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PP y Vox, sin acuerdo mientras se agudiza la crisis de la ultraderecha
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PP y Vox, sin acuerdo en Extremadura y Aragón mientras se agudiza la crisis interna de la ultraderecha

Aitor Riveiro

2 de marzo de 2026 16:59 h

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A unas horas de que María Guardiola se someta a la primera votación de investidura en Extremadura y las Cortes de Aragón repartan sus principales cargos, PP y Vox no han alcanzado un “acuerdo global”. Ni parece que lo vayan a lograr, al menos de momento. Las conversaciones aparentan estar rotas ante dos votaciones importantes porque ponen en marcha el contador para una repetición electoral. La campaña en Castilla y León de cara a las elecciones del 15 de marzo, así como la purga interna puesta en marcha por Santiago Abascal, tampoco favorecen el pacto.

La primera votación llegará en la mañana del martes. Las Cortes de Aragón salientes de las elecciones del pasado 8 de febrero deberán elegir a la persona que ocupa la Presidencia. En la pasada legislatura el cargo recayó en Vox dentro de un reparto de sillones más o menos homogéneo en las comunidades donde la ultraderecha se coaligó con el PP para gobernar.

El guion previo indicaba un reparto similar ante este nuevo ciclo, con la diferencia de que Vox parecía no querer esta vez entrar en los gobiernos con el PP, como sí hicieron entre 2022 y 2023. Aguantaron hasta 2024, cuando salieron de forma coordinada y unilateral para pasar al ataque contra sus teóricos socios. Los últimos resultados electorales parecen haber refrendado esta estrategia: Vox crece mientras el PP se estanca o cae levemente, como ha ocurrido en Extremadura y Aragón. El 15 de marzo son las elecciones en Castilla y León, donde el PSOE espera remontar sobre las dos debacles previas. Y en junio llegará el turno de Andalucía.

Pero Vox no hizo lo que previamente había dicho que iba a hacer. En el arranque de la campaña en Extremadura, Santiago Abascal afirmó que sí querían entrar en los gobiernos y planteó de antemano que pensaba pedir la cabeza de la candidata del PP, María Guardiola, llegado el caso. 

Efecto contagio

Un día después de Aragón llegará el turno de Guardiola. El martes dará su discurso y el miércoles se producirá la primera votación de su investidura, para la cual necesita de mayoría absoluta. Es decir, del ‘sí’ de Vox. Si fracasa, como parece que ocurrirá, volverá a votarse 48 horas después. Entonces le valdrá con una mayoría simple.

Pero en el PP dan por hecho que se perderán ambas votaciones. Y eso imposibilita un acuerdo en Aragón que, a diferencia de Extremadura, se contaba como seguro. Las exigencias de Vox hacia Jorge Azcón no tienen nada que ver con las que le hizo a Guardiola. 

La relación del barón aragonés con los ultras es mejor, pero este martes no se visibilizará un acuerdo en Aragón. El propio Azcón aseguró la semana pasada que no da tiempo a fraguar un “acuerdo global” que incluya el Gobierno y los próximos presupuestos. Este lunes sonó algo más optimista y dijo estar “convencido de que se elegirá una buena Mesa para la nueva legislatura”. “Vamos a esperar a la votación y a que podamos dar a conocer todos los datos”, añadió Azcón, que apuntó que “la negociación todavía tiene que acabar de producirse”.

Pero todo está en el aire. Y lo que ocurre en una región afecta a las otras. Dos meses después de las elecciones de diciembre, las relaciones entre el PP y Vox en Extremadura están rotas, como se vio en la elección de la Presidencia de la Asamblea. Tras aquella votación fallida, la dirección nacional desautorizó a Guardiola y asumió el control de las negociaciones. Alberto Núñez Feijóo le encomendó la misión al lugarteniente en el que más confía, Miguel Tellado.

En el PP muchos respiraron aliviados. La confianza en las artes negociadoras de Tellado es total. Quienes daban por imposible un acuerdo sostienen que solo el secretario general puede lograrlo. Ya ha desencallado antes otras situaciones complicadas con Vox, y tiene una excelente relación con Kiko Méndez-Monasterio, el asesor en la sombra de Abascal, condenado en el pasado por apalizar a estudiantes y del que exdirigentes del partido dicen que ni siquiera es afiliado al partido que, en realidad, controla.

Tras el fiasco extremeño se cruzaron llamadas y presiones, tanto internas como externas. La situación amenazaba con estallar. Feijóo y Abascal hablaron por teléfono. Los líderes ordenaron reiniciar las conversaciones y tutelarlas desde sus respectivas direcciones. “El pacto se puede hacer posible”, dijo Feijóo.

