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La gestión de las fronteras de Ceuta y Melilla se vuelve contra el Gobierno
Feijóo intenta escenificar un perfil moderado y no defraudar al ala radical del PP
OPINIÓN | 'No es violencia política', por Elisa Beni

González y Rajoy convergen en la crítica a la subasta fiscal de las comunidades autónomas

A Toxa —

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Dos miradas, dos partidos distintos, dos expresidentes, dos nostálgicos del bipartidismo y una conversación entre ambos convertida ya en un clásico del Foro La Toja. Felipe González y Mariano Rajoy, conducidos en esta ocasión por la periodista Anabel Díez. Más cerca que nunca. Tanta es la sincronía que con ellos España tendría ya una “gran coalición”. O no, que diría el popular. A saber. Lo cierto es que hay una mirada compartida en política europea, en la defensa de la Alianza Atlántica, en el apoyo a Ucrania, en política energética y hasta en la necesidad de un pacto de rentas y salarios contra la crisis que emule a los de La Moncloa de 1977. Con matices, sí, pero convergen también en la crítica a la subasta fiscal de las Comunidades Autónomas. “Esto es el ejército de Pancho Villa”, se lamenta el socialista. “Es un modelo Frankenstein”, añade el popular.

 ¿Un estatuto para los ex presidentes?, pregunta la moderadora. “Sí, para buscarnos un lugar lo más alejado posible de los centros de poder”, respondió González recordando su vieja aportación sobre los jarrones chinos en que se convierten quienes abandonan La Moncloa y no saben dónde poner quienes les suceden en el cargo de jefes de Gobierno.

Ironías aparte, la reflexión compartida de quienes suman más de 20 años como jefes de gobierno dio para cruzar impresiones sobre Europa, América Latina, Ucrania y un futuro global plagado de incertidumbres y nubes negras mientras el debate nacional gira estos días en torno a la fiscalidad y la disparatada carrera autonómica –en la que ha entrado también el Gobierno de Pedro Sánchez– por las rebajas de impuestos. Para Felipe González, nos enfrentamos a consecuencias económicas muy serias que obligan a un “pacto de rentas no solo en el sentido de salarios y precios, sino que incluyan las políticas fiscales para evitar que esto resulte el ejército de Pancho Villa y cada uno actúe por su cuenta”. 

Hace falta, en su opinión, más que nunca “sentarse en una mesa”, y no solo sindicatos y patronal, sino “también los políticos”, que deberían ser proveedores de certidumbres. “O nos ajustamos o nos ajustan. Y si nos ajustamos es mejor hacerlo equitativamente para repartir las cargas del ajuste”, afirmó tras reclamar un debate serio sobre qué Estado necesitamos y cómo tiene que coordinarse con Europa. Su diagnóstico incluye una fiscalidad “deteriorada por el paso del tiempo” y una legislación que incluye la fijación de competencias autonómicas en impuestos básicos, algo que declaró escasamente confiable, tras pedir disculpas a Moreno Bonilla y a Ximo Puig, en alusión a su decisión de rebajar el tramo autonómico del IRPF. También recordó que él se pasó 10 años en la UE intentando armonizar los impuestos básicos y que su principal apoyo en esos momentos era Alemania. Ha admitido que mientras gobernaba hablaba de la corresponsabilidad fiscal pero que no se le ocurrió que en la imposición básica se iba a introducir competencia entre las Comunidades“. ”Estoy hablando de los impuestos básicos, los que pueden alterar la competencia“, matizó

Mariano Rajoy transitó también hacia el pacto de rentas, con la supervisión del Gobierno, y estuvo de acuerdo con el socialista en la necesidad de repartir los costes de la inflación. “Si no somos capaces de alcanzar un acuerdo en esto, tendremos un grave problema”. El popular considera además que el pacto de rentas debe afectar a todos, también a los funcionarios. “Dejarlos fuera –14 millones de personas entre funcionarios y pensionistas reciben rentas públicas– puede ser complejo y no estamos para hacer demagogias”, añadió.

En su opinión, a estos colectivos no se les puede dejar fuera de ese pacto de rentas porque al Gobierno le convenga a la espera de su voto mientras a otros les da un tortazo: “Si queremos pacto de rentas, hagámoslo pero sin demagogia”. En contra de lo que defendió el socialista, el expresidente del PP no alcanza a ver la viabilidad del pacto fiscal, si bien dijo que España camina hacia “un modelo Frankenstein”.

