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Sánchez busca erigirse como referente progresista en Barcelona ante un mundo polarizado por el trumpismo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, asiste este miércoles a una reunión en Pekín, China

Arturo Puente

15 de abril de 2026 22:44 h

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“No en 10, no en dos años; mañana mismo”, dijo Pedro Sánchez el pasado viernes sobre la constitución de un Ejército Europeo. Ningún gran país de los 27 había manifestado nunca una afirmación tan categórica sobre una de las aristas más complicadas de la integración europea. Pero Pedro Sánchez sabe que puede permitirse la audacia, incluso si chirría con la posición de otros socialistas en la Comisión, pues el mandatario español se ha convertido en la avanzadilla de quienes quieren hacer frente al trumpismo dando un giro a la inercia geopolítica de la UE.

Sánchez adoptó definitivamente este papel hace un mes, al inicio de la ofensiva contra Irán, cuando fue el primer ministro europeo que con más claridad se opuso a los planes de Donald Trump y Benjamin Netanyahu. El análisis que hacen en la Moncloa es que el acierto fue total. En política exterior, marcó una pauta que otros siguieron, si no inmediatamente, sí poco a poco y casi por decantación. En la doméstica, porque cohesionó a la izquierda y dejó al PP en una frágil posición para explicar por qué sus referentes internacionales han iniciado esta guerra.

Tras ese primer movimiento, el objetivo de Sánchez ahora es convertir el planteamiento del Gobierno de España en una alianza con otros ejecutivos progresistas de todo el mundo. Los próximos viernes y sábado tendrá lugar en Barcelona la Movilización Global Progresista, unas jornadas políticas que coincidirán con dos cumbres más: la primera bilateral España-Brasil y la cuarta edición de la cumbre para la Defensa de la Democracia. Entre los tres actos, el presidente del Gobierno se dará cita con una decena de mandatarios de izquierdas de primer nivel, como el brasileño Lula Da Silva, la mexicana Claudia Sheinbaum, el portugués António Costa, el colombiano Gustavo Petro, el sudafricano Cyril Ramaphosa, el uruguayo Yamandú Orsi, la irlandesa Catherine Connolly o el albanés Edi Rama, entro otros muchos.

El objetivo de esta maratón internacional con epicentro en Barcelona es subrayar la existencia de un polo democrático opuesto a los planes de la extrema derecha que se pilota desde la Casa Blanca. Sánchez aprovecha la zozobra geopolítica producida por Trump para estrechar sus relaciones con los gobiernos de la izquierda mundial, muchos de ellos aliados iberoamericanos, y liderar así una oleada antitrumpista que los líderes esperan que active a sus bases.

Más China frente a la OTAN

La cumbre con países del sur global, algunos de los llamados BRICS y líderes progresistas de la UE, representa, también, un paso al frente de España como uno de los estados europeos que apuestan más por una soberanía estratégica del continente que por dejar sus planes defensivos en manos de la OTAN.

Y eso que solo han pasado cuatro años de la cumbre de la Alianza Atlántica en Madrid, cuando Sánchez aprovechó la cita para marcar perfil internacional y revalidar su compromiso con el tratado de defensa mutua que capitanea EEUU. Entonces, sin embargo, era Joe Biden quien estaba en la Casa Blanca y la posibilidad de un regreso de Trump a la presidencia solo formaba parte de las especulaciones.

La hoja de ruta de la OTAN salida de Madrid, centrada en la defensa europea tras la invasión rusa sobre Ucrania, se ha quedado vieja rápidamente. No solo porque en EEUU los asuntos que ocuren en el este europeo se ven de forma muy diferente. También porque, entonces, los miembros de la OTAN acordaron calificar a China de “desafío para sus intereses”, algo que a día de hoy, al menos para la Moncloa, sería matizable.

Desde que se firmara el concepto estratégico de Madrid, Sánchez ha viajado a China en cuatro ocasiones, una por año. La última precisamente esta semana, en pleno conflicto en Irán, cuando el presidente del Gobierno ha visitado a Xi Jinping y le ha pedido que juegue más su rol como potencia garante de unas relaciones internacionales estables.

En los últimos años, las relaciones entre España y el gigante asiático se han estrechado como nunca antes, no solo en el terreno comercial, sino cada vez más en el político. De hecho, para la Moncloa pero también para barones socialistas como Salvador Illa, China se sitúa en el centro de la agenda internacional.

Un debate internacional útil en casa

Cuando hace poco más de un año la administración Trump comenzó su agresiva política arancelaria, que pondría patas arriba el comercio mundial, a Sánchez se le acumulaban los problemas en política interna. Padecía una frecuente falta de mayorías en el Congreso; el escándalo del exministro Ábalos y su mano derecha, Koldo, ya había estallado, y solo unos meses después dimitiría por la misma causa el secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán. Durante toda esa primavera, el Gobierno acusó mucho desgaste.

Pero en junio de 2025, prácticamente en paralelo con la entrada en prisión preventiva de Cerdán, se produjo uno de los primeros choques entre Sánchez y Trump, cuando España rechazó el borrador de la OTAN que conminaba a todos los aliados a asumir el objetivo del 5% del PIB en gasto militar. “No solo sería irrazonable sino también contraproducente”, argumentó Sánchez ante el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

Fue aquella una de las genealogías de los choques con Trump que luego se harían más frecuentes. Pero la firmeza de Sánchez conectó también con buena parte de la sociedad progresista española que deseaba más orgullo por parte de sus dirigentes para hacer frente a la cada vez más belicosa actitud de EEUU.

Se llega así a una cumbre, la Movilización Global Progresista donde todos los participantes estarán alineados con el papel de antagonista a Trump que ha ejercido Sánchez. Dos jornadas con sede en Barcelona que remarcarán que existen contrapartes a la nueva alianza de gobernantes de extrema derecha, que suele reunir últimamente a Washington, Buenos Aires, Roma y Budapest (cuando no directamente a Moscú).

En política interior, los socialistas esperan que el baño de figuras de primer nivel que se dará Sánchez rebata la acusación de Alberto Núñez Feijóo de que el Gobierno está solo. Y, de paso, que se convierta en una buena excusa para preguntar al PP si está del lado de los participantes en Barcelona o de los que la semana pasada peregrinaron hasta Hungría para tratar de evitar la derrota sufrida por Viktor Orbán.

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