en Sevilla”, por parte del académico y sus colaboradores. Y que fue eso lo que hizo que se cayera el cartel y el evento entero.

Arturo tiene una reconocida facilidad escribir, como también para llamarnos a todos “gilipollas, incapaces, incultos...”, algo que hace con frecuencia. Lo último fue decir que no había actualmente en España figuras de relevancia capaces de orientar el curso de la política y de su historia y su futuro, para seguidamente alabar figuras políticas que para él si que fueron referentes dignos, por supuesto todos hombres, y entre ellos Fraga Iribarne, a la sazón fundador de Alianza Popular, ministro de Franco y responsable de firmar más de una ejecución.

Pero volviendo al caso concreto de la suspensión del evento y a esa manera burda de echar balones fuera con la que Arturo culpa de su desgracia a la ultraizquierda (vaya usted a saber qué es lo que entiende por ultraizquierda este señor) Culpando particularmente a “los de Podemos”, porque tenían organizado una especie de escrache en la puerta del evento. No sé quién le habrá informado de tal cosa, lo que si sabemos y él sabe perfectamente, es que no fue esa la causa de la suspensión o aplazamiento, como prefiere llamarlo.

De cualquier forma, me gustaría recordarle al académico (es una forma de hablar, pues sé que la soberbia le puede tanto que no se escucha más que a sí mismo y por lo tanto, como va a escuchar este don nadie que soy yo) que un país democrático se caracteriza porque se pueden defender, siempre que sea con formas democráticas, respetando la dignidad de las personas y sus derechos fundamentales, todas las ideas y aspiraciones de la sociedad en la que se participa y de la que se forma parte.

Es, por contra, la ultraderecha (esa sí que existe en su país y en el mío y tenemos un grave problema con ella; claro que no sé si se habrá dado cuenta), la que no respeta las libertades y los derechos fundamentales de las personas; quien niega las atrocidades de la dictadura; quien hace loas al franquismo, al nazismo, al fascismo... , Y entre los ilustres invitados a la jornada de “Las Letras Sevillana” algunos de estos que defienden abiertamente la dictadura había. Uno de ellos en particular dijo públicamente hace no muchos días en una importante emisora de radio sentirse orgulloso de que su padre haya sido partícipe activo y relevante en la estructura dictatorial, por lo que no podía condenar la dictadura. Como orgullo está de haber dirigido dos de las mayores mentiras que hayamos podido sufrir por parte de un presidente del gobierno en la historia democrática: que había armas de destrucción masiva en Irak, o que los atentados del 11M fueron cometidos por ETA.

Volviendo con Arturo, leí alguna de sus obras literarias, y me gustaron mucho. Entre ellas destaco una: “Territorio Comanche”. En esta maravillosa novela de reporterismo se sostiene un pulso por la dignidad y el compromiso periodístico en el duro y deshumanizante clima de la guerra de Yugoslavia y concretamente ante la evidente la voladura de un puente que pudiera ser el Puente de Mostar. Flotaba en toda la historia una cuestión fundamental: que la ética profesional de los reporteros es fundamental. Pues solo le pido eso al ínclito Arturo: un poco de ética.