Un belga para decir cómo tiene que ser nuestra Justicia

Con la  presencia de Feijóo y Moreno Bonilla entre el público, Rajoy cargó contra la propuesta fiscal de Sánchez y expresó su preocupación porque se resucite el “viejo debate ricos-pobres” y dijo que “eso es populismo” al modo de Perón o Robin Hood. “Me interesa acabar más con los pobres que perseguir a los ricos”, espetó haciendo suya una frase que González tuvo que recordar que pronunció el ex ministro sueco Olof Palme, asesinado en Estocolmo en 1986.

“En España se está recaudando más que nunca, hemos recibido la ayuda de los fondos europeos, se han subido los impuestos, lo que menos nos interesa es sumarle demagogia para darle un tortazo a las grandes empresas o a quienes tienen un patrimonio”, prosiguió tras aclarar que no tenía intención de criticar a nadie, pero sí poner de manifiesto que la política fiscal del Gobierno “afecta a la credibilidad del país”. González recordó, después en conversación con los periodistas, que el impuesto de Patrimonio que ha suprimido este mes Moreno Bonilla lo creó su gobierno, que tenía un objetivo censal y no recaudatorio y que él es partidario hoy de su supresión. 

González introdujo de forma sucinta en la conversación un asunto sobre el que nadie le preguntó, pero en el que quiso entrar para dejar constancia de su perplejidad, como fue la visita a España del comisario de Justicia de la UE, Didier Reynders, para intentar mediar entre Gobierno y PP con el objetivo de desbloquear el Consejo General del Poder Judicial. “A lo mejor viene aquí el belga a decirnos cómo tiene que ser la Justicia”, ironizó.

El expresidente no es partidario ni de la mediación de un externo belga, ni de la propuesta del PP para que sean los jueces quienes se elijan a sí mismos para el órgano de gobierno, ni mucho menos del obstruccionismo de los populares para mantener bloqueada la renovación. El principio básico de la democracia es cumplir la ley y, luego, ya se proponen las reformas que se consideren, suele decir cuando se le pregunta por el asunto. Ni Rajoy ni Feijóo, claro, que también participó en el Foro La Toja, se refirieron al bloqueo del Poder Judicial. 

Feijóo, un entusiasta del socialdemócrata Costa

El jefe de la oposición, Albero Núñez Feijóo, había construido su intervención a primera hora en el mismo foro sobre la diferencia entre demócratas y populistas para contraponer el sosiego con el que se reflexiona y debate en el Foro la Toja con la discusión “agria y desabrida en la que prima el ruido” que domina el actual marco político. “El populismo, que se apunta a la agitación permanente y es un fabricante de antagonistas, rehuye de la argumentación porque menosprecia el razonamiento de la gente. Luego, creado el malestar, resulta difícil introducir elementos de racionalización”, afirmó para llegar al actual debate tributario que “algunos plantean desde una posición dogmática con la que anunciar tasas o impuestos contra alguien o algo” y que no es otra cosa más que “populismo fiscal”. También lo llamó “fiscalidad agresiva” con la que, sin mencionarlo, se refirió  al Gobierno de Sánchez.

Feijóo, que se declara un entusiasta de la socialdemocracia del primer ministro de Portugal, Antón Costa, sostiene que las rebajas de impuestos “no son de izquierdas ni de derechas”, sino de sentido común, acusó a Sánchez de invadir competencias autonómicas, generar inseguridad jurídica, disminuir la competitividad de las empresas, olvidarse de las rentas medias y presentar una reforma “improvisada e incompleta”. Todo para colegir que la reforma fiscal de Sánchez, a quien dijo no considerar un socialdemócrata, es “confusa, improvisada e incompleta”, además de un prototipo del “populismo fiscal” que, lejos de atraer rentas, inversiones y patrimonios lo que se alienta es la fuga de capitales, por ejemplo a países vecinos como Portugal.

