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La doble comparecencia de Sánchez descoloca la estrategia de Feijóo

Aitor Riveiro

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Pedro Sánchez sigue a la ofensiva. El presidente del Gobierno comparecerá a petición propia ante el Pleno del Congreso la semana que viene. Pero no solo. Sánchez quiere un cara a cara con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre las “medidas económicas y sociales adoptadas por el Gobierno para dar respuesta a la crisis provocada por la guerra de Ucrania”. El presidente busca así reeditar el debate del pasado mes de septiembre, cuando acudió a la Cámara Alta a una larga sesión con todos los grupos en la que se contrapusieron dos modelos diferentes para abordar los problemas económicos que atraviesa España.

Sánchez busca un nuevo 'cuerpo a cuerpo' con Feijóo en el Senado para explicar el plan del Gobierno frente a la crisis

Saber más

Pero las tornas han cambiado en el último mes. Si en septiembre fue Feijóo quien reclamó con insistencia una comparecencia de Sánchez en el Senado para medir sus fuerzas, ahora en el PP miran con recelo un formato que favorece claramente al presidente, quien dispone de tiempo ilimitado para exponer sus políticas y abordar temas con todos los grupos, más allá del estrictamente definido en la petición de comparecencia.

El cambio de dirección en el PP el pasado mes de abril supuso una inyección de moral en el primer partido de la derecha. La llegada de Feijóo (a quien en el partido llamaban “barón de barones” por ser el más antiguo en el cargo y lucir orgulloso cuatro mayorías absolutas consecutivas) coincidía con el inicio de las turbulencias económicas derivadas de la invasión rusa de Ucrania. La factura eléctrica se disparaba, el combustible se encarecía hasta niveles históricos y, como consecuencia, la inflación se desbocaba. A las puertas del verano, llenar el depósito era más caro que nunca y la cesta de la compra apretaba a las familias.

Sánchez convocó el debate sobre el estado de la nación, congelado desde hacía siete años por diferentes circunstancias. Feijóo no puede intervenir en el Congreso y la responsabilidad recayó en la portavoz parlamentaria y secretaria general, Cuca Gamarra, quien dedicó más de un tercio de su tiempo a hablar de ETA. El debate coincidió con el 20º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, una efeméride grabada a fuego en su partido.

Un duelo “corto” para el PP

Sánchez salvó la partida y cerró el curso político con un giro político hacia la izquierda. Pero durante el verano los números no hicieron más que empeorar. Y en la reapertura del curso, Feijóo señaló la supuesta falta de valor del presidente del Gobierno por rehuir un enfrentamiento directo con él y le reclamó un debate en el Senado. Dicho y hecho: Sánchez recogió el guante y en la primera semana de septiembre se produjo el duelo.

Hasta entonces, ambos solo habían celebrado un pequeño debate en una sesión de control en el Senado. A diferencia de las que se producen en el Congreso semanalmente, en la Cámara Alta el presidente solo acude una vez al mes. Y no siempre. Desde abril, solo se han enfrentado en ese formato una vez: siete minutos cada uno en dos turnos.

Un tiempo que se le hizo corto a Feijóo. El líder del PP quería más, un debate largo en el que exponer una alternativa completa al Gobierno de coalición. Un formato en el que destacar las supuestas virtudes de un bipartidismo que las encuestas se niegan a recuperar, pero en el que confía el dirigente gallego para obtener una mayoría lo suficientemente amplia como para intentar gobernar en solitario a partir de 2024.

Pero no le salió bien. O no tanto como preveía. O Sánchez salió mejor parado de lo que se esperaba. El caso es que las dudas previas en parte del equipo de Feijóo quizá estaban fundamentadas. El líder del PP estaba acostumbrado a llevar la voz cantante en los debates parlamentarios, a que el reglamento le beneficiara a él en el Parlamento gallego. Pero ahora beneficia a otro y él es un portavoz más. El primero, sí. Y el que se lleva más focos de entre los portavoces de los grupos. Pero uno más, con el tiempo tasado, y que tiene que ver cómo Sánchez puede alargar sus intervenciones hasta el infinito. En el anterior 'cara a cara', Sánchez se resarció frente a su adversario.

