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Si las derechas extremas llegan a gobernar perdemos la democracia

José Luis Úriz Iglesias

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Fuera, los cuatro jinetes del Apocalipsis, Trump, Netanyahu, Putin y Milei, siguen con sus tropelías. Resulta complejo para un mundo en crisis que el que más mande sea alguien con impulsos dictatoriales y fascistoides, que además cuando se levanta dice una cosa, al mediodía la contraria y al irse a la cama ni fu ni fa.

Así conduce al precio del barril del petróleo y como consecuencia a los mercados y la economía, a vaivenes absolutamente insoportables.

Nuestra economía, a pesar de los líos en los que nos está metiendo el loco de Trump, aguanta el tirón, con elementos muy positivos como el reciente récord que acabamos de batir en nuestra población activa superando los 22 millones, cifra hace poco impensable.

Eso a pesar de que los agoreros de las derechas extremas, nos alertaban erróneamente sobre el efecto negativo que la “invasión” de emigrantes que dicen está provocando el gobierno progresista, traería paro y pobreza.

Se está demostrando con los hechos que ni paro ni pobreza, ya que todos los organismos nacionales e internacionales, indican que vamos a seguir creciendo muy por encima del resto de países de la UE, por citar los más próximos.

Pero ellos a lo suyo, a descalificar con mentiras y bulos la extraordinaria labor de nuestro gobierno.

Algún día los libros de historia analizarán con asombro lo bien que lo está haciendo el gobierno de Pedro Sánchez, a pesar de pandemias de diversos colores, volcanes, fenómenos naturales como Danas, Filomenas, apagones, accidentes ferroviarios, etc.

Mientras tanto la justicia, tomando buena nota de la orden recibida en su día por el gurú Aznar, cuando señaló con solemnidad “el que pueda hacer que haga”, haciendo.

No es una coincidencia que coincidan en el tiempo juicios como el de la Kitchen y las mascarillas de Ábalos y Koldo.

Tampoco que sea muy diferente el comportamiento de sus presidencias, permisiva hasta límites intolerables en el segundo, permitiendo hablar de todo menos de mascarillas y rígido al límite en el primero.

Que vayan a permitir que un delincuente confeso como Aldama, que se supone se ha llevado defraudando decenas de millones de euros, se vaya de rositas, es como para perder definitivamente la confianza en una justicia que debería ser eso, justa.

En el de la Kitchen solo escuchar la declaración del comisario Morocho ya produce escalofríos.

Todo el aparato del estado dedicado a tapar las vergüenzas de un partido, el PP, debería haber servido para provocar su desaparición.

Lamentablemente no va a ser así, probablemente porque una parte importante de otro sector de la sociedad, el de los medios de comunicación, también ha obedecido a Aznar, haciendo que haya tenido mucho más eco las declaraciones de un chorizo como Aldama, que las de un comisario serio y honesto como Morocho.

Así nos encontramos a un año de las elecciones generales de 2027, con las derechas extremas en condiciones de alcanzar el poder, lo cual debiera producir temor a cualquier demócrata que se precie, sea de derechas, centro, izquierdas, nacionalista o no.

Los pactos de Extremadura y Aragón ya indican el camino que están dispuestos a recorrer.

Juntos, por supuesto, aplicando el negacionismo del cambio climático, retrocediendo hasta eliminar todos los avances hacia la igualdad de la mujer, o de los diferentes, decantando la balanza hacia lo privado en perjuicio de lo público, o aplicando conceptos xenófobos y racistas como el de “prioridad nacional”.

Son los que pagan a sicarios como Vito Quiles para que acose a gente honrada, los que firman esos acuerdos, aquellos que llevan a la política actual la tensión y la crispación, que apoyan incondicionalmente a Trump y Netanyahu, pueden gobernar nuestro país en un año si no lo remediamos.

Feijóo de presidente, Abascal de número dos pero mandando más que el uno, Tellado de cultura o Figaredo de interior, acabarían sin ninguna duda con nuestra democracia.

El que pueda hacer que haga señalo para finalizar. Para evitar ese desastre. Empezando por la unidad de las izquierdas, que incluso ante el tremendo peligro debiera ser mayar que la planteada por Rufián y especialmente provocando que ningún demócrata, ninguno, se quede sin votar el día D, que probablemente vaya a ser el más importante de nuestra democracia.

Debemos evitarlo, tenemos un año aún para conseguirlo.