Dos miradas, dos partidos distintos, dos expresidentes, dos nostálgicos del bipartidismo y una conversación entre ambos convertida ya en un clásico del Foro La Toja. Felipe González y Mariano Rajoy, conducidos en esta ocasión por la periodista Anabel Díez. Más cerca que nunca. Tanta es la sincronía que con ellos España tendría ya una “gran coalición”. O no, que diría el popular. A saber. Lo cierto es que hay una mirada compartida en política europea, en la defensa de la Alianza Atlántica, en el apoyo a Ucrania, en política energética y hasta en la necesidad de un pacto de rentas y salarios contra la crisis que emule a los de La Moncloa de 1977. Con matices, sí, pero convergen también en la crítica a la subasta fiscal de las Comunidades Autónomas. “Esto es el ejército de Pancho Villa”, se lamenta el socialista. “Es un modelo Frankenstein”, añade el popular.

 ¿Un estatuto para los ex presidentes?, pregunta la moderadora. “Sí, para buscarnos un lugar lo más alejado posible de los centros de poder”, respondió González recordando su vieja aportación sobre los jarrones chinos en que se convierten quienes abandonan La Moncloa y no saben dónde poner quienes les suceden en el cargo de jefes de Gobierno.

Ironías aparte, la reflexión compartida de quienes suman más de 20 años como jefes de gobierno dio para cruzar impresiones sobre Europa, América Latina, Ucrania y un futuro global plagado de incertidumbres y nubes negras mientras el debate nacional gira estos días en torno a la fiscalidad y la disparatada carrera autonómica –en la que ha entrado también el Gobierno de Pedro Sánchez– por las rebajas de impuestos. Para Felipe González, nos enfrentamos a consecuencias económicas muy serias que obligan a un “pacto de rentas no solo en el sentido de salarios y precios, sino que incluyan las políticas fiscales para evitar que esto resulte el ejército de Pancho Villa y cada uno actúe por su cuenta”. 

Hace falta, en su opinión, más que nunca “sentarse en una mesa”, y no solo sindicatos y patronal, sino “también los políticos”, que deberían ser proveedores de certidumbres. “O nos ajustamos o nos ajustan. Y si nos ajustamos es mejor hacerlo equitativamente para repartir las cargas del ajuste”, afirmó tras reclamar un debate serio sobre qué Estado necesitamos y cómo tiene que coordinarse con Europa. Su diagnóstico incluye una fiscalidad “deteriorada por el paso del tiempo” y una legislación que incluye la fijación de competencias autonómicas en impuestos básicos, algo que declaró escasamente confiable, tras pedir disculpas a Moreno Bonilla y a Ximo Puig, en alusión a su decisión de rebajar el tramo autonómico del IRPF. También recordó que él se pasó 10 años en la UE intentando armonizar los impuestos básicos y que su principal apoyo en esos momentos era Alemania. Ha admitido que mientras gobernaba hablaba de la corresponsabilidad fiscal pero que no se le ocurrió que en la imposición básica se iba a introducir competencia entre las Comunidades“. ”Estoy hablando de los impuestos básicos, los que pueden alterar la competencia“, matizó

Mariano Rajoy transitó también hacia el pacto de rentas, con la supervisión del Gobierno, y estuvo de acuerdo con el socialista en la necesidad de repartir los costes de la inflación. “Si no somos capaces de alcanzar un acuerdo en esto, tendremos un grave problema”. El popular considera además que el pacto de rentas debe afectar a todos, también a los funcionarios. “Dejarlos fuera –14 millones de personas entre funcionarios y pensionistas reciben rentas públicas– puede ser complejo y no estamos para hacer demagogias”, añadió.

En su opinión, a estos colectivos no se les puede dejar fuera de ese pacto de rentas porque al Gobierno le convenga a la espera de su voto mientras a otros les da un tortazo: “Si queremos pacto de rentas, hagámoslo pero sin demagogia”. En contra de lo que defendió el socialista, el expresidente del PP no alcanza a ver la viabilidad del pacto fiscal, si bien dijo que España camina hacia “un modelo Frankenstein”.

Un belga para decir cómo tiene que ser nuestra Justicia

Con la  presencia de Feijóo y Moreno Bonilla entre el público, Rajoy cargó contra la propuesta fiscal de Sánchez y expresó su preocupación porque se resucite el “viejo debate ricos-pobres” y dijo que “eso es populismo” al modo de Perón o Robin Hood. “Me interesa acabar más con los pobres que perseguir a los ricos”, espetó haciendo suya una frase que González tuvo que recordar que pronunció el ex ministro sueco Olof Palme, asesinado en Estocolmo en 1986.

