La sicaria de dios
Camina despacio la anciana con una amable sonrisa que transmite bondad, impecable y graciosamente ataviada, y cuantos se cruzan con ella se la devuelven con suma ternura.
María, que la observa pararse con una repentina inquietud, la toma del brazo y la ayuda a sortear el irregular asfalto del acerado en obras; al hacerlo, siente la sonrisa agradecida de la anciana como un bálsamo que atenúa el dolor físico y emocional causado por las continuas palizas que le da su marido. Esa sonrisa da motivos para un futuro esperanzador, piensa.
Mario, cuando ve a la anciana dirigirse a un paso de cebra decidida y sin reparar en nada, cambia su rumbo y la acompaña situándose a su lado a modo de parapeto, mientras hace señas a los conductores para que se detengan; cuando atraviesan la vía siente que la sonrisa agradecida de la anciana reconoce su gesto protector, ese que a él nunca nadie le ha prestado cuando ha sido víctima de la más degradante violencia por su indisimulada homosexualidad. Esa sonrisa da motivos para un futuro esperanzador, piensa.
Marina oye a la anciana reclamar su atención; esta le pregunta con extrema simpatía dónde se halla el colegio del barrio. Marina, con sus 14 años recién cumplidos, olvidando su miedo y sus tribulaciones ante un posible embarazo que ni remotamente desea, la toma de la mano con sumo cariño y la conduce hasta la misma puerta, creyendo reconocer en la sonrisa agradecida de la anciana un signo de comprensión. Esa sonrisa da motivos para un futuro esperanzador, piensa.
Hay elecciones. La anciana, con su amable sonrisa, atrae la atención de cuantos allí se encuentran y en un santiamén es guiada a la mesa electoral donde ha de depositar su voto. Una vez allí, se identifica, extrae los sobres de su elegante bolso y los deposita en las urnas correspondientes.
“Votó” se oye decir al presidente de la mesa.
“Hay que poner orden y estos, los de siempre, ya no sirven” contesta la anciana, besando un crucifijo y abandonando el colegio con su amable sonrisa, que luce más radiante que nunca.