El PSOE ya no teme el 'efecto Feijóo'

Tras probar los dos formatos, en el PP prefieren ahora el de la sesión de control. Una pregunta concreta, con tiempo tasado e igual para ambos, y sin que normalmente se hagan grandes anuncios. Así lo han deslizado en las últimas horas diferentes responsables del partido, quizá para rebajar las expectativas sobre la comparecencia, prevista para el próximo día 18 de octubre. En el Gobierno ironizan: “Cuanto más hable Feijóo, mejor”. En el Ejecutivo están convencidos de que conforme va pasando el tiempo de Feijóo en Madrid, se van viendo sus carencias. “El efecto Feijóo está desmontado. Ha quedado claro que cuando más habla, más sube el pan. El efecto Feijóo no funciona, se ha desinflado”, aseguró el pasado lunes el número tres del PSOE, Santos Cerdán

En los pasillos del Senado se ha debatido en los recesos de la sesión que se ha celebrado esta semana sobre la opción de aumentar el tiempo de intervención de los portavoces. Normalmente disponen de 15 minutos más otros cinco en la réplica, que en ocasiones se amplía a 10 cuando se acumulan los motivos para la comparecencia y se sabe de antemano que el debate tocará diferentes materias.

El órgano competente para marcar las pautas del debate es la Junta de Portavoces. Pero una semana antes que en el Senado, se celebrará la comparecencia del Congreso. Y será lo que se decida en la Cámara Baja lo que marque qué se hace en la Alta.

Pedro Sánchez sigue a la ofensiva. El presidente del Gobierno comparecerá a petición propia ante el Pleno del Congreso la semana que viene. Pero no solo. Sánchez quiere un cara a cara con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre las “medidas económicas y sociales adoptadas por el Gobierno para dar respuesta a la crisis provocada por la guerra de Ucrania”. El presidente busca así reeditar el debate del pasado mes de septiembre, cuando acudió a la Cámara Alta a una larga sesión con todos los grupos en la que se contrapusieron dos modelos diferentes para abordar los problemas económicos que atraviesa España.

Sánchez busca un nuevo 'cuerpo a cuerpo' con Feijóo en el Senado para explicar el plan del Gobierno frente a la crisis

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Pero las tornas han cambiado en el último mes. Si en septiembre fue Feijóo quien reclamó con insistencia una comparecencia de Sánchez en el Senado para medir sus fuerzas, ahora en el PP miran con recelo un formato que favorece claramente al presidente, quien dispone de tiempo ilimitado para exponer sus políticas y abordar temas con todos los grupos, más allá del estrictamente definido en la petición de comparecencia.

El cambio de dirección en el PP el pasado mes de abril supuso una inyección de moral en el primer partido de la derecha. La llegada de Feijóo (a quien en el partido llamaban “barón de barones” por ser el más antiguo en el cargo y lucir orgulloso cuatro mayorías absolutas consecutivas) coincidía con el inicio de las turbulencias económicas derivadas de la invasión rusa de Ucrania. La factura eléctrica se disparaba, el combustible se encarecía hasta niveles históricos y, como consecuencia, la inflación se desbocaba. A las puertas del verano, llenar el depósito era más caro que nunca y la cesta de la compra apretaba a las familias.

Sánchez convocó el debate sobre el estado de la nación, congelado desde hacía siete años por diferentes circunstancias. Feijóo no puede intervenir en el Congreso y la responsabilidad recayó en la portavoz parlamentaria y secretaria general, Cuca Gamarra, quien dedicó más de un tercio de su tiempo a hablar de ETA. El debate coincidió con el 20º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, una efeméride grabada a fuego en su partido.

Un duelo “corto” para el PP

Sánchez salvó la partida y cerró el curso político con un giro político hacia la izquierda. Pero durante el verano los números no hicieron más que empeorar. Y en la reapertura del curso, Feijóo señaló la supuesta falta de valor del presidente del Gobierno por rehuir un enfrentamiento directo con él y le reclamó un debate en el Senado. Dicho y hecho: Sánchez recogió el guante y en la primera semana de septiembre se produjo el duelo.

