CRÓNICA
El golpe electoral de la ultraderecha alemana resuena en toda Europa
“Tu vecino también vota por nosotros”, decía un eslogan del partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) en las elecciones del Estado de Turingia en 2024. Era una forma de convencer al votante potencial de que no estaba solo y que había otros como él que estaban pensando en un voto que preferían mantener en secreto. AfD fue el partido más votado con el 32,8%, pero se impuso el cortafuegos contra la formación y una coalición de partidos muy diversos llegó a un acuerdo para gobernar.
En los comicios de Sajonia-Anhalt del domingo, los ultras ya no tenían motivos para disimular u ocultar su voto. “Solo dos años después, esa vergüenza ha desaparecido”, escribió un periodista del Die Zeit en la campaña. “La AfD organizó mítines multitudinarios en Sajonia-Anhalt. Llenaron las plazas de los mercados. Sus eventos eran como festivales populares con castillos hinchables”.
AfD cumplió sus expectativas y hasta las aumentó. Recibió el 43,8% de los votos y se quedó sólo a tres escaños de la mayoría absoluta. Esta vez, no se podrá evitar que forme Gobierno. Por primera vez desde las elecciones de los años treinta cuando los nazis se aseguraron al menos una tercera parte de los votos antes de su toma violenta del poder, un partido ultraderechista ganaba las elecciones en uno de los länder y lo hacía de forma arrolladora. La ultraderecha parece haber superado en Europa uno de sus obstáculos y lo hace en el país que hundió a todo el continente en una pesadilla en la primera mitad del siglo XX.
El debate sobre el cortafuegos o cordón sanitario presente en Francia y Alemania, pero no en otros países, volvió a adquirir protagonismo. En España, resulta irrelevante, porque el Partido Popular decidió hace tiempo que no tiene problemas en pactar gobiernos con Vox. Ahora descubre que el partido de Santiago Abascal es el principal beneficiario del desgaste del Gobierno y la desmovilización del voto de izquierda. Dos encuestas publicadas el lunes colocan al PP por debajo del 33% que obtuvo en las elecciones del 2023, mientras que Vox se dispara al 17,8% en el sondeo de El País y al 19,2% en el de ABC. La crisis de Ceuta puede agudizar esa tendencia.
El canciller alemán y líder de la CDU, Friedrich Merz, había prometido a su partido que sería capaz de reducir a la mitad los votos a AfD, entre otras cosas endureciendo el discurso contra la inmigración y prometiendo aumentar el número de deportaciones de inmigrantes sin papeles. Su fracaso resulta evidente, aunque queda tiempo para las próximas elecciones (2029). El país sufre una crisis económica estructural con un nivel mínimo de crecimiento que incrementa el pesimismo y que hace la vida más fácil a los que denuncian el sistema político y económico.
La mayoría de las decisiones del Gobierno de coalición de conservadores y democristianos implica un descenso impopular del gasto social. Se debate abiertamente sobre retrasar varios años la edad de jubilación. El aumento más amplio de inversión pública se reserva al gasto militar. Merz ha dicho a los alemanes que deberían trabajar más. “No podemos simplemente continuar como lo hemos hecho durante los últimos veinte años”, dijo en mayo. Aquellos que tienen dificultades económicas se preguntan dónde está esa prosperidad demasiado generosa que Merz dice que hay que reducir.
En los comicios del domingo, la CDU perdió casi veinte puntos en relación a cuatro años atrás. El mayor caudal de nuevos votos para la extrema derecha vino de la abstención, pero los procedentes de antiguos votantes de la CDU fueron también relevantes.
La AfD tiene así el campo libre para apostar por el mensaje de que la élite política y económica vive a espaldas de la realidad de la población. Eso ha hecho que el 61% de los votantes de clase trabajadora hayan votado a los ultras, según la encuesta de ARD del domingo. Su porcentaje de voto es mayor entre los votantes de 35 a 44 años (53%) y de 45 a 59 (52%), los sectores más activos desde el punto de vista laboral.
La extrema derecha siempre ha sido fuerte en los länder de la Alemania Oriental, pero no al nivel de Sajonia-Anhalt este mes. Es un Estado pequeño con unos dos millones de habitantes y un porcentaje de extranjeros (9%) muy inferior a la media nacional (15%). Su desempleo es mayor al de todo el país, pero no de forma espectacular: 8,1% frente al 6,4%. La diferencia de renta sí es significativa: 41.163 euros anuales por debajo de los 54.066 de la media alemana.
La victoria de Donald Trump en EEUU en 2016 dio lugar a un largo debate en los medios norteamericanos sobre si sus votantes estaban influidos por lo que se llamaba “ansiedad económica” o por compartir los prejuicios racistas del candidato republicano contra la inmigración. Quizá decidieron su voto por ambas razones.
En Sajonia-Anhalt, los votantes de AfD daban casi la misma importancia al temor a una situación económica marcada por el aumento de los precios como al rechazo a la presencia de inmigrantes. Las prioridades de los votantes no siempre coinciden exactamente con los análisis que difunden partidos políticos y medios de comunicación.
Pedro Sánchez intentó utilizar los resultados electorales en su beneficio: “Lo que vimos ayer en Sajonia es un aviso y una constatación. El aviso de que la amenaza ultra, gracias en gran medida a la rendición de la derecha tradicional, gana terreno en Europa y en el mundo”. Su Gobierno puede presumir de unos niveles de crecimiento del PIB y de consumo privado muy por encima de los actuales en Alemania. Pero son otros factores los que han debilitado su posición en los sondeos.
Sánchez cree tener la fórmula para detener a la extrema derecha y que los demás países deberían copiarla: “Desde España, desde la creación del Gobierno progresista estamos demostrando que es así como se para a los reaccionarios: con más derechos y libertades, saliendo a ganar y no a empatar”.
La mayoría de las encuestas desmiente a Sánchez. La crisis de Ceuta ha supuesto un importante descrédito para la política migratoria de su Gobierno y eso beneficiará a los que quieren menos extranjeros en España, aunque no digan cómo van a conseguirlo. Al igual que en Alemania, una cosa es decir que pretendes echar a muchos inmigrantes y otra muy diferente contar qué instrumentos concretos utilizarás. El anterior canciller Olaf Scholz lo intentó y fracasó. Merz va de momento por el mismo camino.
El 20 de septiembre, habrá dos elecciones regionales más en Alemania. Una en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, otro Estado de Alemania Oriental de pocos habitantes en el que la AfD encabeza la media de sondeos con un 36%. El otro es la ciudad de Berlín, terreno menos propicio para la ultraderecha. Aun así, la AfD está en el 18% de los votos en las encuestas, muy cerca de Die Linke y la CDU, que rondan el 20%.
Europa va a tener la oportunidad de seguir sudando con el ascenso de la extrema derecha más radical y peligrosa del continente. Elecciones como las de Sajonia-Anhalt hacen dudar sobre la efectividad del mensaje que se resume en las palabras 'que viene el lobo'. Quizá no surta mucho efecto entre los perdedores de la economía y los que odian la inmigración. Habrá muchos de ellos que realmente prefieran al lobo.