Florentino Pérez y la condescendencia masculina
La virtud de que algo suceda delante de las cámaras es que podemos asistir a frases y comportamientos que, de otra manera, quedarían ocultos, solo visibles para quien los vive. Cuando hablamos de machismo, esto cobra especial importancia: muchos gestos, a veces los peores, suceden en el espacio privado, a resguardo del juicio ajeno. Y si bien asistimos cada día a comentarios y conductas machistas que sí podemos ver y escuchar, también es cierto que hay quien intenta ocultar o disfrazar su lado machista todo lo posible.
La rueda de prensa de Florentino Pérez este martes para dar explicaciones sobre el Real Madrid fue una de esas ocasiones que nos permiten ver en pantalla grande lo que cada día pasa en la vida cotidiana: hombres desplegando su condescendencia hacia las mujeres, en muchas ocasiones sin ni siquiera darse cuenta. Ese no darse cuenta no les exime en absoluto de responsabilidad. Si no se dan cuenta es porque no se han parado un segundo a pensarse, a hacer autocrítica, a escuchar, porque no lo ven necesario o porque sencillamente no quieren.
Hay dos frases señaladas en el discurso de Pérez. Una, cuando le da la palabra a una periodista de esta manera: “A ver, esa niña, joder, que también tiene derecho a hablar. Que todos vosotros sois muy feos, ¡joder!”. Lo dice en tono jocoso y reivindicando, incluso, que una mujer tome la palabra en una rueda de prensa copada por hombres. Es un tipo de comentario machista típico que mezcla halago y algo, en principio, bueno, con crítica, desprecio o minusvaloración. Es lo que hace Florentino Pérez con esta periodista, a la que le dice niña y de la que menciona, indirectamente, su aspecto.
Doy por descontado que para mucha gente este seguirá siendo un comentario inocente y sin ninguna importancia. Podemos reflexionar, entonces, sobre si los hombres soportan en sus contextos laborales alusiones directas o indirectas a su físico y su aspecto, si alguien suele referirse a ellos como 'niños' o si escuchan frases infantilizadoras. La respuesta es que no: quitando casos particulares (que seguro los hay) para ellos esto no es la norma. Para las mujeres, en cambio, esta es la norma: ser tratadas como niñas, escuchar comentarios sobre su cuerpo, su ropa o su belleza, incluso cuando hablamos de contextos profesionales.
Si Florentino Pérez quería darle la palabra a esta periodista podía hacerlo perfectamente sin necesidad de calificar el aspecto de nadie y sin referirse a ella como niña. Llamar feos a los hombres presentes es un intento de quitarle importancia a lo que hace con ella, de generar una simetría ficticia. Primero, porque con ella individualiza el comentario y, segundo, porque para ellos la norma no es ser tratados así, pero sí lo es para las mujeres. Como escribía en este artículo, convertirse en una mujer es entender que eres un ser mirable, comentable y tocable. Que, por encima de tus ideas y de tus actos, por encima de quién eres, el cuerpo que tienes, tu pelo, tu manera de vestir y tu manicura siempre serán más relevantes. Como si algo o alguien nos tuviera que recordar siempre que, aunque nos creamos sujetos, estamos pensadas para ser objetos: objetos que mirar, comentar y juzgar, da igual el efecto que eso tenga en nosotras.
La otra frase de Florentino Pérez fue esta: “Miren, hoy mismo hay dos artículos en el ABC contra el Madrid. Y fíjense qué dos artículos. Uno lo escribe una mujer que no sé ni si sabe de fútbol, pero bueno…”. El empresario destaca el artículo escrito por una mujer y es de ella de quien duda que sepa de fútbol. Si echamos un vistazo a los artículos en primera persona escritos por mujeres en el blog Micromachismos durante años, nos encontraremos muchos ejemplos de lo que este martes vimos en pantalla grande. Camareras, ingenieras, periodistas, limpiadoras, abogadas... que soportan cómo los hombres, a través de comentarios más o menos explícitos, ponen en duda sus conocimientos o su competencia para hacer lo que están haciendo.
“Tengo una pregunta muy complicada, no creo que puedas ayudarme”, escuchó Nerea, ingeniera, de un cliente. En otro post, la ingeniera informática Lorena Fernández Ávarez contaba cómo, cuando da charlas o comenta algún tema de actualidad en redes sociales, se encuentra con frecuencia con hombres que le responden con “explicaciones condescendientes que hacen reflexiones muy básicas de la temática tratada, reflexiones que hace años ya superaste porque llevas tiempo formándote sobre eso”.
Ella escribía: “Agotador porque para dar respuesta a esas explicaciones, que normalmente no persiguen un fin pedagógico sino que son una forma de demostrar que tú te equivocas, buscas mil referencias y pierdes un tiempo muy valioso, cuando al otro lado han invertido del orden de un minuto y se han basado en un estudio del MIT (Mis Inmensos Testículos). Luego hablamos del síndrome de la impostora y del impacto que tiene en niñas, jóvenes y mujeres la falta de confianza, pero es que recibimos constantes mensajes recordándonos que no nos ”vengamos muy arriba“, que no alcemos la voz o seremos aleccionadas”.
Las experiencias de las mujeres muestran cómo muchos hombres tienden, automáticamente, a dudar del conocimiento de ellas, aun siendo expertas. Esa duda, esa sospecha, esa necesidad de remachar que quizá la que escribe, la que habla o la que nos interpela no sabe lo suficiente no aparece de la misma manera cuando el interlocutor es un hombre. A ellos se les presupone más fácilmente la valía, la competencia, la potestad de ocupar tal o cual espacio. A nosotras se nos presupone exactamente lo contrario.
La frases de Florentino Pérez son el ejemplo de un machismo cotidiano que no se cambia con leyes, sino con práctica diaria, con educación, con crítica, y grandes dosis de conciencia y autocrítica masculina. Podemos pensar en si alguno de los hombres allí presentes expresó su desagrado por el trato que Pérez estaba dando a las mujeres. Y podemos pensar también en si los hombres que hoy se escandalizan al escucharle son capaces de mirarse a sí mismos.