“En España se está recaudando más que nunca, hemos recibido la ayuda de los fondos europeos, se han subido los impuestos, lo que menos nos interesa es sumarle demagogia para darle un tortazo a las grandes empresas o a quienes tienen un patrimonio”, prosiguió tras aclarar que no tenía intención de criticar a nadie, pero sí poner de manifiesto que la política fiscal del Gobierno “afecta a la credibilidad del país”. González recordó, después en conversación con los periodistas, que el impuesto de Patrimonio que ha suprimido este mes Moreno Bonilla lo creó su gobierno, que tenía un objetivo censal y no recaudatorio y que él es partidario hoy de su supresión. 

González introdujo de forma sucinta en la conversación un asunto sobre el que nadie le preguntó, pero en el que quiso entrar para dejar constancia de su perplejidad, como fue la visita a España del comisario de Justicia de la UE, Didier Reynders, para intentar mediar entre Gobierno y PP con el objetivo de desbloquear el Consejo General del Poder Judicial. “A lo mejor viene aquí el belga a decirnos cómo tiene que ser la Justicia”, ironizó.

El expresidente no es partidario ni de la mediación de un externo belga, ni de la propuesta del PP para que sean los jueces quienes se elijan a sí mismos para el órgano de gobierno, ni mucho menos del obstruccionismo de los populares para mantener bloqueada la renovación. El principio básico de la democracia es cumplir la ley y, luego, ya se proponen las reformas que se consideren, suele decir cuando se le pregunta por el asunto. Ni Rajoy ni Feijóo, claro, que también participó en el Foro La Toja, se refirieron al bloqueo del Poder Judicial. 

Feijóo, un entusiasta del socialdemócrata Costa

El jefe de la oposición, Albero Núñez Feijóo, había construido su intervención a primera hora en el mismo foro sobre la diferencia entre demócratas y populistas para contraponer el sosiego con el que se reflexiona y debate en el Foro la Toja con la discusión “agria y desabrida en la que prima el ruido” que domina el actual marco político. “El populismo, que se apunta a la agitación permanente y es un fabricante de antagonistas, rehuye de la argumentación porque menosprecia el razonamiento de la gente. Luego, creado el malestar, resulta difícil introducir elementos de racionalización”, afirmó para llegar al actual debate tributario que “algunos plantean desde una posición dogmática con la que anunciar tasas o impuestos contra alguien o algo” y que no es otra cosa más que “populismo fiscal”. También lo llamó “fiscalidad agresiva” con la que, sin mencionarlo, se refirió  al Gobierno de Sánchez.

Feijóo, que se declara un entusiasta de la socialdemocracia del primer ministro de Portugal, Antón Costa, sostiene que las rebajas de impuestos “no son de izquierdas ni de derechas”, sino de sentido común, acusó a Sánchez de invadir competencias autonómicas, generar inseguridad jurídica, disminuir la competitividad de las empresas, olvidarse de las rentas medias y presentar una reforma “improvisada e incompleta”. Todo para colegir que la reforma fiscal de Sánchez, a quien dijo no considerar un socialdemócrata, es “confusa, improvisada e incompleta”, además de un prototipo del “populismo fiscal” que, lejos de atraer rentas, inversiones y patrimonios lo que se alienta es la fuga de capitales, por ejemplo a países vecinos como Portugal.

Dos miradas, dos partidos distintos, dos expresidentes, dos nostálgicos del bipartidismo y una conversación entre ambos convertida ya en un clásico del Foro La Toja. Felipe González y Mariano Rajoy, conducidos en esta ocasión por la periodista Anabel Díez. Más cerca que nunca. Tanta es la sincronía que con ellos España tendría ya una “gran coalición”. O no, que diría el popular. A saber. Lo cierto es que hay una mirada compartida en política europea, en la defensa de la Alianza Atlántica, en el apoyo a Ucrania, en política energética y hasta en la necesidad de un pacto de rentas y salarios contra la crisis que emule a los de La Moncloa de 1977. Con matices, sí, pero convergen también en la crítica a la subasta fiscal de las Comunidades Autónomas. “Esto es el ejército de Pancho Villa”, se lamenta el socialista. “Es un modelo Frankenstein”, añade el popular.

 ¿Un estatuto para los ex presidentes?, pregunta la moderadora. “Sí, para buscarnos un lugar lo más alejado posible de los centros de poder”, respondió González recordando su vieja aportación sobre los jarrones chinos en que se convierten quienes abandonan La Moncloa y no saben dónde poner quienes les suceden en el cargo de jefes de Gobierno.