Hasta entonces, ambos solo habían celebrado un pequeño debate en una sesión de control en el Senado. A diferencia de las que se producen en el Congreso semanalmente, en la Cámara Alta el presidente solo acude una vez al mes. Y no siempre. Desde abril, solo se han enfrentado en ese formato una vez: siete minutos cada uno en dos turnos.

Un tiempo que se le hizo corto a Feijóo. El líder del PP quería más, un debate largo en el que exponer una alternativa completa al Gobierno de coalición. Un formato en el que destacar las supuestas virtudes de un bipartidismo que las encuestas se niegan a recuperar, pero en el que confía el dirigente gallego para obtener una mayoría lo suficientemente amplia como para intentar gobernar en solitario a partir de 2024.

Pero no le salió bien. O no tanto como preveía. O Sánchez salió mejor parado de lo que se esperaba. El caso es que las dudas previas en parte del equipo de Feijóo quizá estaban fundamentadas. El líder del PP estaba acostumbrado a llevar la voz cantante en los debates parlamentarios, a que el reglamento le beneficiara a él en el Parlamento gallego. Pero ahora beneficia a otro y él es un portavoz más. El primero, sí. Y el que se lleva más focos de entre los portavoces de los grupos. Pero uno más, con el tiempo tasado, y que tiene que ver cómo Sánchez puede alargar sus intervenciones hasta el infinito. En el anterior 'cara a cara', Sánchez se resarció frente a su adversario.

El PSOE ya no teme el 'efecto Feijóo'

Tras probar los dos formatos, en el PP prefieren ahora el de la sesión de control. Una pregunta concreta, con tiempo tasado e igual para ambos, y sin que normalmente se hagan grandes anuncios. Así lo han deslizado en las últimas horas diferentes responsables del partido, quizá para rebajar las expectativas sobre la comparecencia, prevista para el próximo día 18 de octubre. En el Gobierno ironizan: “Cuanto más hable Feijóo, mejor”. En el Ejecutivo están convencidos de que conforme va pasando el tiempo de Feijóo en Madrid, se van viendo sus carencias. “El efecto Feijóo está desmontado. Ha quedado claro que cuando más habla, más sube el pan. El efecto Feijóo no funciona, se ha desinflado”, aseguró el pasado lunes el número tres del PSOE, Santos Cerdán

En los pasillos del Senado se ha debatido en los recesos de la sesión que se ha celebrado esta semana sobre la opción de aumentar el tiempo de intervención de los portavoces. Normalmente disponen de 15 minutos más otros cinco en la réplica, que en ocasiones se amplía a 10 cuando se acumulan los motivos para la comparecencia y se sabe de antemano que el debate tocará diferentes materias.

El órgano competente para marcar las pautas del debate es la Junta de Portavoces. Pero una semana antes que en el Senado, se celebrará la comparecencia del Congreso. Y será lo que se decida en la Cámara Baja lo que marque qué se hace en la Alta.

Pedro Sánchez sigue a la ofensiva. El presidente del Gobierno comparecerá a petición propia ante el Pleno del Congreso la semana que viene. Pero no solo. Sánchez quiere un cara a cara con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, sobre las “medidas económicas y sociales adoptadas por el Gobierno para dar respuesta a la crisis provocada por la guerra de Ucrania”. El presidente busca así reeditar el debate del pasado mes de septiembre, cuando acudió a la Cámara Alta a una larga sesión con todos los grupos en la que se contrapusieron dos modelos diferentes para abordar los problemas económicos que atraviesa España.

Sánchez busca un nuevo 'cuerpo a cuerpo' con Feijóo en el Senado para explicar el plan del Gobierno frente a la crisis

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Pero las tornas han cambiado en el último mes. Si en septiembre fue Feijóo quien reclamó con insistencia una comparecencia de Sánchez en el Senado para medir sus fuerzas, ahora en el PP miran con recelo un formato que favorece claramente al presidente, quien dispone de tiempo ilimitado para exponer sus políticas y abordar temas con todos los grupos, más allá del estrictamente definido en la petición de comparecencia.