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CRÓNICA

Ayuso, Florentino y la paranoia del poder

13 de mayo de 2026 21:53 h

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El poder ejerce una atracción inmensa en la política y en el deporte. Es lógico y una de las cosas que comparten ambos mundos. También tiene la particularidad de provocar dosis elevadas de paranoia en aquellos que disfrutan con su posesión con la esperanza de que la situación continúe inalterable para siempre. El líder supuestamente insustituible ve amenazas por todos los lados. Esta semana, hemos sido testigos de dos demostraciones de estas tendencias en las comparecencias públicas de Isabel Díaz Ayuso y Florentino Pérez. Ambos forman parte de esa élite madrileña del poder que siempre aparece en los titulares.

Todo es una campaña contra mí. Después de una temporada aciaga con más crónica de sucesos que títulos, el presidente del Real Madrid convocó una rueda de prensa para denunciar que la situación del club se resume en que hay una conspiración dirigida contra él. “Yo lucho contra todos”, dijo. Todo es “una campaña contra el Real Madrid y contra mí”. Se colocó en lo más alto del fútbol mundial: “Me da vergüenza decirlo, pero me han elegido el mejor presidente de la historia. De todos los clubes”.

Díaz Ayuso ha afirmado en numerosas ocasiones que existe “una campaña de desprestigio al más alto nivel” contra ella y ha apuntado al Gobierno de Pedro Sánchez como su responsable. Incluso cuando se supo que su novio había sido acusado de cometer un delito fiscal, acusó a “los poderes del Estado” de estar detrás de esa investigación. En las entrevistas concedidas tras su viaje a México, insistió en lo mismo dirigiendo sus críticas tanto al Gobierno español como al mexicano. “La culpa es mía es por existir, por hacer política”, dijo en tono melodramático el 12 de mayo en una entrevista en Cuatro. Ella siempre es la víctima de las maquinaciones de sus adversarios.

Nos quieren controlar. El punto esencial de esa conspiración es que alguien quiere controlarnos. Hay un empeño deliberado en deshacerse del líder, porque así será más fácil utilizar al Real Madrid o la Comunidad de Madrid (o España) en favor de sus intereses espurios. “A partir de mañana, intentaré que no nos quiten la propiedad. Lucharé con todas mis fuerzas”, exclamó Florentino. Se refería a que algunos quieren convertir al club en una sociedad anónima deportiva y, por tanto, arrebatar el control a sus socios. La realidad es que los socios llevan mucho tiempo sin poder votar la elección de su presidente. Él ha sido reelegido sin oposición desde 2009 (en un mandato anterior ocupó el cargo durante seis años). En el sistema electoral que rige en el Real Madrid, una candidatura debe avalar personalmente el 15% del presupuesto anual, lo que en estos momentos obliga a garantizar más de 180 millones de euros.

En su reciente discurso por la fiesta del 2 de mayo, Ayuso alardeó de que “la sociedad madrileña es otro ejército que no se dejará controlar por nada ni por nadie”. Y si a alguien se le ocurre hacerlo, “quien lo intente volverá a encontrarse con una digna y rotunda respuesta”, es decir, algo parecido a lo que ocurrió en 1808. “Madrid es el refugio de la libertad”, ha dicho con frecuencia, una situación que relaciona directamente con su capacidad de enfrentarse a medidas aprobadas por el Gobierno central o el Congreso.

Por el bien de todos. Es normal que el presidente del Real Madrid busque lo mejor para su equipo, pero los beneficiarios parecen ser muchos más. “Todo lo que conseguimos no es para el Real Madrid, es por el bien del fútbol”, dijo Florentino Pérez. Deberían darle las gracias por su generosidad. Es lo que defendió cuando presentó el fracasado proyecto de Superliga europea. Llegó a presumir de que su aspiración es que “los niños de África” puedan ver gratis el fútbol. No se sabe muy bien cómo podría hacerlo sin tomar la misma medida con los adultos, ya que los niños no suelen ser dueños de televisores.

Ayuso siempre presume de que a Madrid le va bien con su Gobierno. Los habitantes del resto de España también están en deuda. “Madrid está al servicio de España entera”, es una de sus frases favoritas. Ha destacado que la región es “el pulmón económico de España” al aportar el 19,8% del PIB nacional. Una frase más rocambolesca es la de “Madrid es España dentro de España”, por lo que hay que deducir que está a un nivel superior al de otras comunidades: “Tratar a Madrid como al resto de comunidades es muy injusto a mi juicio”. Ella dice despreciar lo que llama “las identidades de terruño”.

