CRÓNICA
Sánchez aguanta el pulso frente a Trump mientras Feijóo sucumbe al marco ultra de la “prioridad nacional”
Sostienen en La Moncloa que cuando el enemigo se equivoca, lo mejor es no despistarlo y que una vez que el PP ha sucumbido al marco ultra de la “prioridad nacional” —los españoles, primero—, Feijóo ha quedado definitivamente retratado junto a la ultraderecha global.
Sostienen también que aun siendo la ola antiinmigración el algoritmo que mueve el mundo y que podría perjudicar los intereses electorales de la izquierda, el Gobierno no se moverá de la defensa de la igualdad, la no discriminación y el respeto a los Derechos Humanos.
Sostienen además que, una vez consumado el maridaje entre Feijóo y Abascal, el PP no tiene cómo salir ya de un laberinto en el que se metió para presuntamente no ser engullido por Vox, que habiendo perdido las elecciones en Aragón y Extremadura se presenta ahora como vencedor de su pulso con los de Génova para consagrar programas de gobierno racistas, xenófobos e inconstitucionales.
Sostienen todo ello mientras Pedro Sánchez cree consolidado su liderato entre los progresistas de Europa y América y mantiene el pulso a Trump, incluso después de la publicación de un correo del Pentágono que plantea suspender a España de la OTAN por la falta de apoyo del Gobierno a su aventura bélica en Irán.
A las puertas de unas elecciones andaluzas en las que el popular Juanma Moreno trata de alejarse de la estrategia nacional de Feijóo para mantener su mayoría absoluta, en el Gobierno de Sánchez ven con cierto optimismo que el PP haya entrado definitivamente en un marco ultraderechista que pretende ocultar votando en contra de la “prioridad nacional” en el Congreso al tiempo que lo ha firmado negro sobre blanco en los pactos autonómicos de Aragón y Extremadura y, pronto, de Castilla y León.
“Creen en el PP —aseguran desde el entorno del presidente Sánchez— que la narrativa antiinmigración les dará votos y les evitará ser devorados por un Abascal que, además, les desprecia, como demuestra cada día con sus declaraciones públicas”. Ni el PSOE se atrevió nunca a llamar “contrabandista de ría” a Feijóo, como en plenas negociaciones de los gobiernos de Extremadura y Aragón, se refirió el líder de Vox al del PP, en referencia a su ya lejana amistad con el narco Marcial Dorado.
La lucha sin cuartel que libran Vox y PP demuestra, según los socialistas, que la estrategia desplegada por Feijóo no es contra el Gobierno de Sánchez, sino contra Abascal para evitar que le achique el espacio electoral. Solo así entienden que en la semana que empezó la regularización de inmigrantes, y con toda la batería mediática de la derecha volcada en poner todo el empeño en un supuesto colapso administrativo o en vincular extranjeros con delincuencia, el foco de la conversación pública se situase sobre los de Feijóo por sus acuerdos con la ultraderecha. Ni los esfuerzos por sustituir la expresión “prioridad nacional” por la de “arraigo real” le han servido para evitar la crítica, incluso de los habituales de la opinión sincronizada que alimenta Génova.
Haber sucumbido a la narrativa de los ultras arrastra a Feijóo a un terreno de deshumanización del inmigrante del que se ha querido desmarcar hasta Isabel Díaz Ayuso, la más ultra entre los ultras del PP. Y encima el gallego ha hecho saber que su posición no es una cesión a Vox, sino una convicción profunda. El resultado de todo ello es una renuncia a la institucionalidad de quien se presenta como alternativa de Gobierno y a la vez asume un marco identitario que estigmatiza al inmigrante como el causante del deterioro de los servicios públicos y la crisis de la vivienda, pese a que la estadística lo desmienta.