Pero ese pacto descarriló en horas. El PP anunció un “documento marco” de negociación para todos los territorios. Unas líneas maestras para homogeneizar los posibles acuerdos y que ninguno de sus barones hiciera como Carlos Mazón, primero, y Juan Francisco Pérez Llorca después, quienes asumieron todo el discurso de Vox como pago para mantenerse al frente de la Generalitat Valenciana.

El documento sentó muy mal en Vox. Abascal dijo que Feijóo les trataba como “salvajes”, pese a asumir buena parte de los marcos ideológicos impuestos por la ultraderecha. No todos, y no tan lejos como los presidentes valencianos, que llegaron a verbalizar que Vox tenía razón. Mazón incluso culpó directamente a las políticas ecologistas de las 238 víctimas de la dana de octubre de 2024.

Aun así, se citó una reunión para el final de la semana pasada con presencia de las direcciones autonómicas y nacionales de ambos partidos. La cita se filtró a la prensa y Vox la canceló, al menos públicamente. El equipo de Feijóo intentó, en vano, desmentir la mera existencia de ese encuentro. Desde la dirección extremeña negaron estar detrás de la filtración. 

En el PP reconocen que no se pueden permitir la imagen de Azcón pactando con Vox el martes y de Guardiola fracasando dos veces esa misma semana. Esa fue también la intención de ese “documento marco” que filtró la dirección del PP el pasado lunes con directrices dirigidas a todos los barones que negocian con Vox: impedir que se pierda el control de los acuerdos y del relato, como ya ocurriera en 2023.

El silencio se ha impuesto entre las partes. Si este fin de semana ha habido algún contacto, este no se ha filtrado. En todo caso, pocos contemplan la posibilidad de un acuerdo. Este mismo lunes, desde la dirección del PP aseguraron no tener constancia de ningún acercamiento en Aragón. La imagen de Azcón dando a Vox la Presidencia de las Cortes de Aragón mientras los ultras tumban a Guardiola da vértigo en la sede del PP.

Guerra interna en Vox

Los estrategas de Vox, con Méndez-Monasterio a la cabeza, siguen más empeñados en que el PP asuma su discurso y sus marcos políticos que en lograr cuotas de poder que, a veces, provocan problemas internos.

El partido ultra pasa precisamente por uno de sus peores momentos orgánicos. Pese a los éxitos electorales, Santiago Abascal acomete en paralelo a las exitosas campañas una limpia de dirigentes nacionales y autonómicos que no se ciñan escrupulosamente a las directrices que él y sus enviados determinan.

Las purgas comenzaron poco después de la salida forzosa de los gobiernos de coalición, en julio de 2024. Hubo quejas y protestas por quienes perdieron el sillón. Algunos entendieron que debían agachar la cerviz para seguir en el partido o, al menos, pintar algo en él y, quién sabe, recuperar poder institucional a futuro.

Otros no. Se revolvieron contra esa y otras decisiones unilaterales de Abascal que, según han declarado en público posteriormente, el líder tomaba con “una camarilla” de asesores que “no son conocidos, pero son los que toman las decisiones”. El nombre de Kiko Méndez-Monasterio vuelve a resonar con fuerza tras estas declaraciones.

Abascal ha echado del partido, o invitado a irse, a Iván Espinosa de los Monteros, Rocío Monasterio o Javier Ortega Smith, tres nombres muy conocidos que fueron parte de la fundación del partido, con dinero iraní cuando lo lideraba Alejo Vidal-Quadras.

Espinosa y Monasterio ya están fuera orgánicamente de Vox. Ortega se aferra a su último seguro: la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid. Y el mismo camino lleva José Ángel Antelo en Murcia. La dirección nacional ha forzado una serie de dimisiones en la dirección autonómica que obligará a una intervención del equipo de Abascal. Una jugada que ya se ha visto antes en otros partidos.

Murcia es uno de los territorios donde Vox tiene mayor implantación y no solo aspira a superar al PSOE, algo que ya han logrado, sino incluso a ganar al PP y presidir su primera comunidad autónoma.

Vox dice no temer una repetición electoral en Extremadura. Ni en Aragón. Ni en las demás comunidades. Su estrategia es nacional. Su ambición, 'sorpasar' al PP y convertirse en el partido hegemónico de las derechas españolas, como ya ha ocurrido en Francia, Italia o Reino Unido, donde no queda apenas rastro de la vieja democracia cristiana.

Solo así se entienden unas recientes palabras de uno de los principales valedores de Santiago Abascal y líder espiritual de la derecha, José María Aznar, quien la semana pasada afirmó: “Me gustaría saber cuántas conversaciones, y con qué periodicidad, hay entre dirigentes del populismo de derechas y el Gobierno. No me gustaría saber si las hay o no las hay, porque las hay. Me gustaría saber la periodicidad con que las hay”. 

Una afirmación negada por el Gobierno y que genera sarpullidos en Vox. La guerra está en marcha.