Periodistas peligrosos. La rueda de prensa de Florentino fue un ataque constante a los medios de comunicación que han osado criticarle. Eso abarca a medios que siempre han celebrado de forma entusiasta las victorias del equipo. “En el Real Madrid mandan sus socios y no los periodistas”. En realidad, quien manda es él. Se lanzó directamente contra el diario ABC del que dijo que iba a anular su suscripción. Su obsesión por los medios es conocida desde hace años, como también su capacidad para provocar el despido de aquellos que se atreven a cuestionar sus decisiones. David Jiménez, exdirector de El Mundo, ha contado que fue testigo de cómo Florentino exigió la cabeza de Óscar Campillo, director de Marca, perteneciente al mismo grupo editorial, y se la concedieron. Estaba acostumbrado. “A los once días de ser director de Marca”, ha explicado el mismo Campillo, “Florentino me pidió la cabeza de Santi Segurola y de Roberto Palomar y de Roberto Gómez”.

Para estos asuntos, Ayuso tiene a Miguel Ángel Rodríguez, su dóberman particular. El jefe de gabinete es el que se ocupa de marcar la agenda en los medios favorables, a veces con noticias falsas como hizo con la investigación a González Amador, y de amenazar a los rebeldes, como hizo con este diario con las frases “os vamos a triturar” y “vais a tener que cerrar”. La presidenta de Madrid es muy exigente con los periodistas que no siguen exactamente su estilo. “El tibio incomodado, que tanto abunda en las tertulias, puede seguir mirando para otro lado mientras confunde moderación con cobardía, que es lo que está pasando”, dijo en 2025. Los medios que no le discuten –y que elogian entusiasmados hasta su vestuario– reciben la recompensa en forma de publicidad institucional, en ocasiones muy por encima de lo que les correspondería por su audiencia.

Tanto Florentino como Ayuso prefieren las entrevistas que son como masajes. En el caso del presidente del Madrid, si es posible, ninguna. La última que dio fue hace cuatro años y la última rueda de prensa en 2015. Al día siguiente de la rueda de prensa, fue a La Sexta a que le entrevistara Josep Pedrerol con el resultado previsible. Ayuso estuvo después del viaje en la COPE, Telemadrid y Cuatro. En esta cadena, Nacho Abad le dejó explayarse todo lo que quiso sin atreverse a contradecirle y creyó que era buena idea terminar la entrevista con el comentario: “La veo más delgada”. Pensó que era el elogio que le faltaba por hacer.

Impunidad. Los que le conocen, y que hasta ahora preferían decirlo en voz baja, saben que Florentino se cree impune. Presionó sin problemas al Ayuntamiento para que aceptara la recalificación de la antigua Ciudad Deportiva del club en 2001 pasando por encima de los que discreparon. “Álvarez del Manzano me dijo que la operación era absolutamente ilegal y solo se haría por encima de su cadáver”, contó años después José María García. José María Aznar se ocupó de recordar al entonces alcalde de Madrid que su cadáver no era tan importante.

Ayuso cree que puede viajar a México, criticar al Gobierno y que la presidenta Claudia Sheinbaum no tenga derecho a responderle. Hasta le escandaliza. Afirma que México es una “narcodictadura” que debería celebrar las hazañas de Hernán Cortés y luego se extraña de que Sheinbaum tenga una idea muy diferente sobre la historia de su país. “Todas las mañanas me ha difamado”, dijo a pesar de que la mexicana afirmó que Ayuso tenía derecho a viajar a México y dar su opinión. Denuncia sin pruebas que el Gobierno mexicano boicoteó su visita y fue aún más lejos. “El Gobierno de México y el de España me han puesto en peligro a mí y a mi equipo”, dijo. Moncloa le respondió que “nunca comunicó ningún incidente y no pidió protección”. Criticar a los demás, a veces de forma infundada, y no aceptar la más mínima crítica forman parte de su estilo. Si lo haces, te puede acusar de poner en peligro su vida.

Los comentarios condescendientes de Florentino sobre las mujeres periodistas lo colocan en una categoría especial. Sus balbuceos y comentarios incoherentes confirman que con 79 años ya no es el que era, aunque conserve lo que nunca le abandonará, su autoritarismo y su concepción patrimonial del poder. No es algo que vaya a compartir nunca. “Es una cultura de élite”, ha escrito Máriam Martínez Bascuñán. “Hombres poderosos confundiendo autoridad con impunidad. El paternalismo, el clasismo, el racismo y el desprecio a la prensa no son un desliz. Es una forma normalizada de ejercer poder”.