Que el eje que mueve el mundo ya no gire entre izquierda o derecha sino entre demócratas e involucionistas sitúa a Sánchez, en palabras de sus ministros, en una posición que les lleva a pensar que la batalla de las generales de 2027 sigue abierta, por muy adversa que sea hoy la demoscopia para la izquierda. “Feijóo es el peor enemigo de sí mismo. Y no solo por sus acuerdos con Vox, sino porque no ha aprendido de los errores de 2023 cuando vendió la piel del oso antes de cazarlo y dio por descontado que dormiría en La Moncloa meses antes de que se abrieran las urnas”, ironiza uno de los ministros más políticos de Sánchez.
Si algo ha demostrado el hoy presidente del Gobierno es que sabe cómo resurgir de sus propias cenizas. Y en un contexto en el que, como se demostró en la cumbre global de progresistas celebrada en Barcelona, la izquierda europea y americana aplaude su frontal oposición a Trump, Sánchez ya pareciera que ya no camina, sino que levita cuando se mueve por la política doméstica. Como en 2023, hoy también cree que el marco internacional es una oportunidad para retener el poder y que lo pactado entre PP y Vox para los gobiernos autonómicos son un acicate para la movilización de la izquierda. “Y si no lo fuera —apostillan en su equipo— estamos dispuestos a morir con la defensa de lo correcto, que hoy es la no discriminación de los extranjeros y mañana puede ser la pérdida de derechos de los españoles”.
El presidente está convencido de que los pactos PP-Vox terminarán por afectar a todos los colectivos que la ultraderecha ha tenido siempre en el punto de mira. De hecho, el acuerdo de Extremadura y Aragón señala ya a las organizaciones no gubernamentales que cubren políticas sociales allá donde no llega el Estado, sean o no de índole religiosa. Y en este sentido otorga especial relevancia a la contundente respuesta que Amnistía Internacional ha dado a los acuerdos de las derechas y al riesgo que suponen para los Derechos Humanos.
Y todo ello en una semana en la que la Audiencia Nacional ha devuelto el foco a la corrupción del PP con el juicio de la Kitchen y la declaración como testigo del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y del que Feijóo no termina de desmarcarse. “Al final, que el juicio a Ábalos y Koldo por el caso de las mascarillas haya coincidido con el de la Kitchen es una dosis de recuerdo sobre la operación con la que toda la cúpula del PP trató de obstruir la acción de la justicia para tapar su corrupción y la financiación ilegal y pone a Feijóo ante un gran aprieto”, en opinión de los socialistas.
Desde La Moncloa tratan de poner en valor la “contundente respuesta” que Sánchez dio a los casos corrupción que salpican a dos ex secretarios de Organización del PSOE con la fulminante expulsión del partido frente a un Feijóo que ni siquiera ha pedido la baja de militancia a Rajoy, Javier Arenas y el exministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.
Comparaciones aparte, si hay un debate en el que Sánchez se sabe ganador es en el pulso que libra con el presidente de los EEUU a cuenta de su oposición a colaborar en la guerra de Irán, negar el uso de las bases militares de Rota y Morón y elevar el gasto militar al 5% del PIB. El presidente del Gobierno no solo cuenta con el apoyo de gran parte de los socios europeos, sino también con el aplauso de la opinión pública global, donde se ha convertido en un referente indiscutible de las políticas anti Trump y la ola ultraderechista. Este viernes restó importancia a las filtraciones que apuntaban que el Pentágono explora la suspensión de España como miembro de la OTAN entre las opciones para castigar a los aliados que no apoyen operaciones lideradas por Estados Unidos. De hecho, aclaró que no había recibido queja formal de parte de la Administración Trump, al tiempo que insistió en que la posición de España siempre será dentro del marco de la legalidad internacional que no respeta al inquilino de la Casa Blanca. En el fondo, sabe que las amenazas que llegan de EEUU son puntos a su favor en las encuestas mientras cada acuerdo de Feijóo con Abascal es un paso más en la menguante popularidad de quien aspira a arrebatarle el Gobierno.